La progresísima trinidad

El primer proyecto de ley que sacaría a Roca de su tumba y lo llevaría de vuelta por toda la patagonia sería el de la libertad de conciencia para cuestiones religiosas.

Por Javier Boher

Julio Argentino Roca dos veces Presidente de la Nación.

Estoy confundido, amigo lector. A mí me juraron y rejuraron que el gobierno de cambiemos era un gobierno neoliberal, con todo lo que eso implica. Yo me esperaba un desfile de libertades individuales y capitalismo salvaje a la vieja usanza, pero en su lugar encontré un poco de tibio proteccionismo amiguista y espiritualidad anticientífica. Todos sabemos que lo que mejor se vende en la city porteña es la espiritualidad zen del lejano oriente, pero a los argentinos criados en la ortodoxia liberal de la generación del ochenta y el positivismo científico que forjó la educación pública eso nos cae más pesado que desayunar con achuras.
El primer proyecto de ley que sacaría a Roca de su tumba y lo llevaría de vuelta por toda la patagonia sería el de la libertad de conciencia para cuestiones religiosas. Esto es llamativo, porque es ese punto en el que la querés jugar tan de liberal que terminás cayendo en el conservadurismo. No sé a quién se le puede ocurrir que una ley que exime a los ciudadanos de sus oblgaciones por cuestiones religiosas puede servir para algo más que para trabajar menos (¿o cabe alguna duda de que serviría para eso?). El proyecto encuentra su justificación en que quieren equiparar a las otras religiones con la católica. Curiosamente para igualarlas yo subordinaría a todas a la ley, pero como cantaba Estela Raval, cada uno lo hace a su manera. Yo acá huelo cierta necesidad de pagar favores políticos a la fauna religiosa alternativa que puebla la Argentina y representa pequeños bolsones de votos. Pero bueno, el cambio de tiempo de esta semana me tiene medio congestionado, así que capaz no estoy oliendo bien.
Voy a aprovechar para robarme algunos ejemplos de la carta que Amnistía Internacional le mandó a “Mauri the cat”, porque dieron más en la tecla que los que se robaron la idea del famoso spinner. Entre los ejemplos que ponen vamos desde un funcionario del registro civil que se niega a realizar un casamiento igualitario a un profesor que no quiere enseñar la teoría de la evolución (y puede enseñar el creacionismo), o desde un médico que se niega a atender a mujeres o realizar un aborto no punible hasta una obra social que no cubre anticonceptivos. Yo sé que esto lo va a hacer gritar y agarrarse los pelos amigo lector, pero es así.
Como paréntesis y sólo a modo de recoradatorio, la Argentina liberal, exclusiva y excluyente del general Roca y sus adláteres rompió relaciones con el Vaticano por establecer la primacía del estado civil sobre las estructuras de la iglesia: impulsó el matrimonio civil o la educación laica y le sacó el poder del registro e instrucción de las personas al catolicismo. Hacer eso a fines del siglo XIX era sinónimo de liberalismo anticlerical en un país que se abría al mundo y necesitaba recibir gente de diversos credos. En aquel entonces nuestros dirigentes eligieron el bando de la ciencia, incluso a pesar de sus creencias. Hoy lo que vemos es un conjunto de políticos que no quiere separar la religión del estado, sino poner a toda religión por encima del mismo. Es la idea infantil de que las creencias están por encima de la ley. Si la ley es lo que nos iguala, este proyecto nos vuelve a diferenciar. Qué quiere que le diga, aunque no me guste, yo por las dudas ya estoy empezando a pensar en un culto que prohíba el pago de impuestos y la necesidad de votar en las PASO. Total, de alguna manera tengo que justificar mi reticencia a cumplir con dichas obligaciones.
El otro proyecto de ley que partió desde algún cráneo del oficialismo es el de eliminar la obligatoriedad de las vacunas. Créame, amigo lector, que me siento como en un juego de detectives: voy juntando pistas para saber en qué momento pasamos de ser un país positivista y amante de la ciencia a un país chamanista y pseudocientífico. Entiendo que a muchos les da escozor pensar en la admiración que los muchachos que pensaron y construyeron el país en el siglo XIX sentían por Europa como foco de civilización, pero de poco sirve ahora querer parecerse a la verdadera cuna de la civilización, proponiendo medidas como las que le daban una pobre esperanza de vida a los australopithecus en África. Es salud pública, muchachos, va más allá de las creencias de cada uno. Por más que les interese curar a sus hijos con remolacha y barba de piedra, el resto de los que somos conscientes de la finitud de la vida queremos conservarla. Entiendo que desde el team económico del gobierno quieran ahorrarse algunos pesos, pero no me hagan un microajuste en las vacunas: para recortar, siempre se puede empezar por la tintura de Durán Barba o el call de Marquitos.
Debo reconocer que una de las cosas que más me sorprendió fue que muchos de los defensores de este proyecto hablaban del gran negociado de los laboratorios. Para que justificaran las medidas con fraseología setentista más vale nos quedábamos con el pachamamismo progre del kirchnerismo, que aunque se atendía en las mejores clínicas te hablaba de medicina china, guaraní o chapatín, que son todas más o menos lo mismo.
Como cada semana se levantan pensando en cómo superarse, en los últimos días el proyecto giró en torno a la inclusión de la homeopatía en el Programa Médico Obligatorio que ofrecen las obras sociales y prepagas. Si bien hace décadas que mucha gente se vuelca a prácticas médicas alternativas, me divierte pensar en la pateadura que le pegarían los tres premios nobel de ciencias que tuvo nuestro país a los diputados que presentaron este proyecto. No entiendo por qué la gente insiste en creer que los medicamentos funcionan si uno cree en ellos. Eso es la religión chicos, la ciencia funciona de otra forma, no con fe. Si internet ha democratizado el acceso al conocimiento, también le ha permitido a los chantas abrir un kiosko en cada casa. El único punto a favor que le encuentro al proyecto es la voluntad de regularlo, porque subestimarlo como tratamiento médico no alcanza para que desaparezca. Hoy un laboratorio tiene que producir sus remedios siguiendo regulaciones del ANMAT. El homeópata que produce medicamentos en el garage de su casa en la misma taza en la que moja las medialunas en el café con leche tiene que estar regulado, no puede parecer una cocina narco. No alcanza con que creamos que no hace nada, porque así los dejamos que corran libres, que es como son más peligrosos. Recordemos que cuando se escapó la pantera del zoológico corrió a esconderse y no trató de matar a nadie, pero igual por las dudas la encerraron.
Qué quiere que le diga, amigo lector: siempre me imaginé que para criticar al gobierno iba a empezar por otro lado, no por el analfabetismo técnico compartido con el kirchnerismo. Esa tríada de proyectos se suma a la larga agonía del progreso en Argentina, que ya tuvo otros puntos importantes, como la derogación de la ley 1420 de educación que eliminó la laicidad obligatoria de la escuela pública. Si esos proyectos prosperaran imaginemos un país de gente que no se vacuna, que si se enferma se pretende curar con pastillitas la yapa, que asiste a escuelas donde se les enseña religión (la que sea) y no ciencia y en las que los profesores pueden elegir no impartir educación sexual. Yo no entiendo mucho de esto, pero la última vez que me fijé, justo eso no es lo que hacen los países del mundo en los que nos prometieron insertarnos.