El consumo repuntará, pero depende de la pelea entre precios y salarios

El respiro que dé la inflación y la capacidad de los ingresos de recuperarse son cruciales para acompañar las decisiones de los argentinos de comprar y consumir.

consumoEl 2016 para Argentina tuvo un año difícil; el cambio en las políticas económicas no alcanzó para impulsar la actividad. Por el contrario, el sinceramiento de algunas variables complicó el desarrollo de actividades y el bolsillo de los consumidores. Este año, esperan los economistas, habrá un respiro y el nivel de consumo repuntará aunque la magnitud dependerá de la pulseada “entre precios y salarios”.
Según un informe de Ecolatina en base a un relevamiento de Kantar Worldpanel el consumo masivo exhibió en 2016 una contracción de cuatro por ciento debido a “la aceleración inflacionaria que no pudo ser acompañada por el salario”, y al “deterioro del mercado laboral (destrucción de empleo privado formal, reducción de horas extras y suspensiones)”.De hecho, los datos coincidentes de diferentes estudios muestran que en los últimos años los puestos que se crearon fueron en el sector público.
El análisis compara que mientras que los hogares de ingreso alto “no disminuyeron su consumo masivo en relación al nivel de 2015”, los sectores más vulnerables registraron un descenso “del orden del ocho por ciento anual” en el volumen de compras realizado, y “del cinco por ciento” en el caso de aquellos de ingreso medio.
La consultora evaluó que las expectativas sobre el consumo para este año son más alentadoras respecto del 2016 porque hay sectores cuyos ingresos están atados a la inflación pasada, como son las jubilaciones y las asignaciones familiares.
Así, en la medida en que los precios desaceleren su ritmo de crecimiento, dichos hogares exhibirán una mejora real en su haber. Dado que se trata de los sectores de menores ingresos, es probable que gran parte de estas ganancias se destinen al consumo, plantea el informe.
En ese marco, Ecolatina prevé que “tras la contracción observada el año pasado” en 2017 habrá “una recuperación del consumo”. “La magnitud de dicha mejora va a depender principalmente del resultado de la carrera entre precios y salarios. La desaceleración de la inflación está afectada por dos fuerzas contrapuestas: la fuerte suba de precios regulados y la apreciación cambiaria”, concluye.
A la hora de racionalizar el consumo en 2016, las familias priorizaron los bienes de mayor necesidad, y así fue como, de acuerdo a la información de CAME de locales minoristas, las ventas de alimentos y bebidas (-2,6% anual) o de farmacias (-3%) mostraron bajas más moderadas que otros productos de menor necesidad como, por ejemplo, los de bijouterie (-12,4% en el año), cosmética (-10%).
En bienes durables hubo comportamientos totalmente opuestos. Por un lado, las ventas de productos de electrodomésticos estuvieron entre las que más cayeron (-14% anual, según datos de comercios tradicionales de CAME) y, por el otro, el patentamiento de automóviles fue uno de los pocos rubros que mostraron un incremento durante 2016 (+10,2% en el año, de acuerdo a las estadísticas de ACARA).
Mientras que los hogares de ingreso alto no disminuyeron su consumo masivo en relación al nivel de 2015, los sectores más vulnerables registraron una contracción del orden del 8% anual en el volumen de compras realizado, y del 5% en el caso de aquellos de ingreso medio.
Por otro lado, las decisiones de consumo no fueron homogéneas en términos de los canales elegidos por los hogares: las ventas que releva CAME, que refieren a los comercios tradicionales, evidenciaron una caída más moderada (-6,6% anual) que, por ejemplo, los hipermercados (-14% en el año, según datos de Kantar Worldpanel).
A la vez, llamó la atención que los centros de ventas mayoristas exhibieron un significativo incremento (+9% en todo 2016), dando cuenta de la necesidad de los hogares de economizar su consumo a través de la búsqueda de menores precios en compras al por mayor.
Ante el retraso de la llegada de señales de recuperación en el “segundo semestre”, el gobierno incrementó a fines del año pasado los esfuerzos para apuntalar el consumo. En diciembre de 2016 el Ejecutivo aplicó un paquete de estímulo navideño (o bono de fin de año) dirigidos a gran parte de los trabajadores formales (públicos y privados), a jubilados, y a sectores de bajos ingresos (perceptores de la Asignación Universal por Hijo y por Embarazo, y cooperativistas).