Doble cross en la mandíbula

En su última película, “El otro hermano”, el cineasta Israel Adrián Caetano redobla la apuesta y desestima el ya de por sí inquietante enfoque de la novela “Bajo este sol tremendo” de Carlos Busqued, en la que se basó, para envolver al espectador en una trama tan opresiva que no deja respiro.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

La peligrosa relación entre las obras literarias y las películas a las que inspiraron podrían llenar una enciclopedia con varios tomos de extensión. Entre las adaptaciones magníficas y las deplorables, existe una amplísima gama de matices que, en no pocas ocasiones, tiene que ver con los condicionamientos que pudo haber habido para que el producto final sea taquillero. Pero también tiene que ver (y mucho) lo cinematográfico que haya sido el relato original, porque convengamos en que hay obras maestras de la literatura a la que resulta casi imposible trasladar a la pantalla grande. Y no sólo estamos hablando del “Ulises” de James Joyce.
Hay una larga lista de filmes que han superado en fama a la novela en la que se basaron, más allá de la natural diferencia que existe entre ambos géneros en cuanto a popularidad. El cine, durante el siglo veinte, tomó un carácter masivo que lo transformó en uno de los motores de la industria cultural, mientras que los libros han sostenido a duras penas la vigencia de un ritual de lectura que ya lleva varios siglos entre nosotros. Además, la expresión audiovisual cuenta con atractivos extra que la vuelven mucho más atractiva al público en general.
A pesar de esta ventaja comparativa, un lugar común entre los espectadores es la frase “me gustó más el libro”, que suele ser escuchada a la salida de una función en la que se ha proyectado una película cuyo argumento replica el de un texto literario. Y esto también tiene su explicación, porque no todas las figuras y los recursos que utiliza la literatura pueden ser extrapolados a una producción fílmica. En la adaptación, es normal que se recorten largos tramos del libro, en beneficio de la coherencia de un relato que ya no será contado con palabras, sino con fotogramas.
Ahora bien, si hay una novela que de sólo recorrer sus páginas lleva al lector a imaginarse una serie de secuencias cinematográficas, esa es “Bajo este sol tremendo”, del autor chaqueño Carlos Busqued. Conocido en Córdoba porque vivió aquí durante un largo periodo, Busqued presentó esta obra en la edición 2008 del concurso Herralde y, si bien no ganó el primer premio, se hizo acreedor a la publicación por el sello Anagrama. Oscura, morbosa y atrapante, su historia sigue los pasos de un hombre común que, en busca de una herencia, se ve involucrado en una serie de acontecimientos policiales que constituyen el núcleo de la trama.
La atmósfera opresiva de “Bajo este sol tremendo” recuerda a los mejores filmes de los hermanos Coen, cuyos protagonistas son gente tan común como los de la novela de Busqued; personas a las que el destino pone en el centro del relato, pero que sólo por eso dejan de ser anónimos personajes citados en las páginas de policiales de los diarios. La versión de esa obra en cine estaba cantada, sólo bastaba filmarla y ya está. Pero no fue así. Porque el encargado de llevar a cabo esa tarea ha sido Israel Adrián Caetano. Y es sabido que a este realizador uruguayo (residente en Argentina) no le gusta transitar la senda más accesible.
En “El otro hermano”, Caetano redobla la apuesta y desestima el ya de por sí inquietante enfoque de Busqued, para envolver al espectador en una trama que no deja respiro. Si bien su planteo respeta ciertos aspectos del libro original, los personajes protagónicos (roles que desempeñan Leonardo Sbaraglia y Daniel Hendler) tienen aquí una ferocidad que contrasta mucho más con la aparente parsimonia en la que transcurren sus vidas. Raro caso el de “El otro hermano”, una película que impacta como un cross en la mandíbula y que lo hace faltándole el respeto a un libro que, curiosamente, causa el mismo efecto.