Messi se “maradoniza”

Entonces, quizá impulsado por ese reclamo de la popular, Messi se esfuerza por dejar de ser quien es y quien ha sido siempre para ser un poco más parecido a Maradona, cuyo elevado patriotismo queda demostrado cuando se enoja si silban el Himno Nacional o cuando lo expulsan de un Mundial por jugar pichicateado.

Por Gonzalo Neidal
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messi-maradonaHistóricamente muchos argentinos le han reprochado a Lionel Messi su falta de fervor combativo, ser un “pecho frío”. No importa que él haya sido siempre la figura destacada y excluyente de todos los equipos de la selección que ha integrado ni que haya contribuido de un modo decisivo a que el equipo haya llegado a tres finales que lamentablemente no pudimos ganar. Primero decían que Messi no sentía la camiseta. Que reservaba sus mejores esfuerzos para el Barcelona, porque ahí le pagaban bien y en la selección no. Que no se esforzaba demasiado en los partidos de selección porque temía lesionarse y por eso no poder rendir bien en el Barcelona, que era lo que verdaderamente le importaba. También decían que no cantaba el himno, lo que demostraba su falta de patriotismo y compromiso con la celeste y blanca.
Con el paso de los partidos muchos se fueron convenciendo de que nada quisiera más el propio Messi que ganar algún torneo importante con la selección. También fueron tomando nota de que sin Messi, la selección deambularía por la mitad de tabla de posiciones, tirando hacia abajo.
Además se lo cuestionaba por una presunta falta de personalidad. A ello contribuyó una grabación de Maradona y Pelé, donde el argentino le dice al ídolo brasileño que Messi no tiene aptitud de líder. Una delicadeza.
Con estos antecedentes, Messi sin duda debe haber padecido bastante y cada vez que entra a una cancha con la camiseta nacional se ha de sentir propenso a demostrar que él también es macho y que él ama los colores de la selección. Por eso, probablemente se sienta impulsado a mostrar una cuota de agresividad que es inusual en él: forcejea, discute con rivales y putea a los árbitros por fallos intrascendentes. Ha de pensar que de ese modo la tribuna (o los que le reprochan tibieza) se sentirán satisfechos y lo verán como un auténtico patriota, como un luchador dispuesto a pelear a fondo por su divisa.
Porque friccionar con los rivales, discutir con los árbitros (incluso insultarlos) y perpetrar alguna que otra picardía, como ofrecerle un bidón con somnífero a un rival en pleno partido o hacer un gol con la mano, no se miden con la vara del juego limpio si estos hechos se cometen a favor de la selección. Porque para ganar, todo vale. Incluso si se gana con alguna trampa, es probable que quien lo hace reciba una cuota reforzada de admiración por parte de la tribuna.
Entonces, quizá impulsado por ese reclamo de la popular, Messi se esfuerza por dejar de ser quien es y quien ha sido siempre para ser un poco más parecido a Maradona, cuyo elevado patriotismo queda demostrado cuando se enoja si silban el Himno Nacional o cuando lo expulsan de un Mundial por jugar pichicateado.
Los resultados están a la vista: cuatro fechas de suspensión y la posibilidad de que el equipo quede afuera del Mundial de Rusia. Está claro que por hacerse el macho con un árbitro, Messi ha actuado con una gran irresponsabilidad. Ahora solo falta que digamos que se trata de una nueva conspiración contra los argentinos, organizada por los envidiosos que no pueden ver que seamos tan brillantes.
Messi tendrá que convencerse que él es más útil y eficaz cuando hace de Messi y no cuando intenta ser pendenciero como Maradona.