Asomó la grieta del 25

Venimos de años en que la manipulación política de las fechas patrias ha sido burda y degradante. El 25 de Mayo se celebraba con centro en la recordación de la asunción presidencial de Néstor Kirchner y no en los acontecimientos en torno del cabildo porteño en 1810.

Por Gonzalo Neidal
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Los desfiles no le caen bien a todo el mundo.
Eso pudo verse el sábado con el festejo central del 25 de Mayo, en la Capital Federal. Probablemente esta percepción esté impregnada por las opiniones del mundillo de las redes sociales, altamente politizado y con mucha vocación de opinar en una u otra dirección.
Uno podría pensar que los festejos de una fecha patria deberían ser un punto de unidad ubicado por encima de todas las diferencias políticas existentes. Pero no es así. Ni cerca. Más aún si media un desfile con la inevitable participación central de las Fuerzas Armadas, a la que ahora se agregan los veteranos de Malvinas y algunos adherentes que reivindican in totum el accionar militar sugiriendo una aprobación por el período crítico, o sea el que de los años de la lucha contra la guerrilla.
Probablemente la amplia mayoría de la población permanezca ajena a estos humores y quizá ellos en definitiva expresen sentires extremos sin arraigo significativo en amplias franjas de ciudadanos. Pero este sábado se leyeron expresiones increíbles respecto del desfile militar y su significado. Una periodista comparó el despliegue de los aviones con el bombardeo de la Casa Rosada en junio de 1955. Una actriz que gusta del alto perfil aportó también su cuota de liviandad anti-militar.
Al parecer, las fiestas patrias son celebradas únicamente por aquella fracción de ciudadanos afines al tono político de quien gobierna. Otra parte prefiere no participar de los festejos públicos pues ha de pensar que si se suma a los fastos, su presencia (ni hablemos de su entusiasmo) podría ser tomada como una adhesión al gobierno de turno.
Venimos de años en que la manipulación política de las fechas patrias ha sido burda y degradante. El 25 de Mayo se celebraba con centro en la recordación de la asunción presidencial de Néstor Kirchner y no en los acontecimientos en torno del cabildo porteño en 1810. A mediados del siglo pasado, la celebración central de la fecha patria estaba centrada en el 9 de Julio, no en el 25 de Mayo. Y esto parece más certero por más de una razón. Primero, el contenido institucional de ambas fechas. Una significó casi una revuelta de vecinos, la otra la voluntad de declarar formalmente la Independencia nacional.
Asimismo, el 9 de Julio incluyó la participación de las Provincias que fueron luego las que tomaron la iniciativa para establecer un carril institucional alrededor de la Constitución, tras el derrocamiento de Rosas.
Sin embargo, en uno y otro caso seguramente encontraremos motivos para la disputa ideológica. En la Argentina de hoy existe un debate que cruza cada uno de los temas de la vida nacional. Es como si coexistieran dos países o dos conceptos de país que se alternan en el ejercicio del poder y cada uno, a su turno, avanza en la dirección opuesta al otro.
Y terminamos dando vuelta en círculos, sin avanzar.
Como en un desfile.