La discusión se repite: qué beneficios trajo el gradualismo

Se renovó el debate entre analistas respecto de la política instrumentada por el gobierno. ¿Ganó gobernabilidad, perdió la posibilidad de una reactivación más rápida, falta liderazgo político?

Por Gabriela Origlia

Mauricio Macri y Daniel Scioli estaban todavía en campaña y se discutía lo mismo que hoy cuando uno es presidente y el otro quiere regresar como candidato en medio de un escándalo de su vida privada. ¿Shock o gradualismo, qué es lo que hay que hacer? Cambiemos asumió y eligió el segundo camino. ¿Le convino, quiénes ganaron y quiénes perdieron?
El primer “segundo semestre” de este gobierno nunca llegó y los “brotes verdes” demoran. Es cierto que hay algunos indicadores económicos que son positivos, pero cuesta salir de la recesión. En este mismo espacio se publicó que el actual ciclo de reactivación es el más lento de los últimos 30 años.
En las últimas semanas –con el gobierno más concentrado en lo político que en lo económico de cara a las elecciones y decidido a profundizar su estrategia de polarización- se reavivó la discusión entre los analistas sobre hasta dónde le vino bien el gradualismo y se multiplicaron, aun desde sectores afines a la gestión, los cuestionamientos por las inconsistencias de la política económica, por la falta de coordinación entre los ministros.
El economista Enrique Szewach y ex vicepresidente del Banco Nación en esta gestión planteó que en el debate entre shock y gradualismo “Argentina decidió el gradualismo, que también tiene costos y la necesidad de secuencias”.
A su criterio la economía este año va a crecer “poquito” y de manera despareja. “Cuando el ministro de Economía ve brotes verdes, los ve en algunos sectores como el campo, la construcción pública, un poco de construcción privada con la aparición del crédito hopotecario. En otros sectores no los hay”.
También en estos días se debate en torno a la estrategia del Banco Central: “En la Argentina los mecanismos de transmisión entre la tasa de interés y bajar la inflación es el tipo de cambio. El dólar tiene que estar quieto para que baje la tasa de inflación. Para los sectores exportadores es un problema, también para los que compiten con la importación. Pero el problema no es la inflación, sino una presión impositiva insostenible, un gasto público infinanciable y una infraestructura no que funciona”, dijo Szewach a Radio Mitre.
Para Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, que las reformas aparezcan en cuenta gotas puede deberse a la falta de convicción del gobierno, o simplemente a un problema de “timing”, dado lo complejo de las negociaciones con las provincias, el Congreso y los sindicatos; o por el momento del ciclo económico. “Hay muchas medidas que resultan más digeribles cuando la economía está creciendo que cuando está en recesión”.
Plantea que, además de cuestiones de “momento”, hay también un problema de enfoque, cuando se contrasta la aplicación de reglas generales con las políticas “caso por caso”. En 2016 el gobierno arrancó con una serie de medidas que se podían catalogar dentro del casillero de “reglas automáticas”, caso de la eliminación de impuestos y trabas para la agroindustria y el funcionamiento del mercado cambiario.
Sin embargo, después hubo un deslizamiento hacia el “caso por caso”, con la restitución de licencias para una gama bastante amplia de importaciones, las garantías de precio para las ofertas de inversión en energías renovables, acuerdos de productividad sectoriales, como el que involucra a los recursos de Vaca Muerta, entre otros.
“En el medio –agrega-, hubo un relajamiento en las pautas presupuestarias, sin cambio de las metas de inflación, por lo que la macroeconomía pareció inclinarse hacia un mix de política fiscal laxa y monetaria dura, un esquema que llevó a Brasil a un mal equilibrio, años atrás”. Para Vasconcelos, el gradualismo “exaspera a analistas, pero aporta gobernabilidad”.
Otra mirada es la de Matías Tombolini, quien ve que, claramente la decisión del gobierno es “sacrificar actividad económica en el presente para ir a buscar actividad económica en el futuro”. Para él sigue faltando algún tipo de contención de orden político que exceda la polarización.
“Tengo una diferencia conceptual con esta idea de que el proceso de inversiones se da solamente en el largo plazo de la mano de la caída de la tasa de inflación. Lo cual es correcto pero falta algo más. Falta liderazgo político. Los empresarios no han hecho fortuna y plata con el excel. Anticipan la posibilidad de recrear negocios, la huelen antes”.