¿Por qué no una lista sólo de mujeres?

En Santa Fe el partido Ciudad Futura presentó una lista para las legislativas nacionales integrada completamente por mujeres. La justicia electoral de esa provincia la impugnó y obligó a integrar la boleta con un 30 por ciento de varones.

Por Daniel Gentile

La Justicia ha rechazado una lista de candidatas a diputadas nacionales presentada por el partido “Ciudad Futura” de la Provincia de Santa Fe. La impugnación se basa en que en la nómina sólo hay mujeres. El magistrado les exige excluir al treinta por ciento de las candidatas y reemplazarlas por varones.
El fallo es inconstitucional, pues viola el principio de igualdad ante la ley. Excluye a candidatas sólo por su sexo, y obliga a la inclusión de candidatos sólo por su sexo. La resolución se basa en la ley de cupo femenino, que obliga a que un 30 % de los candidatos sean mujeres, y hace una suerte de interpretación análoga e inversa de la misma.
Alguien podría argumentar que la ley de cupo femenino también es inconstitucional. Si lo hace, habrá que admitir que tiene razón, pues toda norma que pretenda incluir o excluir candidatos por motivos ajenos a su idoneidad viola el precepto de igualdad ante la ley.
El escenario que acaba de presentarse en Santa Fe lo profeticé, como un delirio no imposible, en una nota que publiqué hace algo menos de un año con motivo del proyecto de ley de “paridad de género”, que propende a que los cargos legislativos estén ocupados por hombres y mujeres en proporciones iguales. Mi nota se titulaba, sin ironía, “Finalmente llegó el cupo masculino”. Si bien esa iniciativa era propiciada por el feminismo para que la mitad de los escaños sean ocupados por mujeres, lo cierto es que pone un límite, un techo, a la participación femenina. Y eso es inconstitucional, injusto y arbitrario. Lo que ha ocurrido ahora en Santa Fe es que, sin invocar la “paridad de género”, y sólo fundada en una exégesis inversa del cupo femenino, la Justicia obliga a sacar mujeres de una lista y reemplazarlas por hombres.
¿Hay acaso alguna norma que impida a los varones ocupar cargos legislativos? No. ¿Y si no hay prohibiciones para nadie, quién es el Estado para imponer, para poner o sacar candidatos?
Si mi partido arma una lista con el setenta, o con el ochenta por ciento de mujeres, o con el ciento por ciento, ¿con qué derecho nos obligan a sacar al treinta por ciento de ellas y a reemplazarlas por unos cuantos hombres ineptos?
No puedo afirmar si yo votaría a la lista 100 % femenina del partido “Ciudad Futura”. Tampoco puedo decir que no lo haría. Lo que sí proclamo es que en ninguno de ambos casos mi decisión estará influida o determinada por el sexo de las postulantes.
No conozco su plataforma, no conozco sus propuestas, no conozco sus ideas. Ignoro también el perfil de las candidatas. Su personalidad, su aptitud, su idoneidad, ciertas condiciones que pueden definir mi decisión a la hora de poner el voto en la urna.
Pero, si comparto sus ideales, sus proyectos, sus anhelos, y si además confío en ellas como personas, ¿por qué motivo el Estado podría impedirme votar por quienes yo considero las mejores candidatas?
Estamos en democracia. En un sistema partidario. Eso creo. Nuestros legisladores deben defender una plataforma, una escala de valores, que es la de su partido, no la de su sexo.
No vivimos (todavía) en un régimen corporativista en el que los diputados y senadores ocupen una banca para defender los intereses de su genitalidad.