La agenda de Francisco

El Papa Francisco acaba de anunciar que tampoco durante 2018 podrá visitar la Argentina, su propio país, por “razones de agenda”.

Por Gonzalo Neidal
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franciscoEl Papa Francisco acaba de anunciar que tampoco durante 2018 podrá visitar la Argentina, su propio país, por “razones de agenda”.
A fines del año que viene habrán transcurrido poco menos de seis años de su asunción sin que el sumo pontífice haya logrado organizar un viaje a su tierra natal.Es obvio que no se trata de un problema de agenda colmada. En un lustro largo, hay tiempo suficiente como para que los viajes puedan organizarse y reordenarse. Además, el Papa ha visitado la región pero prolijamente ha salteado a la Argentina.
Es claro que Francisco no quiere venir por el momento. Pero no da explicaciones que resulten creíbles. De tal modo, no nos queda otro camino que interpretar sus gestos y tratar de imaginar las razones que pueden estar motivando esta ausencia un tanto insólita.
Como se recordará, Karol Wojtila fue el primer pontífice no italiano elegido luego de un largo tiempo. Asumió en octubre de 1978 y visitó su país a mediados del año siguiente. Benedicto fue investido en abril de 2005 y en octubre del mismo año visitó Alemania. Podrá decirse que la distancia física entre el Vaticano y esos países de Europa es mucho más corta que hasta estas tierras del fin del mundo pero este es un argumento que no merece ser refutado.
¿Qué le pasa a Francisco con la Argentina?
¿Qué pecado habremos cometido que nos muestra su disgusto privándonos de su presencia?
Adivinarlo no parece ser una tarea ímproba. El pecado, nos parece, no es uno que esté incluido en la tabla de los 10 mandamientos. Pero quizá se trate de algo muy grave para Francisco.
Tenemos toda la impresión que el Papa no viene a visitar su país porque no se siente cómodo con el gobierno que los argentinos hemos elegido. Creemos que si fuera Daniel Scioli quien hubiera ganado el ballotage allá por noviembre de 2015, entonces Francisco hubiera hecho lo posible para regresar a su país y bendecir a su pueblo. Pero eso no ocurrió. Ganó Macri y entonces el Papa se muestra un poco disgustado. Es su modo de participar de la política de su país. Porque, como buen jesuita, Francisco ama la política. Y el poder.
Su Santidad predica día y noche contra el “neoliberalismo”, al que le atribuye todos los males de la humanidad. El “neoliberalismo” es poco menos que el nuevo nombre de Satanás. El Papa es un “nacional y popular”. Por su formación, por sus convicciones y porque –razón de fondo- es el populismo la ideología más afín al pensamiento católico, al menos en su versión actual. Los dos papas anteriores pensaban de un modo distinto, o cuanto menos con matices diferentes. Pero Francisco tiene una visión afín ala del peronismo respecto de la temática social de Argentina y de América Latina.
Más aún, él llega al papado como representante de América Latina donde el modo de mirar la política está signado por lo “nacional y popular”, sobre todo para la generación de Francisco.
Podrá decirse que la historia de Bergoglio muestra a un sacerdote prudente, distante de los extremos, completamente ajeno a la Teología de la Liberación y a las locuras del terrorismo de izquierda de los años setenta. Y ha sido efectivamente así. Pero ahora, desaparecido el mundo socialista, el Papa ve en el populismo latinoamericano el último signo de una política con un discurso destinado a la redención de los pobres. Sin embargo Francisco llega tarde. Los mejores momentos del populismo latinoamericano ya pasaron. Sólo le queda Venezuela, quizá Ecuador y poco más. Y su formación ideológica, o sus prejuicios, lo llevan a actuar muy torpemente en la política de la región, como puede verse en el caso de Venezuela.
Pero bueno, trataremos de sobrevivir a la ausencia de Francisco. En América del Sur somos expertos en supervivencia. Si hemos sobrevivido a Cristina, a los hermanos Castro y ahora a Maduro, eso quiere decir que estamos preparados para superar la ausencia de un Papa que nos reprocha el modo en que hemos votado.