Fenómeno biológico: para radicales, las algas son peronistas

El poeta lusitano António Nobre escribió más de cien años atrás que “las algas son los harapos del traje de las sirenas”. Lejos de aquel romanticismo, las del San Roque sugieren que también pueden ser los guiñapos del discurso político.

Por Pablo Esteban Dávila

El poeta lusitano António Nobre escribió más de cien años atrás que “las algas son los harapos del traje de las sirenas”. Lejos de aquel romanticismo, las del San Roque sugieren que también pueden ser los guiñapos del discurso político.
Esta no es una metáfora barata. Basta tomarse unos segundos y leer el comunicado del Comité Central de la UCR para advertir que cualquier cosa, aún la más inverosímil, puede politizarse: “Lamentamos y denunciamos el absoluto abandono de las condiciones biológicas del Lago San Roque por parte del gobierno de la Provincia” – sostiene el radicalismo. “Para Unión por Córdoba, parece no ser importante que el lago sea una de las fuentes de agua potable y el atractivo turístico más importante de la provincia. Para Unión por Córdoba, los centros turísticos solo deben tener casinos y salas de juego. Y hoteles fastuosos pagados por el estado.El cuidado de la salud y del medio ambiente no parecen ser una prioridad”.
El razonamiento es lineal. Las algas existen por culpa del gobierno provincial, que prefiere los casinos al saneamiento del lago. La conclusión es tremenda: la salud está detrás de los tragamonedas. Muchas cosas (y algunas muy graves) se han dicho del peronismo desde su aparición en 1945, pero nunca se lo había acusado de la proliferación de algas en una superficie lacustre. “Peronistas somos todos” –dijo alguna vez el General. Aparentemente las algas también lo son.
Esta creatividad tiene su explicación. La conducción radical ejerce, cotidianamente, un ejercicio de contrición en su relación con el gobierno de Juan Schiaretti. Aunque a sus integrantes les encantaría despotricar contra el oficialismo, la aceitada relación que mantiene el gobernador con Mauricio Macri les exige a moverse con cuidado. La debilidad parlamentaria de Cambiemos requiere, con cierta frecuencia, que el cordobés colabore con la Casa Rosada en temas sensibles, por lo que el presidente podría pedir moderación a sus socios locales ante una hipotética escalada de ataques. Una desautorización semejante podría ser letal para la coalición en la provincia.
La inédita acusación de las algas se inscribe, por consiguiente, en las acciones partisanas, oblicuas, que la UCR se encuentra obligada a ejecutar para mantener su condición de opositora. Nadie podría molestarse a morir por semejante imputación, mucho menos Schiaretti. El gobernador está con una agenda de obras públicas que le otorga un blindaje no desdeñable frente a la opinión pública. Las algas pueden ser verdes o azules, pero el mero hecho de invocarlas no alcanza para conmover la posición política del oficialismo.
Lo curioso del caso es que el radicalismo tampoco estaría totalmente limpio (la imagen no podría ser más exacta) respecto al affaire de las algas. Los especialistas sostienen que el problema se verifica recurrentemente desde 1949, por lo que es lícito suponer que los gobernadores de aquél origen deberían haberse ocupado del tema en sus respectivos mandatos. Claramente no lo hicieron, por lo que el Comité Central debería iniciar una investigación interna de porqué Arturo Zanichelli, Justo Páez Molina, Eduardo Angeloz o Ramón Bautista Mestre se abstuvieron de combatir a estos desagradables organismos eucariotas.
Tampoco debería soslayarse el testimonio del actual intendente de Carlos Paz, el radical disidente Esteban Avilés. En un largo reportaje concedido a Mario Pereyra en la mañana de ayer, Avilés sostuvo que la proliferación de las algas es propio de estas épocas y que el fenómeno se produce por la falta de redes cloacales que adolece la ciudad, que es la causa estructural que refuerzasu ciclo biológico. Pero dijo algo aún más interesante: que dicha carencia es culpa de su antecesor (el radical Carlos Felpetto), que le cobró a los vecinos por obras de cloacas que nunca se hicieron.
En la actualidad, Felpetto funge como legislador de Cambiemos en la Unicameral cordobesa. Siguiendo el razonamiento de Avilés, sería uno de los responsables primarios de esta crisis y, por consiguiente, potencial sujeto de anatema por parte de sus correligionarios. Tal cosa, de seguro, no ocurrirá, pero muestra hasta qué punto la ofensiva radical puede transformarse en un búmeran o en un hazmerreír. Las espadas de Unión por Córdoba deben estar restregándose las manos frente al panorama.
La oposición tiene la obligación de oponerse, y nadie debería molestarse por ejercer esta prerrogativa. Sin embargo, la especial situación de la UCR determina que los temas que elije para atacar no sean, en rigor, los más afortunados. Las algas son un claro ejemplo de esta limitación. Fruto de procesos biológicos hasta cierto punto inmanejables, ejercen su señorío sobre el lago desde hace ya muchas décadas. Ningún gobernante supo (o pudo) manejarlas hasta el presente, inclusive los pertenecientes al radicalismo. El señor Felpetto, intendente de Carlos Paz por varios períodos, hasta parecería haber fomentado su proliferación por no ejecutar tendidos cloacales que sus vecinos habrían pagado, esto si se atiene a los dichos del señor Avilés, que de peronista no tiene nada.
El galimatías, finalmente, se cierra con una tendencia que garantiza cualquier equívoco. Gracias a las redes sociales, internet y la prédica de cuanto catastrofista ande suelto, ya no hay fenómenos estrictamente naturales. Se trate de algas, tormentas severas, inundaciones o sequías, debe existir un responsable político que anteceda a la anomalía, como si las reglas de la naturaleza se encontrasen actualmente subordinadas a la desidia o corrupción de los gobernantes. Esta especie de certeza común determina a que la búsqueda de culpables, aún con los argumentos más risibles, sea una constante perturbadora. En otras épocas se hubiera tildado este comportamiento de risible o lunático pero, a tenor de lo que sucede, goza ahora de buena salud. Todo indica que el buen juicio se encuentra en un proceso de extinción. También en la política, en donde el recurso a las algas parece simbolizar, como hubiera dicho el poeta, los harapos del discurso.