Dos y dos son cinco

La provincia de Buenos Aires acaba de dar un ejemplo que debería ser imitado por el resto del país: acaba de aprobar casi por unanimidad de ambas cámaras legislativas una ley que establece que el número de desaparecidos durante la última dictadura militar asciende a 30.000.

Por Gonzalo Neidal
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De a poco los problemas se van solucionando.
Incluso los más intrincados y complejos.
La provincia de Buenos Aires acaba de dar un ejemplo que debería ser imitado por el resto del país: acaba de aprobar casi por unanimidad de ambas cámaras legislativas una ley que establece que el número de desaparecidos durante la última dictadura militar asciende a 30.000.
Y se acabó. Listo. Se terminó la discusión. Todos estuvieron de acuerdo en el número de desaparecidos, entonces no se discute más.El que ose refutar este número es un provocador. O peor: un negacionista o bien alguien partidario del genocidio perpetrado por la última dictadura militar.
¡Menos mal que un legislador tuvo el tino de zanjar esta discusión! Si no fuera por él, continuaríamos discutiendo el número de desaparecidos por los siglos de los siglos.
Ahora deberíamos abordar otros temas también complejos y enderezarlos de una vez por toda con leyes del sabio parlamento bonaerense. Por ejemplo, una ley que diga que el déficit del presupuesto es cero. Y otra que diga que Argentina salió primera en las pruebas que miden el rendimiento escolar. ¿Por qué no una que resuelva que somos campeones del mundo en fútbol? ¿O acaso no somos los mejores? Y así.
En realidad, los diputados y senadores bonaerenses no han inventado nada.
Cuando nos enteramos de esta desopilante noticia, nos pareció recordar algo similar que habíamos leído en un libro. Buscamos un poco y encontramos este párrafo:
“Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que le matgaran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe”. La cita corresponde al libro 1984 de George Orwell y describe con dura ironía la posibilidad de existencia de un gobierno que pudiera decidir incluso acerca de la pertinencia de los resultados de los cálculos matemáticos.
Pero aún hay algo más preocupante: es probable que la gobernadora María Eugenia Vidal no vete este mamarracho. Esta presunción se asienta en el voto de los legisladores del PRO y en declaraciones de su ministro de derechos humanos, quien se ha mostrado de acuerdo en que dos y dos son cinco.
El PRO, lo sabemos, tiene miedo de ser acusado de reaccionario y amigo de la dictadura militar (“Macri, basura….. etc.). Entonces hay que mostrar un rostro “progre”. Piensan que eso no tiene ningún costo político pues nadie se entera, “a la gente no le interesa” y dejan tranquilos a los muchachos K. Y el PRO se muestra ante la clase media como un partido con rostro humano, con sensibilidad democrática, con vocación derechohumanista y anti dictadura militar. Una joya.
Es “el diálogo” que tanto pregonan. Se conversa y se acepta aquello que no suponga un gasto incluido en el presupuesto. Las ideas son intangibles, entonces qué importancia puede tener que se digan que son 30.000 desaparecidos aunque todos sabemos que fueron alrededor de 8.500. Con ese criterio, podríamos haber puesto otra cifra que dejaría aún más satisfechos a los “progres” bonaerenses: 50.000 o incluso 100.000.
Se equivoca el PRO si no veta este adefesio. Subestima el valor de las ideas, de los conceptos. No todo en la política es mera eficiencia en la gestión. No todo es tapar baches, hacer cloacas, terminar rutas y bajar la inflación.
Vidal discute a muerte con Baradel unos puntos de aumento en el sueldo docente pero no tiene problemas en aceptar la cifra de desaparecidos que le pongan delante. Ha de pensar que eso no tiene importancia porque no aumenta el gasto público. Mal criterio.