Políticos eran los de antes

A los 68 años, el líder del laborismo inglés Jeremy Corbyn se convirtió, sin asistir, en la estrella del último festival de Glastonbury, donde una multitud de jóvenes coreó su nombre, sobre la melodía del tema “Seven Nation Army”, publicado en 2003 por los White Stripes.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

GlastonburyResulta extraño que la estrella del último festival de Glastonbury no haya sido ninguno de los artistas que subieron a cualquiera de los escenarios dispuestos en el predio. El nombre que la multitud coreó con mayor insistencia no corresponde a un guitarrista, ni a un cantante ni a u deejay. Y la canción que la gente utilizó para expresarse espontáneamente no fue ninguna de las que se interpretaron a lo largo de los tres días que duró el encuentro. El coro de miles de voces entonó la pegajosa melodía de “Seven Nation Army”, el tema que los White Stripes lanzaron hace 14 años. Y la frase que repetían era: “Ooooh, Jeremy Corbyn”.
Para quien desconozca ese nombre, vale la pena aclarar que Jeremy Corbyn es el actual líder del Partido Laborista inglés. Y que sus encendidos discursos, en los que plantea propuestas ancladas en el sentido común, la solidaridad y la honestidad, han generado una insospechada simpatía entre los jóvenes británicos. Chicas y muchachos que constituyen, en su gran mayoría, el público que acude a la convocatoria de Glastonbury, donde se supone que lo más importante es la música, aunque esta vez la política haya impuesto una idolatría que superó a la que generan las rock stars.
Este fenómeno, que tiene alguna similitud con lo que pasó en las Estados Unidos hace un año con el precandidato demócrata Bernie Sanders, ya ha sido apodado por los medios ingleses como “Jeremania” y tuvo su expresión electoral en los últimos comicios realizados a principios de junio, cuando Corbyn obtuvo más del 40 por ciento de los votos y se convirtió en el dirigente laborista con mayor aprobación popular desde 1945. Los analistas políticos señalaron que en esas elecciones se acentuó la grieta generacional. Y está claro que las preferencias juveniles no estarían acompañando las medidas de la primera ministra conservadora Theresa May.
Mientras que en Estados Unidos el establishment cultural se abroqueló en 2016 en una campaña en contra de Donald Trump (que, a juzgar por los resultados de los comicios, no surtió el efecto esperado), en Inglaterra la voluntad de muchos referentes musicales no se está expresando por la negativa, sino por la positiva. Más que oponerse a Theresa May, lo que hacen es respaldar a Jeremy Corbyn, quien –al igual que Sanders- tiene una edad que está muy por encima de la de sus simpatizantes, de muchos de los cuales podría ser abuelo.
Quizás esta tendencia tenga que ver con lo que pasa en el mundo de la música, donde se verifica que las nuevas generaciones suelen identificarse con artistas cuya mejor época transcurrió hace más de treinta años. Sobrevivientes de los agitados años sesenta y setenta que, tras atravesar todas las etapas de una trayectoria artística prolongada, se encuentran hoy en posesión de una sabiduría experimental a la que recurren las flamantes camadas de seguidores. El rock, que en su origen se enfrentó a la opresión de los ancianos sabios, vuelve ahora a instalarla como faro en el marasmo de un plantea convulsionado.
Por eso, cuando el cantante de Radiohead, el aclamado Thom Yorke, se pronunció contra los “políticos inútiles” durante el show de su grupo en la primera noche del festival de Glastonbury, el público le respondió cantando “Ooooh, Jeremy Corbyn”. Con sus 68 años de edad y su tozuda coherencia ideológica (que lo llevó incluso a pronunciarse por una solución compartida con Argentina en el conflicto por las Islas Malvinas), Corbyn ha llevado a que muchos jóvenes vuelvan a apelar a una conclusión de esas que antes solían tener a flor de labios de los jubilados: dirigentes honestos eran los de antes.