Mejorar la educación, el desafío más importante también para la economía

Los resultados de las evaluaciones, las estrategias de mejora del sistema y el desinterés social en el tema fueron los aspectos analizados en una reunión empresaria con muchos ausentes.

Por Gabriela Origlia

educación-mediterraneaLa reunión empresaria organizada por la Fundación Mediterránea tuvo como eje la educación y su impacto en la mejora de la calidad de vida y en los resultados económicos. Los datos muestran claramente que a mayores niveles de educación, mejor empleabilidad y menor informalidad laboral.
Pese a la importancia del tema como uno de los desafíos cruciales de la Argentina, la asistencia de los empresarios fue menor a cuando las exposiciones rondan sobre temas macroeconómicos. Perdieron la chance de escuchar el impacto de aprender sobre sus propios intereses.
Guillermo Jaim Etcheverry fue directo sobre ese punto, el de la falta de interés social por la educación. “Todo se limita al comienzo de las clases, a nadie le importa la calidad”.
El economista Gerardo García Oro planteó que en los últimos años el aumento de recursos para educación no mejoró los niveles de rendimiento de los alumnos; el 92% de los gastos en el área en el país va a salarios. En los países de la Ocde -con mejores resultados en las evaluaciones internacionales- ese porcentaje ronda el 82.
A su criterio, esa desproporción -con su consecuencia en los resultados- impactó en la trayectoria de las matriculaciones: en los últimos 12 años 871 mil alumnos ingresaron al sistema y sólo el 19% fue al sector estatal.
“La educación pública dejó de actuar como un igualador de oportunidades”, señaló y planteó que hay un esfuerzo de las familias por enviar a sus chicos a las escuelas privadas. La relación docente /alumnos es de 1 a 12 en el segmento privado y de 1 a 14 en el público.
Respecto del costo de los egresados universitarios, desde el 2003 a hoy el costo se triplicó y hoy en las universidades públicas es de 1 millón de pesos.
Como estrategias que demostraron tener éxito a nivel internacional es la jornada completo, el mayor acceso a textos, una mejor infraestructura mientras que, respecto a los docentes, González Oro señaló que los incentivos por productividad tienen mejores resultados que los generalizados, como así también la evaluación de los enseñantes.
El planteo del economista es el que los docentes de distintas provincias rechazan; en los últimos tiempos quedó claro la posición en el conflicto de Buenos Aires, donde el gremio se opuso a pagos diferenciados. Por ejemplo, un alumno que ingresó en el 2005 en esa provincial al colegio perdió 160 días de clase.
García Oro enfatizó que la educación es la llave para “elevar la productividad y erradicar la pobreza”, a la vez que insistió que los desafíos educativos en la Argentina son de carácter estructural y no se resuelven sólo dedicando más recursos, “es lo que se hizo en los últimos años sin resultados en la calidad”.
Por su lado, Jaim Etcheverry, planteó que existe un “desinterés social profundo” por la educación. Por un lado va lo que se dice y por el otro los hechos concretos. “El pacto educativo fundante está roto; los resultados demuestran que cada vez exigimos menos”. Indicó que un emergente de la falta de interés en la educación es los bajos salarios de los docentes.
Para el experto, el problema argentino “no es de avanzada; es de la retaguardia: los alumnos no entienden lo que leen. El problema es de la base”. Respecto de la tecnología, apuntó que no hay que confiar en la tecnología como “inteligencia por sí misma”.
Reiteró que la clave del cambio pasa por “generar la demanda social por la educación; nada va a cambiar por más planes y modificaciones de curricula que se hagan”.
Habló de las pruebas Pisa y de que no hay sorpresa de que los mejores resultados sean de alumnos hijos de familias de mejor situación económica, de padres profesionales y que asisten a escuelas con más recursos.
“Sin embargo, los mejores argentinos son los peores de 30 países. No nos equivoquemos, no contamos con una elite ilustrada en comparación con el resto del mundo. Los resultados de Pisa no causaron impacto; nadie se movilizó. Al contrario, buscamos excusas. No hay que preocuparse porque la escuela no sea entretenida, esa es una característica del mundo del espectáculo. Hay que buscar el sentido”.