El sueño imposible de controlar las redes sociales

La prohibición parece formar parte del espíritu y la filosofía del diputado Brugge, que anteriormente ya se mostró dispuesto a prohibir la aplicación de la empresa Uber.

Por Gonzalo Neidal
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Al diputado nacional Juan Fernando Brügge (UNA, Córdoba) le preocupan las redes sociales.

2017-01-03_bruggeEntiende que en ellas se puede insultar a las personas, hacer bullying a los jóvenes estudiantes y también “crear perfiles falsos, incitar actividades terroristas, producir publicidad engañosa o estimular la explotación o violencia sexual”. El diputado también está alarmado por el crecimiento y la difusión de estas nuevas formas de comunicación: nos informa que, por ejemplo, Facebook tiene en la Argentina 28 millones de usuarios. Y para evitar este peligro de insultos, agravios, acosos y otros males, propone la creación de la Defensoría Pública en Redes Sociales de contenidos digitales. Una suerte de Ombudsman para Twitter, Instagram y Facebook, que vele por la defensa de los derechos de los millones de usuarios.

Tarea ímproba la de Don Guzmán: estar sentadito en una silla, frente a una pantalla, las 24 horas del día, cuidando que a nadie se le ocurra siquiera decir pis o caca. Una suerte de tribunal que podrá resolver en pocas horas qué hace con una cuenta que ha generado un agravio, un acoso, un insulto, una acción de discriminación o cualquier otra cosa que haya ofendido a alguien y que pueda ser considerado fuera de la ley por esta nueva Defensoría Pública.

Se nos ocurre que tapar el sol con un harnero es un poco más fácil.

La prohibición parece formar parte del espíritu y la filosofía del diputado Brugge, que anteriormente ya se mostró dispuesto a prohibir la aplicación de la empresa Uber. Pero las RRSS no son tan fáciles de controlar. Su creación y vigencia han revolucionado el mundo de las comunicaciones en todo el planeta. Además de frases subidas, se intercambia información, se discuten ideas, se difunden notas, se dan a conocer noticias al instante, etcétera. Fueron las RRSS, por ejemplo, las que avisaron antes que los medios que Néstor Kirchner había partido, o que el fiscal Nisman estaba muerto en el baño de su departamento. Son las redes sociales las que han revolucionado la información en Cuba y otros países con severas restricciones. Son un poder colosal en manos de los ciudadanos de a pie y pretender controlarlas es empeñarse en un remedio que se anuncia peor que la presunta enfermedad.

 

Pero además de la dificultad de hacer lo que Brügge propone, también está la cuestión de la pertinencia. Si corresponde o no que el estado se meta en relaciones públicas y privadas entre particulares.

Quién esto escribe es usuario de RRSS desde hace muchos años. Y no pocas veces ha recibido cuestionamientos severos, mentas a la progenitora, agravios diversos e insultos desconsiderados. (Debo reconocer, en cambio, que los millones de señoritas usuarias de las RRSS se han abstenido respetuosa y empeñosamente de realizar propuestas deshonestas a este cronista). Pues bien, uno siempre tiene a mano modos de bloquear a quien agrede. La agresión, de todos modos, es una parte indisociable de toda relación humana, sea ésta virtual o presencial. Basta mirar los debates en la propia Cámara de Diputados.

La prohibición parece formar parte del espíritu y la filosofía del diputado Brugge, que anteriormente ya se mostró dispuesto a prohibir la aplicación de la empresa Uber. Pero las RRSS no son tan fáciles de controlar. Su creación y vigencia han revolucionado el mundo de las comunicaciones en todo el planeta. Además de frases subidas, se intercambia información, se discuten ideas, se difunden notas, se dan a conocer noticias al instante, etcétera. Fueron las RRSS, por ejemplo, las que avisaron antes que los medios que Néstor Kirchner había partido, o que el fiscal Nisman estaba muerto en el baño de su departamento. Son las redes sociales las que han revolucionado la información en Cuba y otros países con severas restricciones. Son un poder colosal en manos de los ciudadanos de a pie y pretender controlarlas es empeñarse en un remedio que se anuncia peor que la presunta enfermedad.

¿Cómo controlar semejante torrente? ¿Cómo intentar siquiera disciplinar ese caudal imparable de comunicación entre las personas? Es impensable poder hacerlo pero, además, es probable que esa censura que se propone sea aún más inconstitucional que los derechos que se intenta preservar.

Por estos dos motivos (improcedencia e imposibilidad) es que propuestas como las de Brügge sólo pueden encontrarse en países con regímenes totalitarios.

En los fundamentos del proyecto de Brügge, se encuentra este párrafo:

“Conforme la información que pudo recabarse para realizar este proyecto de ley, es importante hacer mención a que otros países de la región, existen Instituciones de la magnitud de la Defensoría Pública en Redes Sociales. Por ejemplo, en Alemania fue creado el Comisionado de Hamburgo para la Protección de Datos y Libertad de Información, organismo encargado de intervenir en casos puntuales de protección de los usuarios de las redes sociales, y además se encarga de analizar cada una de las actividades y actualizaciones que presentan las mismas de manera cotidiana”.

O sea, puesto a buscar ejemplos, Brügge parece haber encontrado sólo uno: en Hamburgo, al que toma como ejemplo de “países de la región”. Ignoramos dónde fue que Brügge habitaba al momento de redactar su proyecto. O, en todo caso, si sus conocimientos del derecho constitucional corren paralelos con los de geografía.