Un poeta soldado en Córdoba, 1593

A la luz de los versos de Mateo Rosas de Oquendo se devela el alma de la conquista a fines del siglo XVI y se iluminan aspectos palpables de la vida de aquellos hombres coloniales de carne y hueso que fueron sus contemporáneos y, por supuesto, de él mismo.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Una nao española del siglo XVI, de las que trajeron soldados y poetas a la conquista de América.

Con su figura satírica, vacilante a la luz de la reconstrucción histórica, increíble y necesaria en sus versos, Mateo Rosas de Oquendo atraviesa como un fantasma literario el ocaso del siglo XVI hispanoamericano. La atribución a Rosas de Oquendo de la autoría de versos que constan en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, ha sido desde más de un siglo atrás un dolor de cabeza para los historiadores de la literatura colonial de la conquista y colonización de América. Aun con tantas conjeturas, a partir de papeles antiquísimos que tal vez no llegaran de su puño y letra hasta nuestros días, es posible afirmar que el poeta soldado venido a estas tierras de su Sevilla natal a fines del siglo XVI se erigió no sólo en mito sino también en hito de la escritura literaria dada en el Tucumán, el Perú, y México.
Si la localización de Mateo Rosas de Oquendo en el México novohispano ofrece aun ciertas dudas, no cabe prácticamente ninguna de su presencia en el Perú, así como tampoco en el Tucumán, Gobernación que comprendía el territorio actual, total o parcial, de las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba. Estuvo entre los fundadores de la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja en 1591, y allí recibió el nombramiento de Contador de la Hacienda Real por el fundador y luego gobernador del Tucumán entre 1586 y 1593, Juan Ramírez de Velasco. Y en 1593 el poeta se encontraba en Córdoba de la Nueva Andalucía, firmando un documento en el que certificaba su autoría de un texto de trescientas páginas, titulado Famatina. Dicha obra, desafortunadamente, permanece perdida. Así refiere y cita el historiador Pablo Cabrera, el documento cordobés de 1593:
“A diez y siete del mes y año dichos, trasladábase, pues, el recién venido con un rollo de pliegos en la mano, a la «Escribanía Pública de Juan Nieto, y ante los testigos del caso y en presencia del Justicia Mayor Gaspar de Medina, declaraba ‘que haría tres años poco más o menos a que comenzó a ocuparse en escrevir la descripción, conquista y allanamiento de la Provincia de Tucumán, desde que en nombre de Su Magestad entró a conquistarla el capitán Diego de Roxas hasta el gobierno de Juan de Ramirez de Velasco, para servir a Su Magestad con ella, haciendo la relación de las personas que en ella le an servido; la cual tiene acabada en trescientas hojas de papel y dirigida al excelentísimo Condestable de Castilla; y porque está imposibilitado de ir a los rreinos de Castilla, a solicitar la impresión del, dava y dio su poder cumplido tal cual en tal caso se requiere, a Juan Ramirez de Velasco, governador destas provincias, para que por é y en su nombre, representando su propia persona, parezca ante Su Magestad y en su nombre se la ofrezca, y pida y gane licencia para su impresión y parezca en el Tribuna del Santo Oficio, a cuya corrección a somete, a solicitar el examen della; y porque en e tiempo que se a ocupado en escrebilla a recibido del dicho Juan de Ramirez de Velasco, muchas buenas obras, las quales an sido y son de mas interese del que le pudiera dar la impresión de la dicha obra, libremente, sin fuerza ni violencia ninguna, estando ausente el dicho Juan Ramirez de Velasca de la raya de su jurisdicción, en presencia de dicho capitán Gaspar de Medina y los testigos infrascriptos, hazia e hizo donación pura e inrrebocable del dicho libro llamado Famatina (…) para todos aquellos casos y cosas tocantes a la impresión de dicho libro, y si fuere su gusto, la puede vender libremente a quien más le diese por ella (…)».”
Tras los datos anteriores, es imposible no incluir aquí lo mejor de Rosas de Oquendo: sus versos. Valgan para muestra, desde luego insuficientes, dos fragmentos de poemas suyos o a él atribuidos. Uno relata el oceánico viaje de España a América, y el otro anuncia en Lima su posible regreso a España.
El primero se titula “Respuesta de una carta que un amigo escribió a otro”:
“Digo que salí de España / en el verdor de mis años / y el abril de mi esperanza, / cuando Fenis, mi enemiga / tan hermosa como ingrata / quiso pagar a mi fe / la deuda en que se hallaba. / En este tiempo dichoso / salió Belisa a mi causa, / rompiendo mares de fe /que no hay para el hielo amarras. / Desterróme y desterréme; / metíme en una fregata; / alzaron velas al viento, junto con las de mis ansias. / Bramó el mar, creció los vientos; /daban mil voces: «¡amaina! / / ¡recoge la cebadera! / ¡echa el timón a la banda!» / Unos llamaban a Dios, / otros a su madre llaman: / «¡Arriba que nos perdemos! / ¡que va a pique a fregata!» / Yo venía almadiado / como pescado en el agua, / tan privado de sentido / como lo salí de España. / El pastor que fue de Beis, / considera cuál estaba. / Mas no hay fiar en el tiempo / que el tiempo todo lo acaba. / Descubrióse Cartagena, / y señalóse la playa, / que los ojos del deseo / por momentos se encontraban. / Truje salario del rey / y, apenas puse las plantas / en la venturosa arena, /cuando el capitán mandaba / que se recoja la gente / y ninguno a tierra salga, / y el que esta ley no cumpliera, / le colgará se le halla. / No quise dormir en horca, / que es mejor dormir en cama, / que a un rigor de un capitán / no importa ángeles de guarda.”
El otro fragmento está tomado de su “Sátira a las cosas que pasan en Perú”, de tiempos en que se despedía de Lima, sin que se sepa a ciencia cierta su destino, posiblemente anunciando su viaje de vuelta a España:
“Sepan cuantos esta carta / de declaraciones graves / y descargos de consiencia / vieren, como el otorgante / Mateo Rosas de Oquendo, / que otro tiempo fue Juan Sanches, / vecino de Tucumán /
donde oí un curso de artes / y aprendí nigromancia / para alcanzar cosas grandes, / puesto ya el pie en el estribo / para salir destas partes / a tomar casa en el mundo / dejando los arrabales, /
en lugar de despedida / determino confesarme / y descargar este pecho / antes que vaya a embarcarme, / porque si en la mar reviento / al tiempo del marearme, / para salir de sus ondas /
será pequeña la nave.”