UTA, conducida por salernistas pero sin Salerno

Los referentes nacionales del gremio de los choferes, Jorge Kiener y Luis Arcando, sufrieron levantiscas de delegados díscolos que denunciaban una gestión free lance de la sede local.

Por Yanina Pássero

enroque-transporteLa intervención de la UTA Córdoba asomó como la única salida posible para escapar del atolladero de las luchas internas entre sus dirigentes electos, delegados díscolos, ex sindicalistas y los choferes arrepentidos del voto que pusieron en las urnas en noviembre de 2014. Los representantes nacionales de los choferes de todo el país desplazaron al secretario general, Ricardo Salerno, primero; pero, aún inconformes con el escenario generado, removieron a toda la junta ejecutiva. Resolución drástica.
Las decisiones recaerían, con exclusividad, en el secretario del Interior de UTA Nacional, Jorge Kiener; y el responsable de la filial de Formosa, Luis Arcando. La bajada de línea de indudable aspereza impartida puertas adentro del sindicato, pero también en las puntas de línea donde se cocina la acción, parecía alcanzar para reinstaurar el orden.
Los usuarios del sistema de transporte concesionado por la Municipalidad no tardaron en comprobar que un grupo de delegados (que podían contarse con los dedos de una mano) bastaba para jaquear el servicio. En los tiempos de la intervención, como en los de Alfredo “Cuchillo” Peñaloza o del mecánico Salerno, también hubo claros desafíos a las autoridades sindicales.
La voz disidente sonaba desde la correntina Ersa. Representantes de base y choferes afirmaban que, desde el desguace de la conducción que se impuso a Peñaloza por 66 votos, la sede de UTA Córdoba se encontraba vacía. Reprochaban el comando “free lance” de la seccional. Sucede que Kiener y Arcando tienen otras responsabilidades dentro de la central de choferes que lidera Roberto Fernández.
El sentido común indica que la UTA Córdoba requiere dedicación full time porque forma parte de su cultura organizacional el irrespeto por la democracia interna. Y en esa línea, Kiener y Arcando no demoraron en quitar el voto de confianza que habían realizado con referentes de todas las empresas, asado de por medio en un restaurant del casco céntrico, horas después de la desvinculación de Salerno.
El nuevo pacto consistía en un trabajo cooperativo para resolver los inconvenientes de los afiliados. Fue traicionado días después con un paro para cubrir el despido de un chofer que embistió un camión de gaseosas en un rapto de ira.
Los promotores de la medida mostraban así su disconformidad por no estar incluidos en el nuevo grupo de dirigentes de UTA.
Es por eso que los interventores empezarán el 2017 rodeados de dirigentes de confianza.
Antes de que promediara el año en curso, donde la UTA Nacional no tuvo más remedio que tomar cartas en el asunto, designaron a los nuevos “colaboradores” de la filial de choferes de Córdoba.
Los dirigentes que ya cuentan con los avales de las máximas autoridades nacionales del sindicato tendrán la responsabilidad de encausar los problemas que justifican su función, pero también trabajar en pro del clima interno. En este punto hay mucho trabajo por hacer.
Aquí es donde surge el dato más interesante.Los interventores apostaron a un esquema mixto: darán espacio a nuevos dirigentes, pero repatriaron a los hombresque tuvieron la mala fortuna de Salerno. Es el caso de Julio Mongiano, quien había sido responsable de Finanzas; Carlos Luque, Ángel Fosfre y Daniel Miranda.
A los “antiguos” se suma una decena de nuevos colaboradores, la mayoría delegados con experiencia en la primera línea de solución de los conflictos(Edgar Varela, Luis Ruarte, Mauricio Petiti, Gustavo Gigena, Andrea Velázquez, Luciano Toledo, Alejandro Moyano, Héctor Bustos, Marcelo Guzmán, Pablo Bie).
El nuevo sistema de gobierno de la UTA Córdoba tendría un fundamento bastante previsible. Los interventores buscan zanjar los reproches por las ausencias en el gremio; también, conformar a cada facción interna con un referente en la mesa de decisión.