La ondulación de la topografía urbana

Las bajadas cordobesas y los bajos del río, han sido parte histórica de la identidad local, y aquí se rescatan algunas menciones periodísticas sobre esos rasgos de la urbe.

Por Víctor Ramés
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Cuadro de Honorio Mossi, de 1895 (fragmento). La ciudad vista desde las barrancas de Alta Córdoba.

La situación de la ciudad de córdoba, caracterizada desde siempre como una urbe hundida en una especie de pozo, una ciudad “entre barrancas”, determinó una serie de desniveles que definieron parcialmente la circulación urbana. Los altos y los bajos de Córdoba fueron fisonomías que la propia historia de la ciudad debió remontar, ocupar, con las que debió convivir y que le otorgaron a su vida características particulares. Fueron características –y aún lo son- las bajadas de la ciudad hacia el río, las subidas –según de dónde se las mire- hacia el poblamiento de las barrancas, y previo al gesto de ir ensanchando en anillos la traza de la ciudad fundacional, proceso que recibe el impulso del crecimiento demográfico, desde fines de los años ’70 del siglo XIX y del progresismo económico y político que se forja en los años ’80 hacia adelante. Son estas consideraciones más que generales, apenas una introducción a algunos cuadros que en el período de un par de décadas de devenir histórico muestran la preocupación por convivir con esos desniveles mencionados, con las bajadas de la ciudad que, a consecuencia de las lluvias, muchas veces se convertían en vías intransitables pese a su importancia crucial para la comunicación entre barrios y con las regiones provinciles y el resto de país.

En febrero 13 de 1858, el diario El Imparcial menciona la necesidad de arreglar las bajadas de la ciudad, sin detenerse a especificar a cuáles se refería, lo que indicaba una generalización del problema.
“Las bajadas
Tenemos muy fundadas esperanzas de que serán compuestas muy pronto; porque además que la municipalidad se ocupaba ya con actividad de hacer esta notable mejora, se ha ofreció graciosamente a hacerse cargo de la obra el inteligente Sr. Gordillo.
Con tan excelente ayuda y la buena voluntad de la municipalidad tiene para hacerlo no dudamos que muy pronto veamos realizarse tan importante mejora.
Un aplauso pues a la municipalidad y un voto de gratitud al Sr. Gordillo”

El mencionado señor Gordillo tenía a su cargo el transporte en diligencia hacia distintos puntos del país y de la provincia, por lo cual era un interesado principal en solucionar los peligros y los impedimentos que representaban esas bajadas para la conducción de los vehículos de caballos a través de ellas.

Un mes más tarde, el diario insiste con el tema, al ver que no prosperaban las obras de mantenimiento prometidas por la municipalidad.
“En qué quedó?
Mucha bulla metieron y metimos vez pasada, con que se iban a componer las bajadas. La bulla se acabó, pero el trabajo no, porque no se ha principiado siquiera.
Por qué será ello? Porque los sres. Municipales son inconstantes? No, porque nosotros conozcamos a muchos de ellos que son un dechado de constancia y fidelidad.
Porque les falta voluntad? No, porque demasiado buena la tienen. Porque no tienen plata? Puede ser, porque como los pocos reales que tenían se los han engatusado los propietarios que pisan muy contentos sus veredas pero no las quieren pagar, se ha quedado sin un cuarto; así es que si el Sr. ajente fiscal no se apiada de ellos y les hace pagar lo que le deben, no hay esperanza de mejora.

Aun dejando mucho vacío en el medio –dos décadas- vale la pena asomarse a la continuidad del problema en 1878, tal como lo presenta el diario El Progreso de fines de enero de ese año.
“Las bajadas
Todo no se puede hacer a un tiempo, es verdad, pero como todo ha sufrido deterioro, es preciso señalarlo a la atención del Concejo Ejecutor, para que se ponga remedio, antes que el mal sea mayor con nuevas lluvias.
Las bajadas han quedado en pésimo estado, muy principalmente la que da al Pueblo Nuevo y recibe todo el tráfico de cal, y el comercio de la Sierra y de Cuyo.
Seis mil pesos se han votado para reparar las bajadas, y con esos recursos bien puede emprenderse con buen trabajo, para garantir por algún tiempo el tráfico en ese camino que es el más concurrido y por el que entra la mayor parte del comercio que paga impuestos.
Los carros de cal y tropas que venían por ese camino, no podían pasar antes de ayer por el mal estado de las bajadas.”

También aparecen los desniveles de la ciudad en el tópico de los bajos del río, zonas en cuyas proximidades se tendían hasta entrado el siglo XX delimitaciones de leyendas y verdades vinculadas a la marginalidad cordobesa, como ocurrió con la tan mentada Seccional Segunda, al norte de la ciudad y a pocas cuadras del centro urbano.
Escindida de consideraciones orilleras casi épicas sobre el lumpenaje cordobés, se cuenta la cita que alude a la construcción y al poblamiento del bajo del río en el diario El Progreso de 1872, y que reivindica las transformaciones realizadas en ese año para recuperar esa zona para la arquitectura urbana. Ocurrió antes del tendido de los puentes que abrieron la circulación hacia el lado opuesto del río primero, y ocupó la orilla sur del curso de agua.
Dice el citado diario, entre abril y junio de aquel año, sin situar más específicamente el punto que refiere:
“El bajo del río
Lo que antes era tenido como un foco de infección; lo que antes anegaba el río que servía para arrojar basuras, toma un aspecto distinto y se transforma en un nuevo y bonito centro de población.
Se levantan edificios de primer orden en los terrenos vendidos poco ha por la Municipalidad y otros están ya terminados, presentando una vida pintoresca.
Algunos de esos edificios cuestan 20 mil pesos, en su presupuesto y levantan como para casa habitación de nuestras principales familias, con almacenes y depósitos para negocio.
Aquellos terrenos toman un valor grade y todo el mundo trata de comprar sitios allí, pues la población se estiende a gran prisa en esa dirección que está muy cerca del centro de la población relativamente a las quintas que es para donde también podía estenderse la ciudad.
El bajo presenta ahora una vista pintoresca con la animación que le dan los varios edificios que se levantan y el movimiento que se nota en ese nuevo pueblo.
Es la parte de la ciudad donde se nota ahora más movimiento de edificios en construcción.”