Brazos cruzados de UTA Nacional si hay despidos

El Ministerio de Trabajo de la Provincia dictó la conciliación obligatoria. Los delegados de los choferes no la acataron, pese a la orden del interventor Luis Arcando. Prometen asambleas hasta el viernes.

Por Yanina Passero
ypassero@diarioalfil.com.ar

No le temen a los despidos con causa. Tampoco a la pérdida de los fueros y a la inhabilitación para ejercer la representación gremial por parte del Tribunal de Ética de la UTA Nacional. Los flamantes delegados de los choferes del transporte de la ciudad de Córdoba –electos hace poco más de un mes- aseguran que “no hay cuco que los asuste”. Entienden que llegó la hora de “inmolarse” para poner un punto final al presunto atropello de sus derechos laborales.
El extremismo sindical en UTA llegó para quedarse. Las víctimas de los ataques sorpresa, otra vez, son los usuarios. Desde los choferes, pasando por el gremio, llegando hasta el poder concedente, ninguno parece conmoverse por las complicaciones que genera al usuario un día sin transporte, o varios.
Si a estos referentes de base no les quita el sueño la habilitación legal que tendrán los empresarios nucleados en Fetap para enviar los telegramas de despidos, se entiende por qué desde su prisma ya no los amedrenta la intervención de la seccional por parte de Roberto Fernández, a través de sus adláteres, Luis Arcando y Jorge Kiener.
El Ministerio de Trabajo de la Provincia, a cargo de Omar Sereno, determinó en la tarde de ayer la conciliación obligatoria y propició la mesa de diálogo para encausar un conflicto que, por sus argumentos, demuestra que el paro de los conductores es un cachetazo a la UTA Nacional.
La lista de pedidos enarbolada en anteriores asambleas no varió: piden un incremento salarial del 32,5% (UTA Nacional cerró un 21%) y la normalización de la seccional, comandada por la central nacional de choferes desde septiembre del año pasado, cuando removieron a Ricardo Salerno y toda su comisión directiva.
Pero como ya ha sucedido, imperó la máxima que marcó los contrapuntos entre los conquistadores y la Corona española: “Se acata, pero no se cumple”. El interventor asumió el mandato de la cartera laboral, pero los delegados redoblaron la apuesta prometiendo la retención del servicio hasta el viernes.
Se respira el perfume del retroceso. Los libanizados delegados desafían la estructura verticalista de la UTA, aunque afirman que no existe la intención de montar un gremio paralelo. Lógico: reniegan de sus conquistas, pero saben que son muy superiores al del común de los mortales. ¿Por qué sacar los pies del plato, entonces?
Piden elecciones a punta de insensibles paros, piquetes, vandalismo y repudiables agresiones a los comunicadores sociales. Esquizofrénica forma de abrir la puerta a la democracia interna cuando apelan al mismo modus operandi que desencadenó en la intervención de la filial.
Lo cierto es que la relativa paz que reinó durante varios meses en transporte urbano viró, sin grises, a una maraña de conflictos difícil de desenredar. Podría exigirse, con razón, mayor energía por parte de la UTA Nacional si se tiene en cuenta que los delegados díscolos dieron señales del conflicto que acaecería. Desde ayer, quedó claro que están descontrolados los referentes sindicales de extracción política clasista.
Para responder con la fuerza que se exige en estas circunstancias, Arcando dejó claro que no moverá un dedo si las empresas deciden desvincular a los choferes que no cumplan con sus obligaciones desde el primer servicio de hoy. Cuenta con los avales de sus superiores en UTA Nacional para quitarles la mano a quienes amenazan con poner en jaque la prestación por un cúmulo de reclamos de fuerte tinte político.
A nivel interno, Arcando envió un mensaje a la mesa chica, es decir, a los dirigentes locales que prometieron apoyar la intervención. Hasta el 29 de junio, sus puestos están ratificados pero no garantizados después de esa fecha.
La desconfianza general y la anarquía, reinan.