Otra vez una isla: el país se polariza, Córdoba no

Al macrismo le conviene polarizar con el kirchnerismo a nivel nacional. En la provincia, eso no sucede.

Por Alejandro Moreno
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polarizaEl mejor negocio electoral para Mauricio Macri es la polarización con el kirchnerismo. No con el peronismo en alguna de sus variantes antikirchneristas o, para ser más justos, ex kirchneristas, como por ejemplo el Frente Renovador de Sergio Massa y José Manuel de la Sota. Sí con el kirchnerismo en su versión más dura y desesperada.
La marcha del 1A, espontánea en su convocatoria pero tradicional en su contenido antikirchnerista, fue una manifestación de respaldo a Mauricio Macri en tanto el presidente sea el dique de contención a un reflujo del autoritarismo populista.
El público del 1A fue el mismo de otras marchas de reacción frente al avance kirchnerista, al “vamos por todo” que fue la bandera de la última gestión de la ex presidente.

El duelo kirchnerismo-antikirchnerismo ocupa la escena nacional. Ahora, con las protestas docentes. Macri y Cristina Kirchner ganan con ese escenario que demora la renovación en el peronismo. En la provincia de Córdoba, donde el kirchnerismo es débil, no ocurre lo mismo. La cuestión pasa por un anticipo del duelo 2019 y por la “intensidad” que tendrá el discurso peronista contra Macri.

El repaso de los resultados de las urnas, en 2015, también exhibe cuánto recoge Macri de la polarización que provocó Cristina de Kirchner; la grieta, como se le llama.
Macri consiguió 5,5 millones de votos en las PASO, el primer escalón electoral, en el que enfrentó al radical Ernesto Sanz y a la “lilista” Elisa Carrió. En la primera vuelta presidencial, cuando las opciones fundamentales eran tres (Daniel Scioli, Sergio Massa y él), ascendió a 8,6 millones. Y en el mano a mano con el candidato de la continuidad kirchnerista trepó hasta casi 13 millones de votos. Es decir que Macri fue la primera opción para 5,5 millones de argentinos, y la última alternativa para 7,5 millones.
La grieta kirchnerismo-antikirchnerismo (sector este último lógicamente más representado por Cambiemos) sostiene a Macri como esa última alternativa y, al mismo tiempo, demora la renovación del peronismo, que encuentra dificultades para terciar en el debate público (más aún con el pasado kirchnerista y, antes que eso, ucedeísta, o sea afín ideológicamente al macrismo, de Massa).
Mientras Cristina Kirchner y sus hijos viven desventuras judiciales por la opacidad que envuelve al patrimonio familiar y las caras visibles de la oposición son el “docente” Roberto Baradel o Hebe de Bonafini, Macri sigue en pie, incluso pese a las dificultades económicas.
Al kirchnerismo, naturalmente, también le favorece frente a su clientela política el contraste con el macrismo, por lo que puede asegurarse que unos y otros seguirán bregando por mantenerse activos en las trincheras opuestas.

En Córdoba
El escenario nacional no podrá tener idéntica recepción en la provincia de Córdoba, donde el kirchnerismo es, muy lejos, la tercera fuerza electoral. En 2013 llegó hasta el 15 por ciento, con Cristina en la Casa Rosada y con una candidata, Carolina Scotto, en la que muchos confiaban (y se habrán decepcionado después por su pronto abandono de la banca).
Hoy la pelea de fondo en Córdoba es entre el peronismo y la alianza UCR-PRO-juecismo. Prácticamente, una interna abierta del antikirchnerismo local. La provincia volverá a ser una isla, uno de los mitos preferidos de los cordobeses.

Hoy la pelea de fondo en Córdoba es entre el peronismo y la alianza UCR-PRO-juecismo. Prácticamente, una interna abierta del antikirchnerismo local. La provincia volverá a ser una isla, uno de los mitos preferidos de los cordobeses.

Macri en Córdoba consiguió el 71 por ciento de los votos, el mismo año que el peronista Juan Schiaretti fue electo gobernador y que el radical Ramón Mestre logró repetir en la Municipalidad capitalina, donde viven cuatro de cada seis votantes de toda la provincia.
Aquí el tono será otro. Si el candidato es De la Sota, la campaña podrá ser de “alta intensidad” contra Macri, pese a que Schiaretti prefiere un estilo más diplomático para enfrentar al presidente (lógico: aquel peronista quiere proyectarse a nivel nacional y éste piensa en llegar con los mejores números a 2019 para conseguir la reelección).
En Cambiemos, los radicales preferirán golpear sobre las carencias del gobierno provincial (inseguridad, inundaciones, pobreza al 40 por ciento) y los macristas, claramente Nicolás Massot, ya ensayan ligar al PJ de Córdoba con el kirchnerismo, por los pases de legisladores K al bloque legislativo oficialista (por ejemplo, Nora Bedano) y por la unificación partidaria (que representa, entre otros, el ex K villamariense, Martín Gill).
En todo caso, el kirchnerismo no será, como en la elección nacional, un protagonista central, sino un actor de reparto.