“Al enemigo, ni justicia”

Cabe preguntarse por qué se pide a la Corte Suprema que tenga en cuenta el aspecto político. Justamente, si algo debe caracterizar a una justicia independiente –quimera de cuya factibilidad dudamos crecientemente- es que no tenga en cuenta la conveniencia política de tal o cual sector sino que el fallo sea aséptico, con la venda en los ojos, abrazado estrictamente a la ley.

Por Gonzalo Neidal
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En pocos días, la situación política se enrareció y no de un modo favorable al gobierno. Irrumpió el fallo de la Corte Suprema que ha sido rechazado en forma casi unánime por la dirigencia política argentina de todos los colores. Oficialismo y oposición. Casi todos los periodistas también se han sumado a la cruzada contra el fallo del máximo tribunal.
Pareciera que finalmente los ruegos de los argentinos han sido escuchados: la grieta ha desaparecido. Todos marchan abrazados por las calles contra la posibilidad de una libertad anticipada para tal o cual condenado por delitos de lesa humanidad.

Comerse al caníbal
Uno de los periodistas nacionales de mayor predicamento decía en su programa de radio que el fallo no le parecía mal desde lo jurídico pero que desde el punto de vista político le resultaba injustificable. Y esa es la tónica general. Lo que se objeta principalmente son los significados políticos del fallo. La posibilidad de que una condena por graves delitos fuese acortada.
Cabe preguntarse por qué se pide a la Corte Suprema que tenga en cuenta el aspecto político. Justamente, si algo debe caracterizar a una justicia independiente –quimera de cuya factibilidad dudamos crecientemente- es que no tenga en cuenta la conveniencia política de tal o cual sector sino que el fallo sea aséptico, con la venda en los ojos, abrazado estrictamente a la ley.
Todos nos hemos pasado largos años reclamando por una justicia independiente pero cuando el máximo tribunal falla incluso perjudicando al propio gobierno, entonces todos le saltan a la yugular reclamándole que su fallo tenga en cuenta las emociones políticas de un sector de los argentinos, empeñados en que la ley no se aplique para este caso.
Es decir, proclamamos a los cuatro vientos nuestro amor por la independencia de la justicia pero siempre y cuando falle conforme a nuestros criterios, deseos y convicciones. Y, si no lo hace, entonces la cuestionamos y les pedimos un juicio político a los jueces porque sus fallos no nos gustan.
También por estas horas hemos escuchado que “uno no debe comerse al caníbal”. Esta frase apunta a no cometer desde la justicia los mismos vicios que se atribuye al condenado. Este dicho se usa habitualmente para rechazar la pena de muerte para un asesino pues equivaldría a hacerlo víctima del delito por el cual se lo condena. Pues bien, se proclama que “no debemos comernos al caníbal” pero inmediatamente se agrega que “no se puede permitir que los asesinos anden sueltos”. O sea, la ley estaría bien para la generalidad de los casos, incluso violadores y asesinos comunes pero no para este caso. Sin embargo el texto legal no hace diferencias, tal como lo han explicado eximios penalistas como el los Doctores Alejandro Carrió y Jaime MalamudGoti.

La independencia de la Justicia
Con los acontecimientos a la vista, está claro que el gobierno ha resultado el principal perjudicado por el fallo de la Corte. Es decir, ha sido un fallo independiente y fundado en el derecho. Pero, como en cada caso controvertido, existen las famosas “dos bibliotecas”. Unos piensan de un modo, otros piensan distinto. Y ambos tienen fundamentos de gran solidez.
¡De eso se trata el Derecho! Si toda la jurisprudencia fuera pacífica, si la aplicación de la ley siempre fuese clara y terminante, entonces no necesitaríamos tribunales pues con un simple burócrata nos bastaría. Pero existen puntos de vista diferentes y por eso se vota. Y aquí se votó y ganó una de las posiciones. Así funciona la Justicia. Y así funciona la República. Los tribunales a veces fallan como a nosotros nos gusta y a veces no.
Y esta vez la Corte lo hizo en forma adversa a las conveniencias del Poder Ejecutivo, es decir con plena independencia. Pero pareciera que no estamos preparados para aceptar la independencia de la Justicia. Si no nos gusta lo que falla la Corte, apelamos a una ley, imputamos a los miembros que votaron a favor del fallo y hacemos una marcha para presionar a la justicia.

Ni justicia
Este concepto de Justicia acomodaticia hacia las necesidades políticas de los que gobiernan ha sido lo que ha prevalecido en el país desde que recordemos. Su punto más elevado estuvo en los 12 años de gobierno kirchnerista. Norberto Oyarbide ha sido su símbolo más representativo. A veces, la justicia falla “pour la galerie”, es decir, para la tribuna, de forma demagógica. Lo que en fútbol hacía Lamolina. Lo verdaderamente difícil es no apartarse de la ley, incluso contra viento y marea, o sea arbitrar como Castrilli.
Hay una famosa frase de Perón que es bien representativa de un concepto de Justicia. Dice el General: “a los amigos, todo; a los enemigos, ni justicia”. Y esta frase no corresponde a los fragores de 1955, cuando el deterioro de la situación política había caldeado los ánimos. No. Corresponde a 1973, al Perón “buenito”. Al “león herbívoro”. Al Perón que muchos políticos ponen como un ejemplo de conciliación, el Perón del abrazo con Balbín y de amabilidad hacia la oposición.
La privación de Justicia a los que se considera enemigos, es el criterio que sobrevuela en las objeciones a este fallo de la Corte Suprema.
Cuando el enemigo se beneficia con la aplicación estricta de la ley, entonces debemos saltearla en beneficio de supremos intereses.
Esa es la idea.
Una idea populista.No republicana.
Pero ni siquiera el presidente y su partido parecen entenderlo.