¿El primer error no forzado de Rogelio Frigerio?

En la cartera del Interior se habían dado cita legisladores e intendentes de Unión por Córdoba para tratar con el ministro la asignación de obras en ciudades gobernadas por ellos. Todo iba bien. Rogelio Frigerio, fiel a su talante, oficiaba el rol de anfitrión empático, una apostura que le viene como anillo al dedo.

Por Pablo Esteban Dávila

El pasado lunes ocurrió un episodio delirante dentro un ambiente augusto. En la cartera del Interior se habían dado cita legisladores e intendentes de Unión por Córdoba para tratar con el ministro la asignación de obras en ciudades gobernadas por ellos. Todo iba bien. Rogelio Frigerio, fiel a su talante, oficiaba el rol de anfitrión empático, una apostura que le viene como anillo al dedo. Los intendentes lo escuchaban con atención. La mayoría sabía que algunos compromisos formaban parte de la corrección política pero que otros podrían tornarse realidad. Reuniones como estas nunca son en vano.
Pero, mientras esto sucedía, el propio Ministerio sacaba a relucir una queja por la situación de los intendentes de Cambiemos en la provincia. Allegados a Frigerio reclamaron que se diera a aquéllos “el mismo trato que recibe Schiaretti de parte de Macri”. Fue una situación extraña: mientras el dueño de casa intentaba seducir a los peronistas, alguno de sus colaboradores salía a atacarlos con sincronizada perversidad. Todo bastante bizarro.
La situación pareció escalar ese mismo día cuando, al filo de la tarde, el gobernador Schiaretti convocó a sus ministros para analizar el galimatías. En realidad, lo de “análisis” fue un decir: ninguno podía dar otra cosa que una opinión en el aire de lo que había pasado pocas horas antes en la Capital Federal. Schiaretti se mostraba especialmente contrariado. ¿Acaso Frigerio no viene a recorrer obras conmigo el próximo viernes? –“Sí”, fue la respuesta unánime. Es lo único de lo que tenían absoluta certeza.
El peronismo, en cualquiera de sus variantes, es un partido racional. Siempre quiere más. Por lo tanto, es difícil para sus dirigentes aceptar que exista un hecho político sin un propósito incremental. Si el ministro del Interior protestaba contra el gobierno de Córdoba en el mismo momento en que recibía a los intendentes del PJ es porque, básicamente, pretende algo. Causa y efecto. Son cartesianos del poder, aunque les guste emocionarse con Evita, la justicia social y la marchita.
Pero el problema es que ni Frigerio ni sus colaboradores pretendieron sacar otra cosa que un poco ingenioso contrapunto entre la supuesta generosidad de la Nación hacia Córdoba y la simétrica avaricia de ésta hacia los intendentes macristas. Ni siquiera hicieron planteos del tipo “resuélvanlo antes que nosotros podamos ayudarlos”. Silencio. ¿Se trató de otro error no forzado, ahora dentro de la cartera del ministro más político del gobierno nacional? Para Schiaretti es difícil aceptar que tal cosa exista, aunque todo apuntaría a ello.
La hipótesis se asienta en bases firmes, quizá las más consistentes desde que el presidente y el gobernador inauguraron una relación de especial cortesía. Se trata de una cadena causal de fácil interpretación. Al bajarse José Manuel de la Sota de su candidatura, Unión por Córdoba perdió a su macho alfa, el único capaz de polemizar exitosamente con la Nación. Esto abrió un nuevo escenario, en donde Cambiemos puede, al fin, ilusionarse con un triunfo local y en donde Schiaretti puede dedicarse a la gestión sin temor a colisionar con su antecesor. Sólo un tonto podría, en este contexto idílico, mojar la oreja del Centro Cívico con una minucia como la señalada.
El suceso ilustra de cómo ninguna área del gobierno nacional se encuentra exenta de cometer errores políticos, aún los más pueriles. Cambiemos necesita, incluso, algo de discriminación en la provincia para tener algún tema de interés y diferenciarse en la campaña. ¿Para qué solucionar estas cuitas ahora, cuando falta todavía mucho para las elecciones y cuando el propio ministerio del Interior es capaz de auxiliar a sus intendentes amigos de diversas formas con diferentes herramientas? No parece un asunto que merezca tanta molestia, al menos desde una aproximación táctica.
Lo más llamativo del caso es que, cuando Frigerio desembarque en Córdoba, el asunto estará olvidado. Tal vez exista algún reproche en privado, de esos que se dicen para evitar que luego se comente “lo tranquilo que estaba” fulano, pero no habrá un escarnio público de parte del gobernador.
Lo que tal vez provoque alguna amonestación sea la utilización nacional de las obras que ejecuta la provincia, tal como analizó Alfil en su edición de ayer. Si hay algo que el gobernador cuida como a un hijo es su ambicioso programa de trabajos públicos. En este punto su copyright debe ser claro, indubitable; si la Nación aportó una parte, pues que reconozca el mayorazgo provincial en tal o cual emprendimiento y sin utilizarlo para su exclusivo provecho.
Ocurra lo que ocurra, Frigerio no tendrá muchas más alternativas que darle la razón al cordobés. Schiaretti ya fue claro en muchas ocasiones: de gestión sólo habla con el presidente y, una vez decididas las prioridades, sólo espera que los ministros nacionales hagan lo que su jefe acordó con él. Si el ministro del Interior, por más peronista que se diga que es, pretende variar algo de los acuerdos preexistentes, Macri se pondrá siempre del lado del gobernador. Como Frigerio lo sabe, probablemente insista en que todo lo sucedido durante la semana fueron sólo errores desafortunados. -”No volverá a pasar”, prometerá. De ello depende la campaña de baja intensidad que, ante el escepticismo de muchos (y para alegría de la Casa Rosada), profetizó Schiaretti hace ya tiempo.