Cambiemos prefiere a la economía fuera del debate electoral

Los resultados están por debajo de lo esperado por el oficialismo; la leve recuperación se registra en las estadísticas pero no la percibe el grueso de la gente.

Por Gabriela Origlia

A medida que se acercan las legislativas crecen los debates sobre cuántos votos retendrá el macrismo a nivel nacional, cuánto logrará Cristina Fernández y qué resultados conseguirá el “peronismo republicano” y su “liga de gobernadores”. Las miradas no están, obviamente, en los núcleos duros de electores de cada uno sino en los “desencantados” o “buscadores”.
Respecto del oficialismo, en las redes sociales –un termómetro nada científico, por cierto- aparecen los que advierten que no acompañarán a Cambiemos por la falta de resultados y los que les plantean que es “lo que hay por ahora” lo que se pudo armar hasta ahora. Es decir, una vez más, votar por el mal menor.
Frente a esas discusiones desde el gobierno las señales (no los discursos) no son claros, incluso pecan de cierta torpeza. En materia económica, mientras desde el ministro Nicolás Dujovne al último legislador predican la reforma que viene, el recorte del gasto público y la imperiosa necesidad de reducir la “insostenible” presión impositiva, se crea la Dirección Nacional de la Movilidad en Bicicleta con un presupuesto de 200 millones de pesos.
Claro que el número en el contexto global es ínfimo, pero muestra un escaso apego a la austeridad que se predica. ¿No habrá en un Estado gigante posibilidad de que lo mismo lo haga personal ya en funciones y en áreas articuladas? ¿La idea es que si la bicicleta no tiene su propia dirección su uso no se expandirá? Si fuera por existencia de oficinas que se ocupen del tema, Argentina no debería tener corrupción.
Aumentaron los combustibles. ¿Por qué? Por una fórmula polinómica de aplicación trimestral que tiene como un factor la evolución del dólar. En junio la divisa subió, con lo que no importó que el precio internacional del barril de petróleo bajara. No hace falta convocar a expertos para saber que, en Argentina, el alza de las naftas impacta en el resto de los precios.
Una presión extra que podría evitarse porque si bien es cierto que la inflación bajó también lo es que sigue alta. A 18 meses de gobierno ese tipo de hechos podrían no repetirse; evitarlos no requieren de años de gestión sino de sentido común, timing, empatía.
En los últimos días se sumó la depreciación del peso que, de ninguna manera, resuelve los problemas de competitividad que afrontan distintos sectores; habrá que avanzar en reducción de costos no impositivos, laborales no salariales y de logística.
Ayer la vicepresidenta Gabriela Michetti reiteró que también el gobierno esperaba que la recuperación económica fuera más rápida. La diferencia entre el deseo del que gestiona y del resto es que tienen la pelota en su cancha, deben saber qué hacer (o evitar) para que los hechos se produzcan.
Entre los defensores de la gestión de Cambiemos aparece el concepto de que quienes los votaron no pueden –frente a las legislativas- asumir una posición “caprichosa” y exigir modificaciones rápidas. Sería bueno tener presente que el exigir más es parte de la conducta humana, sino caen en el mismo discurso del kirchnerismo cuando había marchas en su contra. Una suerte de “ya estamos un poco mejor… pará”.
La recuperación que se registra en las estadísticas no se siente en la calle, salvo para la franja de votantes medio altos que Cambiemos ya tenía. El desafío sigue siendo ampliarla, que la mejora llegue a los de más abajo donde las dificultades continúan. Y como no llega, el oficialismo prefiere que la economía quede fuera de la agenda electoral. Michetti insistió: “Atravesamos un período de mentira muy largo. La crisis económica no comienza con nuestro Gobierno, ya estaba. Se perdía empleo y se morían las empresas”.
Es cierto, pero también lo es que el ordenamiento que intentan ahondó esa situación y el Estado sí debe estar ahí para funcionar como contención temporal hasta que el arranque. Ese, al final, es el debate de fondo: qué debe hacer el Estado y cuándo. La capacidad de pago de impuestos llegó al límite, el gasto no cede en la medida que se requiere y no se puede seguir tomando deuda al infinito para financiar el rojo. La discusión estructural no puede ser gradual.