Choferes del apocalipsis

El paro de los compañeros colectiveros es un desafío a las capacidades físicas de cualquier laburante.

Por Javier Boher

choferesUfff… ¡Qué cansancio, amigo lector! Esto de tener que correr desde Argüello hasta el centro me ha dejado agotado. El paro de los compañeros colectiveros es un desafío a las capacidades físicas de cualquier laburante. No por lo que imagina, no. Va más allá de los kilómetros que hay que caminar: los biólogos, médicos y antropólogos cordobeses están sorprendidos de que los ciudadanos comunes y corrientes podamos caminar con los genitales inflamados de tantos paros y manifestaciones. Se lo anticipé el lunes pasado: los muchachos de la UTA cuando quieren nos dejan tirados en la vereda. Hay que reconocer que afortunadamente sólo hacen eso, porque con la malevolencia que los caracteriza, bien podrían hacer alguna otra cosa con las paradas… No sea cochino, que hablo de las patotas que van a atacar a los coches que pretenden circular, no de cuestiones anatómicas.
La cosa viene más o menos así: resulta que la influencia de la izquierda clasista ha aumentado en todo el país. Eso que muchos considerábamos un éxito, rápidamente se convirtió en sapo después de las doce. Ahora parece que la izquierda clasista es la clase de gente que te molesta por zurda. Los muchachos predican el amor por el obrero, pero en lugar de dar la solidaridad que pregonan, avariciosamente dejan a miles de laburantes en la calle, haciéndolos correr el riesgo de perder el trabajo (porque los precarizados de los que se llenan la boca hablando no tienen un gremio aburguesado que los salga a defender). “Las bases organizadas” es el lujo que no ven que tienen: los camaradas salen a cazar al zoológico, porque por los precarizados sólo hacen declaraciones, proyectos de ley y mateadas solidarias escuchando a Silvio Rodríguez.
Como todo año electoral, cada uno quiere su tajada, así que en el horizonte sólo se ven nubes negras. Los compañeros de la UTA prometen traer el apocalipsis a la ciudad, y la gente del FIT quiere sacar algún rédito para las próximas elecciones. En el centenario de la Revolución Rusa pretenden emular a Lenin, Trotsky y compañía y en Octubre romper las urnas para llevarnos a la Rusia Soviética. No les quiero spoilear la serie chicos, pero yo vi en Netflix que el comunismo fracasó en la URSS y en todos lados, o por lo menos lo hizo desde el punto de las libertades individuales, como por ejemplo la de trabajar. Además, ¿qué trabajador va a querer picar la piedra al ritmo del mundo socialista cuando acá el peronismo nos enseñó que la productividad es una mala palabra?
Mientras el camarada “Marinovich” mantiene rebelada a la tropa pidiendo “Paz, Pan y un aumento diferente al de los compañeros de gremio a nivel nacional”, otros gremios deciden apoyar la lucha, como los castigados laburantes de Luz y Fuerza, que cobran sueldos muy por encima que lo que puede cobrar el albañil que se toma el bondi para ir a trabajar, o la empleada de comercio que quiere volver a la casa después de doce horas de doblar ropa en un shopping, o la enfermera que se toma dos bondis para volver a la casa después de haber tenido que verle la cara a la muerte durante todo el día en un hospital que no tiene insumos para atender a todos. Los sufridos compañeros del Suoem, que conocen lo que es el dolor de las manos después de largas jornadas de rascarse, adhieren a la protesta, quizás porque sus sueldos les permiten ir a trabajar todos los días en auto, mientras los chicos y los docentes que deben ir a las escuelas pierden días de clase. Quizás sea un dato menor, pero con su sueldo los choferes, los empleados de EPEC y los municipales pueden mandar a sus hijos a escuelas o universidades privadas, algo que la mayoría de las personas que dependen del transporte público no puede hacer.
Lo que hace el gobierno municipal es dar la pelea política de cara a las elecciones de Octubre, porque el intendente está dispuesto a ganar los lugares que quiere en las listas. Si logra torcerles el brazo a los camaradas se ganaría un caudal electoral importante para levantar su imagen, que por ahora viene más o menos en el campeonato. Si seguimos con la analogía futbolera, una derrota contra los choferes representaría irse al descenso y olvidarse de negociar un buen lugar en la lista de Cambiemos. Por el otro lado, vencer al monstruo que acecha sobre Córdoba significaría para Ramón Javier Mestre ganar la Sudamericana en Brasil: ¡¿después quién le discute esa medalla?!
Llegado Octubre del 17, los muchachos clasistas que se sienten que están tomando el Kremlin van a querer jugar a que van al frente. Ahí se van a dar cuenta de que -sea por lo desmedido de sus ambiciones o lo exagerado de sus medidas- los votantes que los necesitan para poner el pan en el plato de sus hijos cada día han decidido darles la espalda. Mientras ninguno decide ceder en sus reclamos, los ciudadanos comunes somos –ahora más que nunca- ciudadanos de a pie.