Macri y el misterio de las encuestas

Está claro que Macri no aplica un plan económico conforme a sus convicciones confesadas. Es probable que piense que, si lo hiciera, habría riesgos de estallido social.

Por Gonzalo Neidal
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2016-12-15_cristina_stolbizer_massa_kicillof-macriNo es fácil de explicar que pese a que la situación económica no ha mejorado desde la asunción, Macri aún mantenga altos niveles de adhesión un año después de haber llegado al gobierno.

Es probable que Macri haya salvado a la Argentina de llegar a una situación como la de Venezuela. Pero al irse Cristina, Argentina todavía no era Venezuela. Se encaminaba a serlo pero la percepción popular no era esa. La inflación del 40% era tomada como una fatalidad con la que ya habíamos convivido. La recesión de cuatro años, como una situación de la que ya saldríamos. Los desfalcos, como algo común a todos los gobiernos.

Entusiasmado, el nuevo gobierno anunció cambios instantáneos, felicidades inminentes y venturas perentorias que todavía no han llegado. No hay tal torrente de inversiones ni tampoco se hizo presente la bonanza del segundo semestre, que ya termina.

Además, se le achaca a Macri no haber cumplido con la palabra empeñada durante la campaña electoral: eliminar el impuesto a las ganancias para los empleados.

Desde el lado de sus propios votantes, los reclamos son también copiosos, aunque de otra índole. Macri no cumplió con bajar el gasto público ni eliminar el déficit fiscal. El ajuste de tarifas fue hecho a medias y la inflación no fue disminuida de un modo sustancial.

Faltó ajuste, dicen. Macri se acobardó, sostienen. No tuvo las agallas suficientes.

En realidad, Macri extendió los planes sociales, los aumentó y creó otros nuevos. Además, negoció con un grupo de piqueteros para proveerles dinero durante tres años, hasta 2019. Piensa que de este modo (¿soborno?) los va a mantener quietos hasta el final de su mandato.

Está claro que Macri no aplica un plan económico conforme a sus convicciones confesadas. Es probable que piense que, si lo hiciera, habría riesgos de estallido social. Además, una vez en el poder, todo gobernante le toma el gusto a beneficiarse con la distribución de fondos públicos. Recibe el agradecimiento de la gente. Y su apoyo. Y especula con recibir también su voto. Macri sabe que tiene que ganar los comicios de 2017 si quiere aspirar a un nuevo período de gobierno. O, cuanto menos, a concluir el que está en curso.

Con tantas complicaciones, incumplimientos, insuficiencias, problemas y trastornos económicos, uno puede preguntarse entonces cómo es que Macri sostiene aún tanto apoyo según revelan diversas encuestas. Una de las explicaciones posibles apunta a los cambios habidos fuera de la economía. Su política internacional, la vigencia plena de libertades, su estilo de gobierno y todo aquello que nos va acercando a ser un país normal.

El otro factor que puede explicar una cierta inmunidad de Macri a la baja en las encuestas es que muchos de los disconformes con su gobierno, miran lo que hay enfrente de él, escucha a los que lo cuestionan y ven ahí el claro signo de un retorno a los valores, conductas y parámetros del gobierno anterior.

Miran a Massa y ven a Cristina. Escuchan que Máximo Kirchner defiende al hombre de Tigre. Ven a Axel Kicillof explicando lo fácil que es eliminar el impuesto a las ganancias para los trabajadores y recuerdan que él fue el ministro que defendía ese tributo hace pocos meses. Ven abrazados, contra Macri, a Massa, Donda, Recalde padre, Stolbizer, Kicillof, Bossio… y piensan que todo esto les resulta conocido.

Muchos explican hasta la afonía que no, que Massa no es lo mismo que Cristina. Pero uno mira y ahí están todos juntos. De nuevo. Otra vez.

Y es ahí que muchos de los que no están conformes con Macri, piensan que la disyuntiva de la política argentina de hoy es todavía Macri o Cristina. Que  por el momento, esas son las opciones.

Y es entonces que deciden renovar su apoyo al gobierno por un tiempo más.