Nuevo exabrupto podría costarle el cargo a Senestrari

El fiscal, que aún le debe explicaciones a la Justicia y a la sociedad cordobesa por fracasos varios en el ejercicio de su función, manifestó su deseo de que “caiga” el Gobierno. La falta de decoro del agente del Ministerio Público es moneda corriente, pero esta vez podría traerle consecuencias.

Por Marìa Viqueira

El afecto de Enrique Senestrari por las cámaras y los micrófonos es conocido, así como su pasión por emitir opiniones políticas en las redes sociales dejando de lado el decoro que le impone su cargo.
Al parecer, el integrante de Justicia Legítima sigue elaborando el duelo por el cambio de Gobierno y por sus estrepitosos fracasos como agente del Ministerio Público. Esta semana, un nuevo desliz verbal lo llevó a los medios nacionales, en donde suele figurar por sus desplantes, más no por sus logros.
El domingo, en un programa radial, se refirió al caso Odebrecht y manifestó sus deseos para Brasil. “Ojalá se termine de caer el gobierno de Temer”, disparó, acotando que esperaba que ese escenario se extendiera en toda región. No conforme, se prestó al juego del conductor de la emisión. “Si se cae Temer, que se lo lleve de la manito y de un brazo a Macri también, ¿no?”, le preguntó, y Senestrari asintió.
Pero fue más allá. Aseguró que la sociedad está “adormecida” y le pidió que “reaccione” para evitar que “volteen” a Maduro en Venezuela. Como era previsible, no emitió una sola palabra sobre las 80 almas que perdieron la vida en lo que va del año, en el marco de la salvaje represión de las protestas populares a manos de las fuerzas chavistas. Lo propio ocurre cuando elogia las bondades del kirchnerismo y calla sobre la corrupción, la ineptitud y el enriquecimiento obsceno de muchos ex funcionarios, héroes populares ante sus (¿ingenuos?) ojos, procesamientos varios al margen.
No es la primera vez que Senestrari “se va de boca”, pero en esta oportunidad la gravedad de sus dichos podría traerle consecuencias. Ricardo Sáenz, fiscal general ante la Cámara del Crimen, vicepresidente de la Asociación de Magistrados y uno de los pocos agentes del Ministerio Público que cuestionó el rol de Justicia Legítima en plena era K, le reclamó a la procuradora Alejandra Gils Carbó que ponga en marcha la maquinaria disciplinaria. “Todos tenemos libertad de expresión, pero un fiscal federal no puede decir eso”, valoró.
Por su parte, el presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Guillermo Lipera, reclamó que sea removido de inmediato y apuntó a un tramo de su declaración radial. “Pide que el pueblo vuelva a ser el que gobierna y no sólo el que ‘pone un papelito’ cada cuatro años. Con esa frase está desconociendo las instituciones republicanas”, aseguró.
Los ánimos del fiscal están alterados desde hace tiempo y su impulsividad ya le pasó factura en octubre del año pasado, cuando la continuidad de su referente, Gils Carbó, quedó en duda y, con ello, su propio cargo.
En aquella oportunidad, en un lapsus adolescente, vía Twitter, mandó al Ministro de Justicia Germán Garavano a “lavarse la boca”. Entrevistado para Infobae, el funcionario estimó que “el zaffaronismo le hizo muy mal a la Justicia penal” y el titular de la Fiscalía Número 1, quien aparentemente sufre de problemas de dogmatismo, arrobó al medio para hacerle llegar su paupérrimo comentario.
La estrella de Senestrari, otrora niño mimado de la prensa local y de la administración K, se va atenuando. Su hipótesis en el “narcoescándalo” fracasó y cuando el Tribunal Oral Federal Número 2 virtualmente absolvió a los implicados no se dignó a hacerse presente en la sala de audiencias. Eligió trasladarse al Vaticano y evitó enfrenar el final de un proceso politizado que “militó” como un soldado. Una actitud similar a la de eliminar un comentario en una red social, pero mucho más costosa para los contribuyentes.
El tribunal describió una situación de orfandad probatoria y recordó que, pese a ello, Senestrari acusó y pidió hasta 15 años de prisión para algunos acusados. Además, estimó que la sociedad cordobesa debe saber qué sucedió realmente y propició una investigación amplia sobre los operadores judiciales que intervinieron. Senestrari debería consignar ese tramo del fallo en la columna del “debe”.
Luego apareció su “testigo estrella”, Juan Francisco “El Francés” Viarnes, en Paraguay, y lo sindicó como partícipe de una “operación” orquestada por el ex secretario de Seguridad, Sergio Berni, para debilitar al Gobierno de José Manuel de la Sota.
Después, la Justicia provincial constató que las supuestas amenazas a la viuda de Juan Alós, una pesquisa conectada con el “narcoescándalo” y otro de sus pilares, no fueron tales.
Además, su pobre desempeño en la causa CBI va quedando al descubierto y ya recibió retos varios por parte de sus superiores.
Lejos de moderarse, Senestrari insiste. Entre otras apariciones, denunció que la difusión de un informe periodístico sobre una deuda bancaria que mantiene con una entidad de la Ciudad de Buenos Aires era “una maniobra en su contra”. En las redes sigue activo en defensa de la procuradora y comparte las intervenciones de Carlos Gonella, el ex titular de la Procelac, procesado por prevaricato por su deslucida actuación en “la ruta del dinero K” y relocalizado en Córdoba mientras la Justicia define su suerte.
En un hecho que el comportamiento del fiscal ya no tiene nada que ver con el debate sobre el modelo judicial vigente y que su desempeño funcional deja que desear Ahora, pese a que es improbable que Gils Carbó tome medidas, parece que llegó la hora las consecuencias. Incluso, algunos especialistas plantearon que podría ser denunciado por delitos contra el orden constitucional y que un juez debería analizar si sus dichos representan una amenaza a la investidura presidencial. Además, como tiene competencia electoral no hay que descartar que Cambiemos accione.