Aciertos y errores estéticos de una campaña aburrida

Como la cosa acá en Córdoba viene media quedada, todos los ojos están puestos en Buenos Aires. Igualmente no quiero perder la oportunidad de erigirme como crítico de arte para hablar un poco de los spots que vemos en la tele, así que en este momento me pongo en la piel de Marcelo Polino y empiezo a analizar lo que vemos en la pantalla.

Por Javier Boher
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¡Qué semanita que se nos viene, amigo lector! Después de tener una campaña en calma, habrá que esperar a que en este último tramo alguien rompa el silencio en el que estamos. Me parece que eso ya es más una expresión de deseo que una posibilidad real, pero hasta ahora la cosa viene bastante aburrida. Se ve que hay tan pocas cosas para mostrar que ni siquiera quieren poner la cara. Esta calma tiene algo que ver con la importancia de las elecciones: todos prefieren jugar con cautela para no meter la pata y perder votos.
Como la cosa acá en Córdoba viene media quedada, todos los ojos están puestos en Buenos Aires. Igualmente no quiero perder la oportunidad de erigirme como crítico de arte para hablar un poco de los spots que vemos en la tele, así que en este momento me pongo en la piel de Marcelo Polino y empiezo a analizar lo que vemos en la pantalla.
Vamos a hacer las primeras observaciones generales. En un mercado cargado de imágenes políticas que cansan a la gente, lo primero es romper con lo normal. Hay once listas que nos quieren vender sus candidatos, no puede ser que casi todos apunten a lo mismo: espacios abiertos, mensajes de cambio, un poco de verde, camisas sin corbata y gente que los saluda como en la presentación del lagarto. Desconozco si quieren llamar la atención o si están buscando camuflarse entre otras publicidades, pero no hay nada muy destacado que rompa los moldes. Por lo menos aquella vez de Cucui hubo algo que llamaba la atención como para charlar.
Vamos a ir en orden de importancia electoral, tratando de no herir susceptibilidades. Vamos a arrancar con el señor de las múltiples sonrisas, el muchacho de San Francisco. ¿Han notado que en las gráficas y en los spots suele evitar reírse mostrando los dientes? Me parece que eso tiene que ver con el hecho de que cuando lo hace no dan ganas de comprarle ni una rifa. Es otra expresión distinta, y sus asesores lo saben. En casa, cuando mi hija no se quiere reír para las fotos le decimos “hacé Llaryora” y automáticamente sonríe con dientes. Quizás por eso es al único que reconoce en la campaña (bah, los reconoce a todos, pero a este me parece que ya hasta lo quiere).
Es interesante el mensaje de la campaña, haciendo hincapié en la defensa de Córdoba frente a todo, haciendo flamear nuestra bandera. Quizás el dato de color es que filmaron el spot en la Plaza Federal en San Roque. Los favorece que por la tele todavía no salen olores, porque ese lugar en esta época les hubiese restado algún voto.
Me llama la atención el protagonismo de Schiaretti y De la Sota, que lanzaron sus propios mensajes de apoyo. Se ve que las encuestas están dando algo muy parejo en la pelea arriba como para jugar el macho y la hembra en el tramo final (usted decida cuál es cual y no me meta en problemas). El del señor de la cabellera parece filmado con un celular en baño mientras hacía el número dos, pero el de Schiaretti está teñido de la estética duranbarbista.
Para lo de Cambiemos, vamos a arrancar con el ex árbitro de fútbol. Un dato de color: en el año 2010 anduve de vacaciones por Salsipuedes y me entrené en un gimnasio de Río Ceballos. Como buen mal llevado iba a la siesta, a la misma hora que Baldassi. No se entrenaba como Rocky para pelear contra Drago pero le daba fuerte a los fierros, lo que me sorprendió. Así y todo, hoy le falta un poco de esa energía a los spots. El discurso de “el cambio empezó acá, en Córdoba” cuando hace cuatro años salió cuarto no sé si es tan bueno, pero apela a la sed de protagonismo que le quedó a los cordobeses después de 2015.
El punto bueno de Cambiemos es que sus spots rompen la monotonía y llaman la atención: fondo blanco y letras negras con algún texto inspirador destinado a fidelizar con el tema este de que sigue siendo Cambiemos porque hay que seguir laburando, de que hay que pensar en el futuro y demás. La música minimalista, suave, con optimismo, contrasta con la épica de la campaña de Llaryora.
Ahora vamos con una lista breve de desaciertos en los spots. El primero, el colorado de The Full Monty, Dante Rossi. Una suma de errores. Aplaudo su coraje para insistir en tener un lugar, pero no puede ser que no haya ni UNA persona capaz de decirle de qué manera NO se hace una campaña. La gente reunida en una mesa mostrando trabajo: ¡error! Al gráfico que se ve proyectado al fondo no le cambiaron el título, por lo tanto se nota que es trucho: ¡error! Él mismo rematando el spot con “El cambio, sos vos”: ¡error! Uno piensa que después de tantos años metidos en política va a aprender, pero parece que no. Capaz en la próxima alguien lo asesore mejor.
El lote de abajo sigue con el kirchnerista Carro. Es notable como le bajaron la velocidad a su discurso. En un momento hablaba tan rápido que parecía los que comentan las bases y condiciones de las promociones en la radio. Igual los errores no se acaban ahí. Decir 37 ideas en un spot: ¡error! La gente no puede registrar todos los recortes y ajustes, son dos o tres ideas y listo. Si lo hacés bien, solo una idea alcanza: “el mensaje es el voto” de Cristina Elisabet en Buenos Aires es un buen ejemplo.
Una de las cosas que llama la atención es la música que suena de fondo en el momento final, que es la típica mezcla de tango-cumbia lastimosa que suelen poner las producciones progres del canal Encuentro. La otra cosa, apuntando al electorado que puede quedar fuera de la polarización es retomar el fragmento de Macri y Schiaretti bailando juntos: ¡acierto!
La campaña de los humanistas muestra algo interesante. Arriba tiene un contador de twits que usan el hastag #Humanistasalcongreso. Llega como a 100.000 twits en los treinta segundos de la publicidad. Paren un poco con el verso, chicos. Hablan de enseñar la no violencia, pero violencia es mentir -como dice el tema de los Redondos-. Esas cuentas de twis sirven en vivo, no en spots grabados. No muchos le habrán prestado atención, pero eso ¡no se hace!
Lo de Beto Beltrán -paradójicamente para un periodista radial- suma cuando no habla. Buena estética, mensaje claro, simple, pero cuando habla mucho le sale el locutor. Conclusión: “este tipo me quiere vender algo”. Subieron un spot a las redes en el que hablan de recuperar los trenes. Le da de frente el sol, entonces sale medio encandilado: ¡error! Habla del pueblo, la gente, los militantes y salen teniendo una bandera. No llegan a 40, menos que un bondi urbano: ¡error!
Voy a enunciar el “piantavotismo” que vi en los otros: en SOMOS, un mensaje muy de nicho. No es de mala onda, pero no podés vender un producto poniendo como cara de tu producto a gente que habitualmente no encaja en ningún lado. No profundizo en descripciones porque quiero seguir teniendo trabajo, además de que los spots son bastante claros al respecto. Esas publicidades no venden, tan sencillo como eso.
Los spots de la izquierda con eso de laburar seis horas y cobrar 25 lucas son como telecompras o sprayette: a todos nos gustaría tener el “ab-sheiper” para quedar rayado como el modelo que lo promociona, pero sabemos que es imposible, por eso no lo compramos.
El lunes que viene, cuando nos encontremos de vuelta, ya vamos a haber sufragado. No se haga mala sangre por las campañas o los mensajes, utilice esta guía y disfrute mucho, que va a poder ejercer un derecho que mucha gente no tiene la suerte de tener.