A ganar o perder

Este Tinelli que vuelve hoy a la pantalla chica es diferente, porque se lo sabe vulnerable. Ya no es el astro indiscutido del rating ni el ganador que se lleva todo por delante (presidentes incluidos). Tras 28 años de brillo, la estrella de la televisión abierta se pone otra vez el overol para salir a remarla.

Por J.C. Maraddón
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Hay rituales establecidos para el mes de mayo que, por repetidos, parecen incorporados a al acervo cultural argentino desde tiempos inmemoriales. Para el 1 de mayo, en conmemoración del Día del Trabajo, se estila comer locro, aunque la temperatura ambiente supere los 20 grados. En la celebración del 25 de mayo, cuando se recuerda al Primer Gobierno Patrio, además de comer otro locro, se supone que hay que utilizar la escarapela como símbolo de argentinidad. Y hacia fin de mes, la costumbre indica que comenzará una nueva temporada de “ShowMatch”, el eterno programa de televisión de Marcelo Tinelli, que desde hace tiempo ha sido cooptado por el reality show “Bailando por un sueño”.
Por supuesto, no se tiene en cuenta aquí la importancia de los acontecimientos, sino la rutina que, anualmente, se verifica en relación a estas fechas. De hecho, las dos primeras están marcadas en rojo en los calendarios, porque se ha instituido un feriado para festejarlas. El lunes en el que debuta Tinelli todavía no es feriado, aunque pone a muchos en la situación de quedarse frente al televisor más allá de la medianoche y los obliga a asistir a su trabajo al día siguiente con signos de no haber dormido la cantidad de tiempo suficiente.
Salvo en la temporada 2013, en la que el zar de la tele se abstuvo de poner al aire su producto más querido, cada año, durante el mes de mayo se instalan temas como quiénes serán los participantes del “Bailando…”, quiénes integrarán el jurado y cómo será la apertura del ciclo. Sin embargo, todos sabemos que el devenir del programa será una lotería: algunos concursantes se bajarán (voluntaria o involuntariamente), lo mismo pasará con los honorables jurados y, transcurridas un par de semanas de la primera emisión, ya nadie se acordará de qué trataba el video de apertura.
Pero esta vez se percibe atmósfera distinta de las habituales, mucho menos triunfalista y desbordante. Las mediciones del rating de los últimos años no fueron tan arrasadoramente favorables a “ShowMatch” como ocurría en sus mejores épocas. Telenovelas argentinas, turcas y brasileñas, entre otros competidores, le pintaron la cara al reality de Tinelli, quebrando esa racha que alguna vez parecía inagotable. Además, la propia televisión está siendo cuestionada como medio de comunicación más influyente, cuando se la compara con los soportes digitales que tienen cada vez más llegada, sobre todo en las nuevas generaciones que navegan por internet desde la cuna.
A todos estos factores hay que sumarle el rotundo fracaso de la incursión de Tinelli en la puja por la conducción de la AFA, que puso en situación de “loser” a alguien que siempre había tenido una imagen de “winner”. Si bien es probable que el conductor televisivo tenga injerencia en la llamada “Superliga”, está claro que se trata de un premio consuelo. Y todavía no se sabe muy bien si se retiró de la escena de la dirigencia deportiva por sus problemas de salud o si fueron precisamente sus desventuras en la Asociación del Fútbol Argentino las que le provocaron el pico de estrés que lo obligo a realizarse estudios clínicos.
Este Tinelli que vuelve hoy a la pantalla chica es diferente, porque se lo sabe vulnerable. Ya no es el astro indiscutido del rating ni el ganador que se lleva todo por delante (presidentes incluidos). En un momento en que la empresa que fundó (y vendió) se encuentra en pleno plan de achique, la estrella que lleva 28 años brillando en la televisión abierta argentina vuelve a ponerse el overol y sale a remarla con lo que mejor le sale. Pese a todo, el show debe continuar.