Kicillof sigue hablando

Kicillof argumenta que dejó una economía en pleno crecimiento. Las cifras disponibles no le dan la razón, ciertamente.

Por Gonzalo Neidal
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kicillofNada ayuda menos a remontar una derrota que la adopción de una actitud autoindulgente. En tal sentido y por aquello que dijo Napoleón de que “no hay que distraer al enemigo cuando se equivoca”, quizá convenga no formular ninguna observación a recientes dichos de Axel Kicillof, donde analizó los motivos del triunfo electoral de Macri.
Su postura es más o menos ésta: todo estaba bárbaro pero perdimos porque Macri mintió y la gente le creyó; así y todo, sacamos el 49% de los votos tras 12 años de gobierno.
Resulta curioso que el titular del área donde opera el INDEC hable de mentiras ajenas. Es el mismo que se negó a publicar la cifra de pobres en razón de que constituía un dato que podía estigmatizarlos. Una frase que quedará en la historia de la economía argentina.
Agregó una frase reveladora: “Si nosotros hubiésemos mentido, ganábamos”. Por lo que ha podido verse con posterioridad a la asunción de Macri, el gobierno que integraba Kicillof no se ha privado de mentir. En realidad, podría casi decirse que todo el gobierno era una mentira, en el sentido que todo (economía, instituciones, justicia, educación, etc.) carecía de la solidez y la seriedad que se pretendía y se propagandizaba.
Esto ha podido verse claramente en estos meses y ha sido precisamente el deterioro económico que encontró el nuevo presidente lo que en gran medida le ha impedido cumplir con sus promesas electorales en los tiempos previstos.
De todos modos, Kicillof debería quedarse tranquilo. Si todo es como él dice, rápidamente el pueblo comprenderá que ha sido engañado y retornará al redil que nunca debió abandonar: el del kirchnerismo. A lo largo de los años venideros podremos comprobar si esto ha sido efectivamente así o no.
Kicillof argumenta que dejó una economía en pleno crecimiento. Las cifras disponibles no le dan la razón, ciertamente. No sólo eso: ha sido durante su gestión cuando la inflación se disparó a niveles que ahora resultan difíciles de combatir sin recesión. Y esto ocurrió porque el gobierno que él integraba inyectó liquidez en forma alocada para sostener artificialmente un alto nivel de consumo que hiciera pensar que todo iba viento en popa. Esa liquidez es la principal responsable de la alta inflación que el anterior gobierno le heredó a Macri y es una de las principales causas de las dificultades económicas presentes y de las que habremos por algún tiempo más.
La historia podría verse de otro modo. Por ejemplo, si tras la primera vuelta en la que obtuvo una diferencia exigua, Daniel Scioli se hubiera separado de Cristina de un modo más decidido y manifiesto, entonces quizá hubiera logrado un triunfo en la segunda vuelta.
Como fuere, aún cuando se manifestaba como un continuador de los Kichner, en campaña Scioli se cuidaba muy bien de exaltar los presuntos logros económicos que Kicillof se atribuye. Al contrario, sus principales asesores económicos, indicaban que había que corregir la alta emisión monetaria, arreglar con los holdouts, salir del cepo cambiario y eliminar los estrafalarios subsidios a la energía.
En consecuencia, más que debatir con el gobierno, Kicillof debería comenzar primero por convencer a una amplia franja del propio peronismo, que no le cree ni está de acuerdo con él.