Retroceso de los gobiernos Populistas: El caso Argentino

En este segundo artículo, nos enfrentamos con los déficits de la política económica implementada por los gobiernos Kichneristas.

Por Eduardo Dalmasso

Dentro del esquema propuesto, completamos la visión autocrítica precedente con el análisis que hace Aldo Ferrer, quien fuera Director de ENARSA durante el gobierno de Néstor Kirchner y Embajador en Francia desde el 2011 al 2013. Ferrer publicó para la revista Le Monde diplomatique, en marzo del 2016, El regreso del Neoliberalismo.
El ex funcionario comienza comparando el funcionamiento de la economía de mercado, según el modelo nacional y popular, por un lado y el neoliberal, por el otro. A uno lo caracteriza por el protagonismo del Estado, el impulso soberanista y el énfasis en la inclusión social; al segundo, por su confianza en las virtudes del mercado, la apertura incondicional al orden mundial y la prescindencia en la distribución del ingreso.
Destaca que la alternancia de modelos refleja la dificultad de Argentina para construir un modelo viable y hegemónico en el largo plazo. También acentúa que desde el punto de vista de los resultados, estos son ampliamente favorables al modelo popular.
Luego de explicitar el alto costo de las experiencias neoliberales en términos de endeudamiento y niveles de crisis, Ferrer expresa: “El fracaso de las experiencias nacionales y populares responde más a factores políticos que a la situación económica que puede estar en una encrucijada pero razonablemente controlada y con bajo endeudamiento externo”.
Definida la posición de Ferrer, es interesante cómo divide los períodos de la administración de los gobiernos populares de Argentina: Una primera etapa de recuperación, impulsando el consumo y la inversión, manteniendo los superávits gemelos como factor de credibilidad y estabilidad en las expectativas. Dentro de una situación de recuperación económica, donde la puja distributiva es prácticamente inexistente y su efecto fundamental constituye un rescate de la mano de obra dentro del empleo formal.
Una segunda etapa, en la cual la capacidad productiva se acerca al pleno empleo, al igual que la demanda de mano de obra. Aparece la puja entre salarios y ganancias, además de reaparecer el déficit en el comercio internacional de manufacturas de origen industrial. Compraventa concentrada en autopartes, productos electrónicos, bienes de capital y productos químicos. Ferrer señala también que el superávit en el comercio de hidrocarburos se convierte en deficitario por la mayor demanda y la declinación de la producción. Esta etapa precisa que las condiciones comienzan a ser diferentes y de mayor debilidad macroeconómica, por lo tanto las expectativas comienzan a cambiar.
El economista prosigue expresando que el gobierno enfrenta esta situación con un fuerte aumento del gasto público, ampliando las prestaciones sociales para sostener la demanda agregada y, a la vez, subsidiando a la energía y a los transportes. Al mismo tiempo que la gestión aprecia el peso para aliviar las presiones inflacionarias y apela a los controles de los importaciones para impedir el abuso de las posiciones dominantes.
Este modelo, desarrollado en países latinoamericanos, necesariamente precisó del apoyo de China a través de los Swap. Ya que, al no tener solucionado los diferendos con el Club de París primero y, aún solucionado éste, los existentes con los fondos buitres le privaba al país de acudir al financiamiento externo.
Lo que me interesa destacar son las consecuencias y las omisiones de las políticas basadas en el sostenimiento del consumo. Según el autor, que hemos tomado como referencia, sobresale:
“Alcanzaron para sostener el nivel de actividad, cumplir con los servicios de la deuda, evitar un mayor aumento de los precios, preservar el impulso soberanista y resistir la presión opositora al gobierno. Pero a fines del 2015, la política de apelar al déficit fiscal, su financiamiento vía el Banco Central, la apreciación cambiaria y los controles de precio, estaban agotadas y planteaba el riesgo, como efectivamente sucedió, de una alternancia al neoliberalismo”.
Y continúa: “En las dos etapas del Kichnerismo, pese al protagonismo del Estado, no se habían logrado avances significativos en la transformación de la estructura productiva y la resolución del déficit industrial y la consecuente restricción externa”.
Ferrer explicita con claridad que el paso de los superávits gemelos -fiscal y cuenta corriente- de la primera etapa a una situación de déficit en la segunda generaron expectativas negativas, que estimularon la fuga de capitales y la inflación. Adicionando que las tasas chinas se convirtieron en un crecimiento bajo o nulo y que el recurso a los controles cambiarios, como por ejemplo sobre los viajes al exterior, derivaron a cotizaciones informales que incrementaron la brecha entre el valor oficial y el de mercado de las divisas.
A partir de lo expuesto rescato algunas observaciones que me parecen van al corazón del problema:
“La acumulación de capital requiere, en primer lugar, la inversión productiva del ahorro interno. En la economía mundial el ahorro de los países financia más del 90 % de la acumulación de capital, y las inversiones extranjeras menos del 10 %. La movilización del ahorro interno es en consecuencia esencial”.
Otra: “La transformación estructural es indispensable para eliminar el déficit de las manufacturas de origen industrial, factor principal de la restricción externa”.
Ferrer plantea que esto requiere de un plan integral de carácter regional. Planificación con énfasis en las cadenas de valor y en el desarrollo de tecnologías, que permitan los niveles de competitividad necesarios y que las exportaciones industriales, en estas condiciones, permitiría el cierre de la brecha tecnológica del comercio exterior.
Para el economista, una política proyectada al largo plazo exige “una política fiscal y monetaria que apunte al equilibrio macroeconómico y el pleno empleo, un tipo de cambio competitivo, estable y diferenciado conforme a las circunstancias de cada sector y la toma de deuda externa sustentable”.
En este punto podemos resumir que, desde una profunda convicción por lo nacional y popular, los tres autores citados coinciden en que el desarrollo de un proyecto hegemónico, en favor de las clases populares, pasa por un proyecto de desarrollo equilibrado, sustentado en cambios estructurales y basados éstos en el ahorro interno fundamentalmente.
El tema está en que una política de estas características exige un liderazgo responsable y una definida vocación por las reglas del juego democrático. Para Ferrer, Argentina está en condiciones de desarrollar políticas responsables para elevar el nivel de inclusión y bienestar social. Pero su análisis revela que lo que él plantea como requisitos esenciales están muy alejados de las iniciativas concretas. Un problema político.