Ni la falta de respaldo de su “jefa” frena a Senestrari

Pese a ser antimacrista declarado, quiere mantener su competencia electoral con respecto a Cambiemos. Mientras el mecanismo disciplinario en su contra se activa, atacó por su edad al juez que lo apartó y dice que es víctima de una “persecución ideológica” .

Por María Viqueira

Recientemente, el fiscal federal Enrique Senestari, quien aún le debe explicaciones a la Justicia y a la sociedad cordobesa por fracasos varios en el ejercicio de su función, manifestó su deseo de que “caiga” el Gobierno. Ese nuevo exabrupto lo llevó a los medios nacionales, en donde suele figurar por sus desplantes, mas no por sus logros.
Si bien ensayó una explicación, lo cierto es que se refirió al caso Odebrecht y manifestó con claridad sus deseos para Brasil. “Ojalá se termine de caer el gobierno de Temer”, disparó. Luego, se prestó al juego del conductor de la emisión. “Si se cae Temer, que se lo lleve de la manito y de un brazo a Macri también, ¿no?”, le preguntó, y Senestrari asintió.
El activo militante del kirchnerismo dentro de una de sus fuerzas de choque, Justicia Legítima, ignora sistemáticamente el reglamento de la Justicia nacional, que determina que los funcionarios no pueden participar en agrupaciones políticas, y olvidó el decoro que le impone su función.
Por citar, cabe recordar que en febrero del 2015, mientras se organizaba la marcha para homenajear a Alberto Nisman, sufrió un repentino ataque de asepsia política y repudió la iniciativa con ferocidad. Acusó a los colegas del investigador que organizaron el acto de inmiscuirse “en acciones ajenas a su función”; interpretó que quienes anunciaron su asistencia “tenían problemas” con Cristina Fernández de Kirchner y opinó que era “aberrante” que dijeran que era una acción neutral.
Senestrari protagonizó otros episodios bochornosos, pero su último desliz no pasó desapercibido y le trajo consecuencias.
Primero, en tiempo récord, la procuradora Alejandra Gils Carbó le dio curso al reclamo del Colegio Público de Abogados de la ciudad de Buenos Aires por sus manifestaciones sobre el presidente y le corrió vista para que brinde explicaciones. Guillermo Lipera, titular de la entidad, pidió que se activara el mecanismo disciplinario y apuntó a un tramo de la declaración del fiscal. “Pide que el pueblo vuelva a ser el que gobierna y no sólo ‘el que pone un papelito’ cada cuatro años. Con esa frase está desconociendo las instituciones republicanas”, subrayó.
Además, teniendo en cuenta que tiene competencia electoral, se dio otro escenario que era posible. El juez Ricardo Bustos Fierro hizo lugar al pedido de recusación de los apoderados de Cambiemos y le ordenó que se aparte, por parcialidad manifiesta.
A pesar de que ni su propia “jefa” lo respalda, Senestrari anunció que apelará y atacó al magistrado por su edad: afirmó que “le pidió al Gobierno que lo deje permanecer cinco años más” y sugirió que aceptó el planteo de oficialismo en Córdoba porque de ello depende la suerte de su pliego.
“Mi ideología la conocen. Fuera de mi oficina tengo derecho a expresarme. Las políticas neoliberales no me gustan y creo que la sociedad las tienen que evitar”, abundó el fiscal, quien consideró que lo decidido por Bustos Fierro es “persecución ideológica”.
Senestrari puede pensar lo que quiere, pero como fiscal no puede decir lo que quiere. Tampoco es válido que esté más concentrado en la política que en la función. Aunque en su escritorio hay causas importantes durmiendo el sueño de los justos, acaba de volver de una de las peregrinaciones obligatorias del kirchnerismo: viajó a Jujuy, a visitar a Milagro Sala, a quien definió como “detenida política”.
El agente prepara el terreno, ya que tarde o temprano deberá rendir cuentas por su deslucido desempeño. Denuncia ser víctima de una “persecución política” no sólo para justificar sus bravuconadas y lo que parece ser su baja estima por el orden constitucional, sino porque intuye que su continuidad peligra.