¡Algunas de las causas del declive de los Gobiernos populares!

En agosto del 2016, el  ex Ministro de Hidrocarburos  del gobierno de Evo Morales, Andrés Soliz Rada[1], afirmaba en una nota periodística  sobre el proyecto político bolivariano y, específicamente sobre el caso venezolano:

Por Eduardo Dalmasso

En agosto del 2016, el  ex Ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo Morales, Andrés Soliz Rada[1], afirmaba en una nota periodística  sobre el proyecto político bolivariano y, específicamente sobre el caso venezolano:

“Después de impulsar la meta de la Patria Grande, mediante el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA), el proyecto bolivariano, por graves errores en su conducción, corre el riesgo de quedar en la memoria colectiva como sinónimo de abuso, autoritarismo, corrupción, negador de principios democráticos, de la libertad de expresión y de los derechos humanos”.[2]

 

Soliz Rada hace énfasis en los errores cometidos por los gobiernos chavistas, fundamentalmente por el desconocimiento de la importancia de la macroeconomía. El autor señala que la mística y convicciones del comandante Hugo Chávez,  en defensa del pensamiento de Simón Bolívar, no fueron acompañadas por la capacidad necesaria para impedir el desorden económico financiero en el que se sumió Venezuela.

El ex funcionario, en un  gesto poco común, señala que no es suficiente responsabilizar de lo ocurrido al imperialismo y sus agentes internos. Lo importante era  contrariar  a los intereses de EEUU  con austeridad, eficiencia y responsabilidad. Separar la economía de la política conduce al abismo.

También, el profesor universitario, se explaya sobre la importancia de la autoridad moral de los dirigentes, como basamento de la credibilidad de un proyecto. Lo notable, en este caso, es cómo un hombre al que nadie podría acusar de pro imperialista, como se desprende de su trayectoria y rol en el Gobierno de Evo Morales, se hace cargo de lo que considera debilidades manifiestas de ciertos procesos de carácter revolucionario.

 

Las flaquezas, desde la visión de Emir Sader

 

Más relevante aún es el escrito de Emir Sader[3] en el diario Página 12, en febrero del 2016. Es decir, unos meses antes del artículo de Soliz Rada.

El entusiasta filósofo, pero también eminente sociólogo, se despoja en este artículo  de la emocionalidad propia de los actos de carácter político, desmenuzando, las falencias de los modelos políticos y de desarrollo de los movimientos populares; luego sí, de exaltar los logros de estos gobiernos y hacer énfasis en el excesivo poder de los medios como voces de los intereses minoritarios.

Para Sader, “el poder de los medios antipopulares”, deriva en crisis políticas por su influencia en los sectores medios; más allá de las dificultades reales de las economías, dado que para el político, la penetración ideológica del neoliberalismo condiciona las respuestas de la sociedad. Para el brasileño no bastaba con realizar acciones positivas, sino que estas requieren de un planteo ideológico. Esto, sin duda, es susceptible de controversia respecto a la inexistencia que alude el autor, pero lo que me interesa transcribir de su texto, tiene que ver con su coincidencia con la opinión de Soliz Rada:

 

“Otro factor condicionante, en principio a favor, después en contra, fue el relativamente alto precio de las commodities durante algunos años, del que los gobiernos se aprovecharon, pero no para promover un reciclaje en los modelos económicos para que no dependieran tanto de esas exportaciones. Para ese reciclaje habría sido necesario formular y empezar a poner en práctica un modelo alternativo basado en la integración regional. Se ha perdido un período de gran homogeneidad en el Mercosur, sin que se haya avanzado en esa dirección. Cuando los precios bajaron, nuestras economías sufrieron los efectos, sin tener como defenderse, por no haber promovido el reciclaje hacia un modelo distinto”.[4]

 

Es decir, Emir Sader plantea la inexistencia de cambios estructurales necesarios para darle sustentabilidad a los proyectos populares. Marca incluso que por fuera de los discursos, el avance en el proceso de integración no se ha profundizado dentro de las dimensiones necesarias.  Luego, en su escrito, agrega en consonancia con Soliz Rada:

 

“En algunos países no se ha cuidado debidamente el equilibrio de las cuentas públicas, lo cual ha generado niveles de inflación que han neutralizado en parte los efectos de las políticas sociales, porque los efectos de la inflación recaen sobre los asalariados. Los ajustes no deben ser trasformados en objetivos, pero sí en instrumentos para garantizar el equilibrio de las cuentas públicas y eso es un elemento importante del éxito de las políticas económicas y sociales”.[5]

 

A lo anterior, Sader agrega otra opinión en coincidencia con el ex Ministro de Evo Morales:

 

“Aunque los medios hayan magnificado casos de corrupción, no se puede negar que no hubo control suficiente de parte de los gobiernos respecto al uso de los recursos públicos. El tema del cuidado absoluto de la esfera pública debe ser sagrado para los gobiernos de izquierda, que deben ser los que descubran eventuales irregularidades y las penalicen, antes que sean los medios”.

 

Soliz Rada en el escrito previo expresa:

 

“No detener la corrupción. Este es el punto de inflexión ética entre el proyecto bolivariano y los modelos consumistas y depredadores del neoliberalismo y del libre mercado. Varios de los presidentes que se adscribieron al ideal de la Patria Grande provocaron decepción con el descomunal incremento de sus patrimonios personales (….) No se entendió que el proyecto bolivariano está sujeto a los avances y retrocesos de los procesos democráticos, lo que equivale a respetar resultados electorales adversos, a fin de saber reagruparse para volver a avanzar. Ni los triunfos ni las derrotas son irreversibles”.

 

Los dos autores citados nos plantean con crudeza las serias debilidades de los procesos de conducción política, dejándonos interesantes interrogantes sobre el significado y requerimiento de las representaciones del pueblo.

 

El ojo en Argentina

 

Dentro del esquema propuesto, completamos la visión autocrítica precedente con  el análisis que hace Aldo Ferrer[6], quien fuera Director de ENARSA durante el gobierno de Néstor Kirchner y Embajador de Francia desde el 2011 al 2013. Ferrer publicó para la revista Le Monde diplomatique, en marzo del 2016, El regreso del Neoliberalismo[7].

El ex funcionario comienza comparando el funcionamiento de la economía de mercado, según el modelo nacional y popular, por un lado y el neoliberal, por el otro. A uno lo caracteriza  por  el protagonismo del Estado, el impulso soberanista y el énfasis en la inclusión social; al segundo, por su confianza en las virtudes del mercado, la apertura incondicional al orden mundial y la prescindencia en la distribución del ingreso.

Destaca que la alternancia de modelos refleja la dificultad de Argentina para construir un modelo viable y hegemónico en el largo plazo. También acentúa que desde el punto de vista de los resultados, estos son ampliamente favorables al modelo popular.

Luego de explicitar el alto costo de las experiencias neoliberales en términos de endeudamiento y niveles de crisis, Ferrer expresa:

 

“El fracaso de las experiencias nacionales y populares responde más a factores políticos que a la situación económica que puede estar en una encrucijada pero razonablemente controlada y con bajo endeudamiento externo”.

 

Definida la posición de Ferrer, es interesante cómo divide los períodos de la administración de los gobiernos populares de Argentina: Una primera etapa de recuperación, impulsando el consumo y la inversión, manteniendo los superávits gemelos como factor de credibilidad y estabilidad en las expectativas. Dentro de una situación de recuperación económica, donde la puja distributiva es prácticamente inexistente y su efecto fundamental constituye un rescate de la mano de obra  dentro del empleo formal.

Una segunda etapa, en la cual la capacidad productiva se acerca al pleno empleo, al igual que la demanda de mano de obra. Aparece  la puja entre salarios y ganancias, además de reaparecer el déficit en el comercio internacional de manufacturas de origen industrial.  Compraventa concentrada en autopartes, productos electrónicos, bienes de capital y productos químicos. Ferrer señala también que el superávit en el comercio de hidrocarburos se convierte en deficitario por la mayor demanda y la declinación de la producción. Esta etapa precisa que las condiciones comienzan a ser diferentes y de mayor debilidad macroeconómica, por lo tanto las expectativas comienzan a cambiar.

El economista prosigue expresando que el gobierno enfrenta esta situación con un fuerte aumento del gasto público, ampliando las prestaciones sociales para sostener la demanda agregada y, a la vez, subsidiando a la energía y a los transportes. Al mismo tiempo que la gestión aprecia el peso para aliviar las presiones inflacionarias y apela a los controles de los importaciones para impedir el abuso de las posiciones dominantes.

Este modelo, desarrollado en países latinoamericanos, necesariamente precisó del apoyo de China a través de los Swap. Ya que, al no tener solucionado los diferendos con el Club de París primero y, aún solucionado éste, los existentes con los fondos buitres le privaba al país de acudir al financiamiento externo.

Lo que me interesa destacar son las consecuencias y las omisiones de las políticas basadas en el sostenimiento del consumo. Según el autor, que hemos tomado como referencia, sobresale:

 

“Alcanzaron  para sostener el nivel de actividad, cumplir con los servicios de la deuda, evitar un mayor aumento de los precios, preservar el impulso soberanista y resistir la presión opositora al gobierno. Pero a fines del 2015, la política de apelar al déficit fiscal, su financiamiento vía el Banco Central, la apreciación cambiaria y los controles de precio, estaban agotadas y planteaba el riesgo, como efectivamente sucedió, de una alternancia al neoliberalismo”.

 

Continúa:

 

“En las dos etapas del Kichnerismo, pese al protagonismo del Estado, no se habían logrado avances significativos en la transformación de la estructura productiva y la resolución del déficit industrial y la consecuente restricción externa”.

 

Ferrer explicita con claridad que el paso de los superávits gemelos -fiscal y cuenta corriente-  de la primera etapa a una situación de déficit en la segunda generaron expectativas negativas, que estimularon la fuga de capitales y la inflación. Adicionando que las tasas chinas se convirtieron en un crecimiento bajo o nulo y que el recurso a los controles cambiarios, como por ejemplo sobre los viajes al exterior, derivaron a cotizaciones informales que incrementaron la brecha entre el valor oficial y el de mercado de las divisas.

A partir de lo expuesto rescato algunas observaciones que me parecen van al corazón del problema:

 

“La acumulación de capital requiere, en primer lugar, la inversión productiva del ahorro interno. En la economía mundial el ahorro de los países financia más del 90 % de la acumulación de capital, y las inversiones extranjeras menos del 10 %. La movilización del ahorro interno es en consecuencia esencial”.

 

Otra: “La transformación estructural es indispensable para eliminar el déficit de las manufacturas de origen industrial, factor principal de la restricción externa”.

Ferrer plantea en coincidencia con Sader, que esto requiere de un plan integral de carácter regional.  Planificación con énfasis en las cadenas de valor y en el desarrollo de tecnologías, que permitan los niveles de competitividad necesarios y que las exportaciones industriales, en estas condiciones, permitiría el cierre de la brecha tecnológica del comercio exterior.

Para el economista, una política proyectada al  largo plazo exige:

 

“Una política fiscal y monetaria que apunte al equilibrio macroeconómico y el pleno empleo, un tipo de cambio competitivo, estable y diferenciado conforme a las circunstancias de cada sector y la toma de deuda externa sustentable”.

 

En este punto podemos resumir que, desde una profunda convicción por lo nacional y popular, los tres autores citados coinciden en que el desarrollo de un proyecto hegemónico, en favor de las clases populares, pasa por un proyecto de desarrollo equilibrado, sustentado en cambios estructurales y basados éstos en el ahorro interno fundamentalmente.

El tema está en que una política de estas características exige un liderazgo responsable y una definida vocación por las reglas del juego democrático. Para Ferrer, Argentina está en condiciones de desarrollar políticas responsables para elevar el nivel de inclusión y bienestar social. Pero su análisis  revela que, lo que él plantea como requisitos esenciales, están muy alejados de las iniciativas concretas. Un problema político tal como este autor lo señalara.

[1] Abogado, periodista, dirigente sindical, profesor universitario y político.

[2] http://www.paginasiete.bo/opinion/andres-soliz-rada/2016/8/22/proyecto-bolivariano-siglo-107073.html

[3] Sociólogo y político brasileño.

[4] https://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-293340-2016-02-27.html

[5] [8] Ibídem.

[6] Economista y político argentino.

[7] En este enlace se puede encontrar la versión digital: http://www.eldiplo.org/notas-web/el-regreso-del-neoliberalismo?token=&nID=1 Las citas extraídas pertenecen a la versión impresa.