¿Hacia más ortodoxia o mayor relajamiento?

Otro modo de interpretar la partida de Prat Gay es que exista en Macri la convicción de que, en esta etapa, es preciso que la política maneje a la economía. Esto puede significar que la necesidad de afianzar la paz social sea valorada por encima de las objeciones técnicas que pudieran hacerse a las decisiones que se toman en la cima del poder político.

Por Gonzalo Neidal
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prat-gay-macriMacri decidió despedir a Alfonso Prat Gay, el economista más importante del gabinete y el que concentraba mayores responsabilidades en un área que deliberadamente tiene un diseño que asegura su fragmentación.
¿Significará algo esta partida desde el punto de vista de la política económica? Está por verse.
Por un lado, a Prat Gay se lo identificaba como el jefe del “ala keynesiana” del equipo económico, en pugna con los más ortodoxos que habitan el Banco Central tras Federico Sturzenegger. De tal modo, algunos interpretan que su caída significa el afianzamiento de la línea más neoliberal y, en consecuencia, la reafirmación de un pronóstico de ajustes y mayores avances de la ortodoxia.
Otras versiones atribuyen la partida del ministro a su baja disposición a “trabajar en equipo”. Este reclamo operativo generalmente encubre diferencias conceptuales o políticas que aparecen bajo la forma de una reticencia a ser neutralizado en organismos plurales o colegiados donde la opinión del ministro se diluye y sus propias ideas no son tenidas en cuenta en el diseño de aspectos sustanciales de la política económica.
La envergadura de Prat Gay, su sólida formación, su estatura profesional seguramente resultaban un obstáculo a la idea de Macri de evitar la concentración de poder en el ministerio de economía.
Sin embargo, otro modo de interpretar la partida de Prat Gay es que exista en Macri la convicción de que, en esta etapa, es preciso que la política maneje a la economía. Esto puede significar que la necesidad de afianzar la paz social sea valorada por encima de las objeciones técnicas que pudieran hacerse a las decisiones que se toman en la cima del poder político. Quienes reemplazan al ministro despedido no cuentan con la estatura suficiente como para objetar decisiones que provengan desde el área política. Prat Gay sí podía hacerlo.
Se trata, entonces, de dos líneas interpretativas distintas acerca de la expulsión de Prat Gay. Pero 2017 es un año electoral. Ello supone que no habrá demasiadas ortodoxias ni se hará hincapié en ajustes ni en prolijidades. Al revés: es posible que se afiancen las líneas que propugnan por flexibilizar en nombre de las necesidades políticas de la hora. Nuevamente la política estará por encima de la economía. El corto plazo, por encima del largo plazo. Y la blandura por sobre la firmeza.
Si esto es así, supondría la postergación si no la abdicación lisa y llana de correcciones imprescindibles para encarar las transformaciones necesarias para que, en algún momento, pueda corregirse el rumbo heredado.