Las economías regionales sufren un problema de costos, y no de precios

Según el Ieral mientras desde 2006 los precios aumentaron un 50% en dólares, los “costos salarios” subieron un 130% en la misma monedada y una variación similar registraron otros insumos, como el gasoil.

Desde 2006, los precios de los productos no pampeanos han aumentado un 50% en dólares. Pese a esta significativa mejora, la rentabilidad se ha deteriorado por la suba de costos, mucho más empinada. Por caso, los costos salarios se han incrementado un 130 % en dólares en ese período, y el precio del gasoil registró una variación similar.
Según un trabajo del economista del Ieral de la Fundación Mediterránea Jorge Day, para llevar los costos en dólares a un nivel similar al de diez años atrás, las economías regionales necesitarían un tipo de cambio de 24 pesos.
“Es una salida inviable, por el impacto que tendría sobre la inflación, y tampoco es congruente con las tendencias actuales de la macroeconomía, caracterizadas por el masivo ingreso de divisas asociada al endeudamiento del sector público”, señala
Por ende, se requiere avanzar en varios frentes al mismo tiempo, para recuperar competitividad genuina. La mejora de la calidad de los productos ofrecidos es un instrumento, así como la activación de acuerdos comerciales que permitan bajar barreras de entrada en mercados como la Unión Europea y China.
Se requiere también un renovado énfasis en la productividad, y mecanismos que permitan reducir costos portuarios, de logística y demás. Aunque el déficit fiscal limita la velocidad de los cambios impositivos, es aconsejable establecer, lo antes posible, un cronograma para la reducción de los tributos más distorsivos de las distintas jurisdicciones.
Según el trabajo, mientras desde 2006 los precios de los productos no pampeanos (economías regionales) aumentaron un 50% en dólares, los “costos salarios” subieron un 130% en igual monedada y una variación similar registraron otros insumos, como el gasoil.
Tomando un periodo de dieciséis años, hay una diferencia en la dinámica de los precios promedios de los productos de exportación. El de los pampeanos tuvo un espectacular incremento en 2007 y, con algunas caídas, se mantuvo alto hasta 2014, cayendo luego fuertemente. Es el movimiento general que siguieron las commodities. En cambio, los “no pampeanos” estuvieron más estables.
El caso más llamativo es el de las manzanas. Las últimas noticias en el Alto Valle se refieren a posible cierre de algunas empresas de envergadura, y sin embargo, los precios pagados por Brasil han sido más altos en el periodo considerado. Obviamente, el problema está en los costos, y también en ventas, cuando aquel país ha puesto trabas para el ingreso de productos argentinos.
Entre los que mantuvieron estancados, se hallan los productos olivícolas. Tuvieron un importante aumento a inicios de la década anterior, y luego se mantuvieron estancados, explicados por su sobreproducción mundial.
Salvo en lo olivícola, el problema regional no se halla en los precios. Obviamente, es imposible pedir mayores precios en dólares, dada la gran competencia mundial. Pero se puede lograr mayores precios si se mejora el producto (calidad, presentación, etc.). Podría darse en el caso de los vinos, pero difícilmente lo sea en aceite de limón (que se vende a granel).
Toda esa movida implica un costo adicional (promociones, mejoras tecnológicas, etc.), con beneficios inciertos. También se puede lograr a través de acceso menos costoso a mercados externos. Hay todo un trabajo para hacer en materia de acuerdos comerciales para reducir aranceles de entrada (UE, China, etc.) y en otros puntos.
Day señala que otra opción es reducir los costos unitarios a través de una mayor productividad. Haciendo números muy globales, para estar en una situación similar a la de hace diez años, la productividad en general debiera aumentar un 50%, que no es poco. A favor, se debe reconocer que hubo muchos años de ineficiencia, lo cual da un buen margen para mejorar.
La tercera alternativa está en reducir los distintos costos, impuestos, salariales, portuarios, logística, etc. Sabemos que los gobiernos están en una situación fiscal deficitaria, que les achica el margen de maniobra para reducir varios de esos costos, pero el Norte (de las decisiones) debería apuntar en dicha dirección. Un buen indicio sería contar con un cronograma de reducción paulatina de los tributos más distorsivos.