Nueva dinámica en la política universitaria

Resulta revelador analizar el juego político de algunos candidatos, en especial el de aquellos que apoyaron el cambio a la elección directa.

Por Gabriel Osman
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Elena Pérez, decana de Facultad de Lenguas – Marcelo Conrero decano de Agronomía.

El próximo 6 de junio se aplicará por primera vez el método de elección directa de decano y vicedecano en siete facultades de la UNC. Esto pese a que el kirchnerismo universitario intentó, con procedimientos nada académicos, impedir que se reuniera la Asamblea Universitaria en diciembre último para aprobar el nuevo sistema. Los votos se evaluarán ahora mediante una fórmula matemática que pondera la incidencia de cada claustro (estudiantes, docentes, egresados y no docentes). No habrá más intermediación de los 18 miembros del Consejo Directivo haciendo las veces de “colegio electoral” susceptible de componendas y arreglos ajenos a la voluntad de sus votantes.
Resulta revelador analizar el juego político de algunos candidatos, en especial el de aquellos que apoyaron el cambio a la elección directa. Como ejemplos paradigmáticos se puede tomar al actual decano de Ciencias Agropecuarias, Marcelo Conrero, y a la decana de la Facultad de Lenguas, Elena Pérez. Conrero tiene un pasado de militancia radical que se remonta a sus años estudiantiles, ha pasado por todos los cargos electivos y por muchos de gestión, antes de llegar al decanato de su facultad; su afinidad política con el actual rector Hugo Juri, lo ha convertido en un impulsor importante del nuevo sistema electoral. Su facultad, muy politizada, nunca tuvo relaciones fáciles con los últimos dos rectores, Scotto y Tamarit, de los que se mantuvo siempre a prudente distancia: ni oposición cerril ni genuflexión. De Conrero puede decirse que es un político universitario “de carrera”, sazonado desde sus tiempos estudiantiles.
El caso de Elena Pérez, en la Facultad de Lenguas, es llamativamente distinto. De perfil académico, ingresó a la política universitaria en 2006, cuando estuvo entre los fundadores de Acción Académica, la agrupación que en 2008 desalojó del poder a Cristina Elgue de Martini, la hasta entonces sempiterna decana, que pretendía continuar batiendo récords de permanencia en el cargo. La candidata a decana por Acción Académica, Silvia Barei, fue impuesta por Carolina Scotto, que en 2007 había sido elegida rectora. Barei fue reelecta en 2011 y pasó a ser vicerrectora en 2013. Como decana, Barei fue, de hecho, una interventora de Scotto en Lenguas, a la que despojó de todo atisbo de autonomía y subordinó a los devaneos estalinistas de la “joven rectora” (Cristina dixit), por entonces flamante conversa al kirchnerismo y en meteórico ascenso al estrellato político (en el que fue sólo estrella fugaz, ya olvidada). La dedicación exclusiva de Barei a su promoción política personal produjo resistencias dentro del grupo Acción Académica. Ya en 2006 se había formado otra corriente docente, llamada Integración y Compromiso, de perfil más profesionalista.
En 2014, Elena Pérez presentó por primera vez su candidatura al decanato, que obtuvo en una elección muy ajustada, frente a Integración y Compromiso. En esa oportunidad fue boicoteada desde el Rectorado por Barei y Tamarit, quienes ordenaron a sus adictos (consejeros estudiantiles y egresados) que primero se abstuvieran y luego que abandonaran la sesión para tratar de dejarla sin quórum. La actitud responsable de los docentes de Integración y Compromiso, que mantuvieron el quórum, permitió la elección de Pérez por el mínimo de votos. Con buena cintura política, Pérez logró que las dos agrupaciones se unificaran en 2016 para la elección de consejeros directivos, con lo que obtuvo los nueve consejeros docentes. Sumando a los dos representantes egresados, los tres estudiantiles de Franja Morada y el no docente, la decana cuenta actualmente con 15 votos en el Consejo Directivo: con el antiguo sistema tendría asegurada una holgada reelección. Como se dice, tenía la vaca atada.
Pese a su muy favorable situación, hizo suya la postura mayoritaria de los docentes y apostó al sistema de elección directa, afrontando las ya conocidas dificultades para reunir a la Asamblea Universitaria contra la escandalosa “resistencia” del kirchnerismo, con su violencia, tomas y atrincheramientos. Es paradójico que el candidato que ahora la enfrenta, Mario López Barrios, militara entre los que tomaron el Pabellón Argentina para impedir la realización de la Asamblea Universitaria. Seguramente lo hace sin remordimientos ni autocrítica, conceptos esencialmente ajenos a la weltanschauung kirchnerista.
Como se ve, el nuevo sistema electoral le ha dado una dinámica impensada a la actual escena política de la UNC, con la aparición de algunos actores interesantes. Resta saber cómo jugará el actor más importante: el electorado.