Embarazando por un sueño

Beatriz planteó, allá por 1995, que los políticos en la actualidad se ven obligados a competir en el mismo espacio y por el rating con las estrellas (o simplemente con mediáticos cuya única virtud es desnudarse, hablar diciendo muchas groserías o expresar una sexualidad entre abierta y patológica).

Por Javier Boher

sarloSemana rara, amigo lector. Poco debate político y mucho circo mediático. A la historia de amor del presidente de Francia y su mujer, le siguió la sobreactuación por el tema del 2X1 y terminó todo con el culebrón conurbanense de Scioli y sus chicas. El “pichichi” de Villa La Ñata quedó en offside después del gol, cuando explotó la bomba del aborto. Acá no hubo operación mediática que lo pudiera sostener. Para tocar este tema voy a invocar a Beatriz Sarlo, la autora de la comentada frase “conmigo no, Barone”. Sin ser la autora original del concepto de “videopolítica” (que le pertenece a nuestro venerado Giovanni Sartori), su artículo nos va a ayudar a entender un poco lo que pasó en esta historia de ¿amor?.
Yo sé que usted, amigo lector, no se pierde ni una noticia del mundillo de la política y el espectáculo, pero vamos a recordar un poco cómo fue el tema. Todo arrancó por la operación “Macho cabrío peronista”, tan usual en la historia del movimiento, con picos en los últimos años por la ausencia de liderazgo fálico a nivel nacional. En los últimos tiempos vimos lo de Insaurralde con la exitosa empresaria del calzado que tonifica glúteos -Jessica Cirio- o lo de Juan Manuel Urtubey con la actriz Isabel Macedo -de reputada escasa temperatura púbica-. Tras años de matrimonio fingido con la émula de Evita, decidieron hacer pública su separación. Tiempo después el polimérico Scioli había regresado a los “noticieros del corazón” por estar en una relación con una joven modelo cordobesa.
En la fase dos de la mencionada operación, a la joven novia la complementaron con una amante joven, trascendiendo fotos subidas de tono y capturas de pantalla de sus conversaciones por whatsapp. Cuando ya todo el mundo hablaba de dicho material multimedia y era tendencia en las redes, Scioli redobla la apuesta con la bomba de que (como buen goleador de futsal) la clavó al ángulo y va a ser padre. En un giro propio de telenovela venezolana esto lleva a las explosivas declaraciones de su novia. La muchacha cuenta que el protegido de Pancho I -Emperor of Vatican City- en las últimas elecciones le había exigido un aborto. Después de eso, la catarata de memes, fotos y videos. Acto seguido, fin de semana de clásicos y a hablar de otra cosa.
En su artículo “Siete hipotesis sobre la videopolítica”, Betty Sarlo le dedicó a esta última idea un par de párrafos. Si bien lo escribió en un momento en el que la televisión era dueña y señora del campo audiovisual (aquellos tiempos cuando Lucho Avilés reinaba en las siestas y Bernardo Neustadt concentraba a los que querían escuchar algo de política a la noche) la lógica sigue siendo la misma. Pueden haber cambiado las técnicas y los temas, pero los políticos siguen buscando lo mismo, popularidad. Sólo en ese contexto podemos encuadrar lo que pasó con nuestro exvicepresidente, Daniel Scioli.
La cosa con lo de Sarlo es más o menos así. La señora planteó (allá por 1995) que los políticos en la actualidad se ven obligados a competir en el mismo espacio y por el rating con las estrellas (o simplemente con mediáticos cuya única virtud es desnudarse, hablar diciendo muchas groserías o expresar una sexualidad entre abierta y patológica). Es difícil imaginarse una novela que marche primera en audiencia si su plato fuerte es un barbado Osvaldo Laport recitando discursos políticos con frases de Marx. Difícilmente un programa de entretenimientos con Marley pueda tener rating si propone juegos para hacer equilibrio entre “fueron 30.000” y “fueron 8.000”. Aunque algunos programas -como el de Mirtha Legrand- hayan virado a la discusión de temas un poco más políticos, lo que empieza a pasar es que son los políticos los que tienen que cruzar para el otro lado. Esto presenta desafíos para los viejos políticos instruidos, porque ser candidato solo con el discurso ideológico no garpa para conseguir votos. Lo que hacen los políticos, dice Sarlo, es adoptar los códigos de la tele, los que pertenecen a dicho espacio mediático. Algunos cuentan chistes, como el humorista cordobés del Frente Cívico. Otros apelan a lanzar CD´s o presentarse con sus imitadores, como el dueño de la segunda cabellera más conocida de Córdoba (porque es imposible destronar a Jiménez). Algunos prefieren dar entrevistas en programas de la tarde, cuando las señoras que se encargan del cuidado de las casas (propias o ajenas) se ponen a planchar. No es casual entonces que el guardián del museo de cera haya elegido el programa de Jorge Rial para dar la noticia de su futura paternidad.
Lo que pasó después, con la denuncia de presiones para abortar, fue una consecuencia no prevista de sus acciones, una de esas variables que se escapan de los planes de los asesores. En medio del escándalo, rating para Rial y rating para Scioli, el que vive del entretenimiento y el que lo necesita para seguir con vida entre elección y elección. Win-win dirían algunos. Con fe y con esperanza, todas las acusaciones serán rápidamente olvidadas si la modelo decide casarse usando un vestido de un diseñador que rescate las raíces comechingonas de Córdoba, con una boda en un yate al que los novios llegan en lancha y en el que comen canapés de morcilla con invitados famosos como Carlos Tevez, los Pimpinela o Zulma Lobato. Porque usted sabe, amigo lector, que en el mundo de la inmediatez y del presente, lo importante es figurar.

2X1: dos semanas con la misma historia
Qué cosa, amigo lector. La semana pasada se quedó empantanada en lo del 2X1. Sobre que ya parece que viviéramos en el Día de la Marmota con el tema de los ‘70, pasó otra semana más de escuchar “repudio”, “lucha”, “fascistas” o “golpistas”, con marchas, bombos y bombas. Está bien que insistamos en no olvidar, pero podríamos dejar de repetir siempre las mismas consignas. Los que sin embargo podrían hacer memoria son nuestros diputados y senadores: viene bien no olvidarse las leyes, considerando que sonellos los que las hacen. En un rapto de pragmatismo político, los muchcachos se subieron a la ola condenatoria para hacer un poco de demagogia (y ganar algo de tiempo). Largaron una ley muy bonita, cuyo principal logro es el consenso que mostraron los partidos políticos para sentar postura frente a los crímenes de la última dictadura, pero no mucho más. La cosa es más o menos así: los chicos de abultados sueldos, inteligencia promedio e ínfimas obligaciones decidieron hacer una ley para establecer una diferencia entre casos de lesa humanidad y casos comunes, cosa que todo el mundo festejó a rabiar. Se supone que a partir de ahora el 2X1 no podría aplicarse a los crímenes de lesa humanidad.
¡Puro humo, amigo lector! El principio de ley más benigna rige aunque se sancione una ley de este tipo, porque está en la base de nuestro sistema jurídico. Entiendo que usted ha escuchado a numerosos abogados con título de la Universidad del Noticiero, esa gloriosa institución que te analiza el fallo de la Corte en el mismo bloque en que te muestra el video del perrito que canta cuando le ponen un tema de Rodrigo. En cualquier momento hay otro fallo como el anterior y la nueva ley pasa a engrosar el archivo de leyes ridículas e innecesarias que quedan bien en el papel pero son inaplicables en la práctica.
Acomodándose con el viento, el fiscal Marijuan quiso quedar como un duque e imputó a los jueces de la Corte haciendo lugar a una denuncia por prevaricato (o dicho en criollo, fallar en contra de la ley). La imputación tiene más o menos el mismo valor que la pena por tocar a alguien que cantó “pido gancho”. Pero bueno, con eso esquivan el dedo acusador de los organismos de DDHH, pegan algún título en el diario o una placa en el noticiero y tiran un tiempito más. Lo que buscaron Marijuan, los diputados y los senadores fue protagonismo en los medios, algo que resultó complicado cuando estalló el affaire del latin-lover con doping por betacaroteno, pero que fue suficiente como para pasear un rato por móviles y estudios. No se preocupe amigo lector, que un día de estos finalmente nos va a pasar como a Bill Murray en aquella película y nos vamos a poder levantar viviendo el día de mañana.