Crisis y desencuentros, una tradición

Diarios de 1872 ponen en palabras los aprietos que se hacen visibles en todas las actividades y dimensiones de la vida Cordobesa.

Por Víctor Ramés
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Litografía de Carlos Armanino publicada por La Carcajada en 1874.

La descripción de las cíclicas crisis a las que estuvo sometida Córdoba en el siglo XIX son un tema recurrente en los periódicos de la segunda mitad del siglo. En 1872, durante la presidencia de Sarmiento y el gobierno en Córdoba de Juan Antonio Álvarez, la provincia atravesaba –como todo el país- un período crítico en el que se sentían los coletazos del fin del enfrentamiento entre la Confederación Argentina y el estado de Buenos Aires, la finalización de la guerra del Paraguay que había dejado miles de muertos, las arcas exhaustas y deudas por empréstitos millonarios, mientras la oligarquía nacional se desvelaba por ingresar al mercado mundial. Transitando las causas macro de esa gran crisis que estallaría a nivel internacional en 1873, Córdoba intentaba salir adelante. Las descripciones periodísticas locales señalan a comienzos de 1872, mientras se desarmaba la Exposición Nacional y Sarmiento tendía también en esta ciudad mediterránea otros proyectos de transformación científica (el Observatorio Nacional, la venida de sabios extranjeros), la generalización de la parálisis productiva y cuadros sociales de pobreza.
Esas reflexiones y descripciones periodísticas se asemejan tanto a nuestra realidad actual, que parecerían estar señalando una tribulación tradicional con todas las letras.
Así describe el diario La Carcajada de enero de 1872 el panorama, con énfasis propio de la mirada inmediata. Editamos la cita, plagada de pullas a personajes de la época, no siempre comprensibles a los lectores de hoy:
“De mal en peor
Estamos con el agua que nos llega a la boca.
Las llamas de la miseria y la pobreza lo van consumiendo todo.
De esta catástrofe no salvamos aunque nos descostillemos.
Por todas partes no se oyen sino gemidos.
De arriba para abajo, de sud a norte y aun esquinado si se quiere, la población está en un letargo asombroso y sumida en la más temible tribulación.
“Los tenderos y almaceneros no hacen más que sacudir el polvo de los estantes y de cuando en cuando tirar el cajón para ver si se ha obrado algún milagro.
Los carpinteros no hacen ni cajones de difuntos (…), Los zapateros no tienen ni composturas que hacer (…). Los albañiles no trabajan ni una sola vereda, por más que las que tenemos sean un motivo de que muchas almas se pierdan.
Los sastres no se ocupan de otra cosa que de cruzar los brazos (…). Los cocheros no ganan ni para costear la mantención de los caballos (…).”
Como conclusión parcial de su análisis, dice el redactor de dicho diario:
“Verdaderamente esta situación es inexplicable para nosotros.
Hoy que contamos con ferro carriles, telégrafos, observatorio, alambres carriles, esposición y mil cosas más que demarcan el progreso en que estamos o en que hemos entrado, es inexplicable decíamos el que se sienta una pobreza tan en grado heroico y eminente.
(…)
Quién iba a creer cuando se gritaba en las calles y las plazas, que Córdoba cambiaría de faz y que el oro se derramaría por todas partes (…) que nos habíamos de quedar como para pedir limosna?”
Por su parte, El Progreso de los mismos días, atribuye al lujo una influencia decisiva en la pobreza reinante:
“La paralización del trabajo, ya demostrada por nosotros y la calma porque atraviesa el comercio, nos enseña que la parsimonia debe servirnos de norma en los consumos, así públicos como privados.
Una breve ojeada por nuestra sociedad y el gobierno, nos pondrá al cabo del desequilibrio en que marchan los consumos con las utilidades y que los muy escasos reales que debían emplearse en necesidades urgentes, se dilapidan en objetos de lujo.
El gobierno cuyos empleados hace largo tiempo no perciben sus sueldos, gastó una suma considerable de pesos en preparar un palacio al Presidente de la República, sus empleados sufrían los horrores de la necesidad, y los edecanes de magistrado derramaban la cerveza y comían exquisitos manjares.
Se edifica templos, algunos se refaccionan con el dinero de la provincia y para caminos, para correos, para lo necesario no hay.
(…)
El lujo que reina en esta provincia, no puede subvenirse sino a costa de lágrimas, a costa de grandes sacrificios.
No hay capitales en actividad, no hay industrias y sin embargo el lujo impone su poder y sus caprichos, cien pesos que servirían para sembrar trigo o centeno, adornan en forma de sortija el dedo de cualquier señorita, que sin eso sería más buscada y más bella.”
Y más adelante, en el mes de mayo de 1872, la situación lejos de mejorar, ha empeorado a juzgar por un artículo de El Progreso que titula “Lamentable situación de Córdoba”, donde se repiten letanías de tristeza.
“La provincia de Córdoba pasa en estos momentos por la más triste y desesperante situación que jamás pudiera llegar para un pueblo.
Si el comercio no está arruinado, está empobrecido y marchando sin rumbo al abismo.
La industria está muerta por falta de capitales.
La propiedad está en depreciación y nada vale para el crédito del comerciante o del industrial al objeto de encontrar dinero.
La agricultura antes tan floreciente y productiva, hoy está arruinada por continuados años de seca y por falta también de capitales.
Y a a par que todo ha subido, que las necesidades se han centuplicado, que el capital falta para todo y que el lujo nos invade como la última de las calamidades, cuando la pobreza general de la provincia que amenaza arruinar al país.”
El Progreso señala como una de las causas subjetivas de la crisis que tiene a Córdoba en carne viva, la desunión y el enfrentamiento de las facciones políticas.
“No solo falta la unión que consuela y fortalece para buscar el remedio al mal común, sino que cada uno se alegra de la ruina del adversario, creyendo tener una dificultad menos en la lucha sangrienta que despedaza este pueblo causando el más grave perjuicio a sus intereses!
(…)
Córdoba tiene sus hijos divididos en bandos, y una mitad se goza en llamar bandidos y salteadores a la otra mitad, como cavando un abismo para que los hermanos no se abracen jamás en el amor santo de la patria, y en el interés de su engrandecimiento.
Eso es Córdoba en estos momentos!”