Cristina, el “cuco” de la campaña en Córdoba

Peronistas y macristas/radicales se acusan mutuamente de copiar el modelo K.

Por Alejandro Moreno
[email protected]

Cristina-Macri-SchiarettiSiete de cada diez cordobeses votaron por Mauricio Macri en la segunda vuelta presidencial de 2015, y sólo tres de cada diez lo habían hecho en las PASO. De allí sale la cuenta de que la diferencia de cuatro entre una elección y otra surge del voto antikirchnerista. Hacia ella se dirigen macristas y peronistas hasta el 13 de agosto.
La ex presidente Cristina Kirchner ha ganado centralidad con el correr de la campaña, que la tiene como precandidata a senadora nacional del frente Unidad Ciudadana por la provincia de Buenos Aires.
Según algunos encuestadores, Cristina Kirchner lleva una considerable ventaja en el mayor distrito electoral del país, lo cual la mantiene vigente como la principal opositora al gobierno de Mauricio Macri.
Los análisis electorales sugieren dos vías: que una victoria de la ex presidente debilitaría a Macri porque justificaría las objeciones que realiza a la gestión; o que a la Casa Rosada le conviene que ella gane para sostener la división en que se encuentra el peronismo, sin que aparezca una renovación.
En la provincia de Córdoba tanto los macristas como los peronistas agitan el “cuco” de Cristina Kirchner -según la definición del gobernador Juan Schiaretti-, arrojándolo sobre sus rivales.
El botín es el favor del amplísimo segmento antikirchnerista. La batalla tiene un costado positivo y uno negativo. El primero es que ambas alianzas, Cambiemos y Unión por Córdoba, apelan a la palabra “cambio”, que funciona como un antónimo de kirchnerismo. Unos llaman a profundizarlo y otros aseguran ser la versión verdadera de ese proceso. El segundo lado es que los dos grupos acusan al que está enfrente de ser una versión K, y por lo tanto, merecedor del repudio electoral de los cordobeses.
El debate se reactualizó en los últimos días y podría subrayarse hoy, por el anuncio del presidente del Ente Nacional de Comunicación (Enacom), Miguel de Godoy, de que entregará tablets a jubilados en las ciudades de Córdoba y Villa Allende. Como ambas están administradas por intendentes de Cambiemos -el radical Ramón Mestre y el macrista Eduardo Romero-, desde el peronismo salieron a denunciar que el oficialismo nacional viola las restricciones de la ley electoral con prácticas propias del kirchnerismo (o sea, el clientelismo populista).
Desde Cambiemos ya han identificado a Unión por Córdoba con el kirchnerismo. En primer lugar, porque la coalición que encabeza el peronismo cordobés apoyó las dos candidaturas presidenciales de Cristina Kirchner, en 2007 y 2011, y hasta le cedió en la primera gestión de Schiaretti la vicegobernación al Frente para la Victoria (Héctor Campana). Pero, también, por lo que consideran desde el búnker de PRO/UCR igualmente prácticas K, como el armado de un Indec provincial que, presumen, dará los números que convengan al Panal en pleno proceso electoral; y desmintiendo, claro, las cifras de pobreza difundidas desde la Nación para el Gran Córdoba.
Agitar el “cuco” de Cristina es uno de los pocos condimentos políticos que tiene la descafeinada campaña electoral, aunque colisionen argumentos similares.
En el PJ, el federalismo es el tema central de la campaña; se acusa a la Casa Rosada de centralista y de beneficiar a las provincias que se alinean políticamente. El primer precandidato de UPC, Martín Llaryora, suele insistir con eso (y la publicidad en la Plaza Federal es la imagen persistente). Por el contrario, desde Cambiemos responden que la Provincia privilegia a los intendentes peronistas en lugar de los radicales, por lo que el señalamiento de “antifederal” es el mismo. Y ese comportamiento, centralista y caprichoso, fue una de las características sobresalientes del kirchnerismo en sus doce años de gobierno. Por supuesto, entonces, el pecado es del otro. Al que le crean los cordobeses, ganará.