Paro de UTA vuelve al origen: se desperoniza

La CGT Rodríguez Peña no contó con el apoyo de sus pares de la CGT Córdoba, comandada por José Pihen, para respaldar a los choferes con un paro provincial. Los delegados trotskistas deberán enfrentar con sus recursos las consecuencias de una huelga que ingresa en su quinto día.

Por Yanina Passero
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CGT
La CGT Rodríguez Peña se declaró en estado de alerta y movilización, pero canceló la oferta de paro general que hizo a los choferes, el miércoles. La CGT Córdoba no participó.

Los choferes del transporte recibieron el aliento que necesitaban, en el momento justo. Ante el aluvión de despidos que se cerniría sobre ellos, ¿cuánto tiempo más podrían sostener los delegados una huelga que sacó de circulación los colectivos desde el primer servicio del lunes? Las cavilaciones individuales de cada chofer, miembros de las ponderadas bases, fueron interrumpidas por una buena dosis de adrenalina la noche del miércoles.
Las columnas de los lucifuercistas, encabezada por Gabriel Suárez; y de los recolectores, liderados por Mauricio Saillén, impregnaron a los activistas de UTA de una sensación de imbatibilidad. Antes, habían sido ilusionados con la chance de nacionalizar el conflicto de la mano del líder ferroviario porteño, Rubén “El Pollo” Sobrero.
La seguridad con la que Suárez y Saillén llamaron a todo el movimiento obrero a solidarizarse con los choferes a través de un paro provincial, dio la clara sensación que el interés político de los delegados trotskistas comenzaría a barajarse con las aspiraciones de los cabecillas sindicales de abierta militancia peronista, aliados inesperados.
Desde estas páginas se señaló que la izquierda parece recuperar, como en sus inicios, la representación legítima del movimiento obrero. Su avanzada incomoda a los históricos dirigentes que observan cómo sus afiliados sienten simpatía por las propuestas clasistas. La unidad que exigieron Suárez y Saillén frente a la sede de UTA Córdoba no puede interpretarse más que como una manifiesta necesidad de recuperar la escena. Si dejar de mencionar que parecía consolidarse un operativo “pinza” ante la avanzada de Cambiemos en la provincia.
Es comprensible que, luego de las deliberaciones entre los referentes de cada asociación que componen la CGT Rodríguez Peña, se haya regresado al apoyo declarativo a la revuelta que protagonizaron los choferes, en principio, por una reapertura local de la paritaria salarial y la normalización de la filial que depende de UTA Nacional.
Aquí, la lista de condicionales para fijar el paro solidario, detallados en el comunicado difundido luego de la reunión de la tarde de ayer en la sede del Surrbac: “Si se desconocen sus derechos, si la negociación en marcha no termina en términos favorables, vamos a desplegar todos los recursos para manifestarnos en contra y enfrentar el intento de seguir avasallando los derechos de los trabajadores”.
Sobre el final, el marco político real en el que debe inscribirse el apoyo a la extrema protesta de los choferes. “Estamos dispuestos a sostener la unidad en la acción para ponerle freno a este modelo de exclusión social que encabeza Macri a nivel nacional y que en Córdoba tiene fieles exponentes”, prometieron los firmantes.
Si el sostén de fuertes dirigentes sindicales ayudó a los díscolos de UTA a mantener una protesta que comenzaría a caer por su propio peso, la ausencia de otro gremialista se convierte en la explicación de la ahora solidaridad pasiva expresada por la CGT “nacional y popular”.
El responsable de la CGT Regional Córdoba y secretario general del SEP, José Pihen, no asistió al convite de hermandad. Su coartada la ofreció con su participación en un encuentro de la Federación Argentina de Trabajadores Estatales. La asistencia del referente de los empleados públicos estaba confirmada hace dos semanas. Ahora bien, el hombre que responde a José Manuel de la Sota no envió a un representante a la cumbre cegetista.
Miembros de Luz y Fuerza habían anticipado que el paro provincial se realizaría si cada célula del sindicalismo cordobés adhería a la movida. Los hechos consumados conjugaron una pésima noticia para los representantes de base de UTA.
Era de esperar que Pihen, sindicalista clásico, no se prestaría al juego del Partido Obrero, al que le basta con sólo dos delegados (Marcelo Marín, de Aucor; y Sonia Beas de Tamse) para ponerle un cerrojo al sistema de transporte.
Por esto, el paro de UTA volvió al origen. El trotskismo tendrá que arreglárselas con sus recursos. Lejos de ayudar, el desembarco del ferroviario Sobrero generó el rechazo del gremialismo justicialista.

Mesa de diálogo
El secretario de Transporte de la Provincia, Gabriel Bermúdez, trianguló ayer las negociaciones entre los interventores dispuestos por UTA Nacional y Marín, el vocero de la afrenta que dejó a pie a casi 400 mil usuarios.
Durante la jornada, circuló con fuerza la versión que el acuerdo estaría cerca. Se desconocían los términos, pero avanzada la noche se supo que las autoridades de UTA Nacional dejaron la mesa. No estarían dispuestos a reabrir una puja paritaria exclusiva en Córdoba porque los riesgos serían de carácter nacional: el efecto dominó no tardaría en producirse en las seccionales de todo el territorio.
La ronda de negociación continuará en Buenos Aires este viernes.

Llaryora y Meste, en el Panal

Sobre la medianoche, el vicegobernador a cargo del Ejecutivo, Martín Llaryora; y el intendente Ramón Mestre, reunidos en la Casa de Gobierno, analizaron en profundidad el estado de situación y solicitaron la intervención eficaz del Ministerio de Trabajo y UTA Nacional.

Además, pidieron nuevamente a los trabajadores que “recapaciten del daño irreparable que están generando con esta medida arbitraria en la ciudadanía y vuelvan a sus puestos de trabajo a partir del primer servicio del hoy”.

Finalmente, solicitaron al Poder Judicial que actúe con firmeza ante las amenazas de supuesto hechos de violencia y vulneración de derechos.