Doblemente rebeldes

Ambas a punto de cumplir los 50, las cantantes mexicanas Alejandra Guzmán y Gloria Trevi comparten una gira y acaban de lanzar un disco conjunto, “Versus”, que ya es un suceso a escala mundial, como que ocupa el primer puesto del ranking de álbumes latinos de la revista Billboard.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

El nombre de Enrique Guzmán es un símbolo del rocanrol mejicano, aunque en realidad él nació en Venezuela y recién se estableció en México cuando tenía doce años. Guzmán ingresó a la posteridad como cantante de los Teen Tops, la banda que tradujo los éxitos rockeros de los años cincuenta al español, en versiones que muchos latinoamericanos escucharon antes que a las originales. En la Argentina, los Teen Tops fueron extremadamente populares, e influyeron en los primeros grupos locales que se propusieron hacer rock en su propio idioma, aunque fuesen covers de los hits que cantaban los principales referentes estadounidenses del género.
Después, Enrique Guzmán se encaminó en una trayectoria solista que prolongó su éxito por varios años más, transformándolo en un ídolo de la canción en Hispanoamérica e inspirando a otros cantantes que irían siguiendo la senda del pionero. En 1967, se casó con la actriz Silvia Pinal, once años mayor que él, en lo que fue un matrimonio de casi una década, del que nacieron los también músicos Alejandra Guzmán y Luis Enrique Guzmán, conformando así una familia que todavía sigue alimentando a las revistas del corazón mexicanas. De hecho, en 2015, a sus 83 años, Silvia Pinal publicó una autobiografía en la que no dejaba tramo de su vida sin repasar.
De los herederos de la dinastía, la que consiguió trascender más allá de su apellido ha sido Alejandra Guzmán, quien ha logrado ventas por unos 15 millones de copias con todos los álbumes que ha publicado durante casi 30 años de carrera. Situada entre las cantantes latinoamericanas más exitosas, su constante trabajo como vocalista no le impidió desarrollar además una carrera actoral (como su madre), que la llevó a participar en películas y telenovelas, una actividad que la consolidó como ídolo en México y en Hispanoamérica.
Si bien en sus primeros álbumes apeló al recurso utilizado por su padre treinta años antes de versionar grandes temas del repertorio rockero (“Popotitos”, “La casa del sol naciente” o “La plaga”), posteriormente definió su propia personalidad como intérprete, que se inclinaba hacia la transgresión y el desenfado, una estrategia que le reportó la admiración juvenil. Y aunque después extendió hacia el mundo su figura gracias a una necesaria madurez artística, nunca se perdió del todo ese mensaje desafiante que la caracterizó en sus inicios, en los que debió apelar a un mensaje disruptivo para cortar el cordón umbilical con la tradición familiar.
Ahora bien, si hubo otra mujer en México que entre fines de los ochenta y principios de los noventa le arrojó el guante en la cara a la moral conservadora, esa fue Gloria Trevi. En realidad, Trevi hizo de esa rebeldía su sello distintivo, como que en Córdoba se la conoció justamente por sus acrobacias en escena, su vestuario kitsch y sus letras de brote adolescente. Lamentablemente, ese discurso se trasladó de la peor forma a su vida real, cuando recayeron sobre ella y su representante denuncias de abuso de menores, un delito del cual ella resultó absuelta muchos años después.
En este 2017, la noticia que une los nombres de Alejandra Guzmán y Gloria Trevi es que acaban de lanzar un disco conjunto, titulado “Versus”, que ya es un suceso a escala mundial, como que ocupa el primer puesto del ranking de álbumes latinos de la revista Billboard. Ambas a punto de cumplir los 50, están compartiendo también una gira con actuaciones en Estados Unidos y América Latina, en la que desgranan un mensaje acerca de la fortaleza del género femenino y del atrevimiento que las animó a romper con los moldes que las condicionaban para expresarse con total libertad.