El pianista embarra la danza

Las escenas de un baile que se verifica en la ciudad de Córdoba el 4 de mayo de 1858, ofrecen un cuadro divertido en la coreografia de Lanceros, cuyo humor trasciende la época.

Por Víctor Ramés
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Dos ilustraciones del inglés George Cruikshank, sobre bailes de moda en el siglo XIX.

Un domingo de comienzos de mayo de 1858, la Sociedad Filarmónica de Córdoba, que contaba desde hace muy poco con la dirección de Gustave Van Marcke –músico francés llegado unos meses antes a esta ciudad capital-, ofrecía un baile a la clase distinguida local. El encuentro brindaba una noche de esparcimiento y de vida social que era muy bienvenida en aquella temporada otoñal. El programa incluía, como era de forma, una primera parte concertante en la que tuvo oportunidad de lucirse el violinista y pianista de reciente arribo. A esta introducción le seguía la esperada sección de baile en que la juventud y los no tan jóvenes se ponían en movimiento. La crónica se ocupa de dar un rico panorama del evento, donde no falta el juicio acerca de la indumentaria de la concurrencia femenina, sobre el repertorio que ofrece la orquesta y en particular sobre el momento más participativo de la danza colectiva, que concluyó en un caos.
En lo que respecta a la ropa de las asistentes al baile, el cronista señala la ausencia del “picarón”, un atuendo de moda en aquella época que había sido objeto de condenas por los sermones en los templos cordobeses, y que –siguiendo la descripción del diario El Imparcial- debía consistir en un artefacto pariente de miriñaque, que abultaba el valorizado trasero femenino, dibujando curvas apetecibles que no estaba sino moldeadas por el vacío.
Respecto a algunas danzas del repertorio aborrece la crónica, por anticuados, los valses y polcas empeñadas por la orquesta en la ocasión, y luego pasa al acontecimiento de la noche: el divertido enredo que se produce a la hora de las figuras en la danza de lanceros, por culpa del pianista que (estamos seguros) no era Van Marcke. Era esta una coreografía de la que sin duda muchos lectores habrán visto muestras en el cine de recreación histórica, en la que los caballeros y las damas se iban entrelazando unos a otras, por turno, con un elegante saludo y un breve molinete. Los lanceros han sido preservados en una especie de vida simbólica en algunos países hispanoamericanos, donde se bailan en ocasiones especiales como una ceremonia iniciática demodé para las señoritas bien de la sociedad. Sobre el origen de esta danza nos desburra el musicólogo argentino Carlos Vega, quien indica que la misma tuvo su debut en Hispanoamérica a mediados del siglo XIX, venida de Europa. Dice el maestro: “La Cuadrilla, que es una contradanza francesa y llega hacia 1820, tiene las ventajas suficientes para sobrevivir a su ciclo, durar hasta 1920 y aun sentir a su lado desde 1850 el refuerzo de Los Lanceros, su variante tardía”. La supervivencia de estas danzas, según Vega, se debió a que establecieron el baile simultáneo de todas las parejas, cuando en la contradanza bailaban dos por turno mientras las otras se limitaban a mirar.
Aquí va aquella crónica del interior argentino, sobre la que ya se ha anticipado lo suficiente:

“La Filarmónica
El Domingo fue la primera función que esta sociedad ha dado al año 58.
La concurrencia fue numerosa y de lo más selecto de Córdoba como siempre.
Se dio principio con algunas piezas de música selectas y ejecutadas en el piano y violín por el Sr. Van Mark quien recibió repetidos aplausos de la concurrencia, y lo merecía, porque lo hizo muy bien, perfectamente,
La música de baile ha estado muy regular, solo si las polkas y wals algo gastados, debían mandarse guardar por su antigüedad, y más que todo porque ya no gustan. El baile estuvo muy animado, duró como hasta las doce y media o una de la mañana. Las señoritas estaban muy regularmente vestidas, solo si, con mucha escasez de picarones; suponemos que esto no habrá sido por descuido de ellas, pues muy buen cuidado tienen de inflarse bien, y abultar la retaguardia; habrá sido, sí, por el frío que comprime tanto los cuerpos y mucho más cuando son huecos,
No pasará inapercibido un Beneficio de Lanceros que tuvo lugar a mediados del baile, los actores eran doce parejas y un Sr. que tocaba el piano, el que para completar la función no sabía más que la primer parte de la primera figura: se principió el baile de Lanceros, y fue un laberinto y un cortar y asesinar las figuras que los de la comisión estuvieron por llamar la guardia para que contuviesen el desorden: unos principiaban una figura, cuando los otros la concluían, o iban por la mitad, unos las sabían, otros las comprendían y algunos ni las sabían ni las comprendían; en fin, fue el tal baile de Lanceros un verdadero laberinto, en que no se sabía si bailaban o jugaban.
Nosotros deseamos que estos beneficios se repitan siempre porque francamente, nunca hemos estado más divertidos que esa noche, y mucho más cuando el teatro se venía abajo de los aplausos de la concurrencia prodigados a los actores: ¡bravo! Señores, esto merecen por su buen desempeño, y porque han bailado sin saber, para aprenderlos después.”
El referido episodio, difundido por vía periodística, tiene su colofón humorístico en la siguiente publicación de El Imparcial del 8 de mayo, en que las damas y sus acompañantes que brindaron un espectáculo ridículo la noche del domingo, se proponen salvar un tanto su dignidad o, al menos, evitar que el próximo espectáculo sea de entrada gratuita. Ayudará la traducción de las locuciones latinas que se citan: “Si alguien dice que” (…) “que sea anatema”, es decir “maldito sea”.

“Y va de anatemas
En otra reunión compuesta de ciertas damas y ciertos caballeros que en cierta filarmónica bailaron cierto baile, tocado por un incierto músico, se sancionó lo siguiente;
Si quis dixerit que en la noche de la filarmónica hemos dado nuestro beneficio con la entrada gratis, en el baile de los lanceros, anatema sit.
Siendo esta disposición posterior al hecho y no pudiendo tener efecto retroactivo, declaramos para en adelante que no caeremos en el anatema de esta nueva resolución, afirmando que los lanceros y lanceras han dado su beneficio, y solo nos contentaremos con decir que la compañía piensa repetir sus funciones, pero no como antes de beneficio, sino de temporada.”