Las dos caras de Baldassi

Baldassi dejó de ser, hace ya algún tiempo, el tierno repollo esterilizado con el que gustan de identificarse los recién llegados a la política.

Por Pablo Esteban Dávila

La imposición de la candidatura de Héctor “la Coneja” Baldassi al tope de la lista de Cambiemos no sólo dejó una herida indisimulable con el radicalismo sino que profundizó la interna que existe dentro del PRO mediterráneo.
En efecto, el trato kirchnerista que Marcos Peña –el responsable del armado político nacional del oficialismo– dispensó a sus socios radicales en la provincia también fue aplicado, manu militari, en el seno del partido amarillo. De nada valieron las prevenciones que existían, intramuros, en relación al exárbitro de fútbol.
Sucede que el señor Baldassi dejó de ser, hace ya algún tiempo, el tierno repollo esterilizado con el que gustan de identificarse los recién llegados a la política. Tan pronto descubrió el poder y sus mieles, advirtió que muchos otros también lo pretenden y que, entre ellos, existen algunos con una larga trayectoria en el terreno público que lo antecedían.
Uno de ellos es el presidente del PRO, Javier Pretto, recién licenciado de sus responsabilidades. El actual diputado nacional comenzó su carrera tan lejos como a finales de la década del ’80 y tuvo importantes responsabilidades a lo largo del tiempo. Una de las más relevantes (y que le permitió mantenerse en la consideración pública pese a la debacle de su partido, la UCEDE) fue el haber sido tres veces intendente de la ciudad de La Carlota.
Para los políticos formados en la tradición del cursus honorum, una diputación o una intendencia, por ejemplo, logradas tras fatigosas campañas electorales, son sinónimo de éxito y una prueba de su valía personal. Esta certeza no es, sin embargo, compartida por quienes ingresaron en la política a través de la ventana, como lo es el caso del señor Baldassi. Para ellos, cosas tales como la trayectoria o las dignidades logradas a través de la vida partidaria son poco menos que detalles insignificantes, apenas una comprobación de lo mal que estaban las cosas antes de su llegada.
Con semejante visión a cuestas, el conflicto entre “la Coneja” y Pretto era cuestión de tiempo, como efectivamente ocurrió. El desencadenante formal fueron las sospechas, jamás confirmadas, de que Pretto incurrió en irregularidades tras su paso por el ENINDER, en donde fungió como vicepresidente de Eduardo Accastello. Para alguien como Baldassi, que jamás tuvo que administrar ciudad alguna ni ejercer responsabilidades de gobierno, este tipo de organizaciones son la quintaescencia del mal, así como resultan deplorables quienes las integran. Durante buena parte del año pasado el tema generó un enfrentamiento más o menos abierto entre ambos, toda una rareza dentro de un partido que nunca se ha caracterizado por amar el pluralismo interno.
El debate, por supuesto, no tuvo nada de interesante. Simplemente giraba en torno a la dialéctica –tan falsa como tramposa– entre la pureza de los nuevos políticos y las manchas de los viejos. Cualquier partido con historia hubiera mandado a callar a Baldassi, pero el PRO no se caracteriza por este tipo de organicidad. Como el asunto no tardó en escalar, la conducción nacional decidió intervenir antes que la sangre llegara al río.
Hubo un primer acuerdo sobre que Pretto ocuparía una importante posición nacional a cambio de que pidiera licencia como presidente de la fuerza. En reciprocidad “la Coneja” callaría sus críticas. Pero la licencia nunca fue concedida, en buena parte porque jamás se pidió. El hombre de La Carlota sospechaba que, detrás de la pasión purificadora de su contradictor, se encontraba otra menos confesable, cual era la voluntad de quedarse con el propio partido que él había contribuido, quizá como pocos, a organizar exitosamente.
Si se toma en cuenta que, en los hechos, los comités provinciales del PRO funcionan como gerencias zonales de una organización altamente centralizada, la resistencia de Pretto tuvo mucho de heroica pero, al final, resultó estéril. Luego de que Mauricio Macri optara, de forma tan elocuente, por Baldassi para representarlo en la provincia en las próximas elecciones, la porfía del ala política del partido llegó a un punto muerto. El presidente local acordó, ahora sí, en solicitar su tantas veces aplazada licencia.
El hecho se produjo el sábado pasado en la sede de la UCEDE, que es donde funciona el PRO. La reunión contó con la presencia del titular del partido a nivel nacional, Humberto Schiavoni, quien, lejos de cumplir con una visita política, asistió en calidad de garante sobre que el compromiso esta vez sería honrado. Fue una victoria para “la Coneja” y una claudicación para Pretto. La conducción cordobesa quedará, por primera vez en mucho tiempo, en manos de alguien que no perteneció a la UCEDE.
Esta podría ser una noticia positiva para cierta opinión mentecata, pero no habría que exagerar. En rigor, la fuerza se ha quedado sin su masa crítica de conducción. Los que acompañaban a Pretto no están dispuestos a seguir las orientaciones de Baldassi quien, por su parte, tampoco cuenta con muchos seguidores sinceros. Puertas adentro son varios los que lo consideran un advenedizo. Razonan que, sin el dedo de Mauricio, “no hubiera llegado muy lejos”. Puede que sea cierto, pero el destino del partido parece ahora estar en sus manos.
¿Qué sucederá en adelante? Pretto tenía la ventaja de contar con experiencia y la lealtad de los principales órganos de conducción, pero algunos dirigentes –tanto de los nuevos como de los que provenían de la antigua etapa de RECREAR–desconfiaban de él. No obstante esta limitación, pudo mostrar logros de nota y mantener algo parecido a una vida institucional. La situación del exreferí es bastante más precaria. Con un círculo íntimo reducido a cuatro o cinco incondicionales y sin que nadie lo considere, en el sentido más profundo del término, un referente de nota, sus dotes de conductor pertenecen todavía al dominio de lo incierto.
Lo que sí puede afirmarse es que Baldassi logró sacarse de arriba, con la privilegiada ayuda del presidente de la Nación, a su principal adversario interno. Sin embargo, no está en absoluto claro qué hará en adelante con este logro. Del actual candidato a la reelección no se le conoce pensamiento político alguno, ni mucho menos pasión por la construcción política, aunque debe reconocérsele cierta pericia para urdir intrigas de palacio. Este es un atributo que sugiere una dualidad (que no se reconocerá abiertamente) y que lo emparenta con los conspiradores, que no tienen tanta buena prensa como los hombres del deporte. Mientras la Casa Rosada lo consienta no habrá mayores problemas, aunque “la Coneja” debería considerar que, sin una estructura propia, su buena estrella puede que no dure por siempre.