La gestión, un año después (se terminó la herencia)

El gobierno se pasó gran parte del año acomodando líos heredados y buscando consensos, lo que derivó en muchas iniciativas demoradas que recién se hacen realidad o aun están en tratativas. Cambiemos tiene expectativas de que mas allá de los números que arroja la economía hoy en día, que no son favorables, los flujos sean esperanzadores.

Por María Cayre *

mauricio-macriEl sábado 10 de diciembre se cumplió un año de la llegada de Mauricio Macri al sillón de Rivadavia, y con él llegó una nueva manera de entender la política y una nueva manera de hacer gestión pública. Empezamos por desmitificar el famoso “acá si no sos radical o peronista, no llegas nunca el poder” -como venía la mano, la palabra radical se estaba por caer de la frase en cualquier momento- y seguimos por una amplia cantidad de medidas positivas a favor de la institucionalidad, el diálogo, la libre expresión, restricción de superpoderes, apertura económica, regularización de la economía, blanqueo de estadísticas, etc. Sin embargo parece que los argentinos naturalizamos tan rápido el nuevo sendero de lo institucionalmente correcto, que ya no nos acordamos del espanto institucional que vivimos durante los últimos años del kirchnerismo.
La sociedad adapta rápidamente sus expectativas, y eso está bien. Te ponen una multa si pasás el semáforo en rojo pero nadie te felicita por pasarlo en verde, porque es lo que debés hacer. Cambiemos debe hacer aquello para lo cual la sociedad lo votó, arreglar el rumbo de la economía, de la institucionalidad, del país, y encaminarlo hacia la vía del desarrollo económico. Para eso hace falta gobernabilidad, y para la gobernabilidad hace falta ganar las elecciones de medio término, cosa que se piensa conseguir -según se dice desde el interior del gobierno- con la economía. Es la gran apuesta del gobierno, reactivar la economía y que los ciudadanos, felices de vislumbrar la senda de crecimiento luego de cuatro años de no crecer, sigan acompañando al Presidente una elección más.
Siendo la gran apuesta del gobierno la reactivación económica, ¿qué pasó que aún la Argentina no muestra signos de crecimiento? ¿Fueron suficientes o pertinentes las principales medidas económicas que se tomaron? ¿Demasiado gradualismo? Me gustaría separarlas en dos grupos: las medidas que fueron tomadas para acomodar la herencia desastrosa del Kirchnerismo y las medidas de propia visión del nuevo gobierno.
En el primer grupo encontramos a las que se tomaron para acomodar al sector externo, en diciembre del 2015: liberación del cepo, liberación de las retenciones al agro, eliminación de las restricciones a las importaciones, eliminación de los ROE (Registro de Operaciones de Exportación), implementación del SIMI (Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones).
Luego, hubo que acomodar los litigios judiciales heredados: acuerdo con los fondos buitres, condonaciones de deudas a las provincias y pago del 15% de coparticipación a las provincias. También hubo que encargarse del Banco Central e ir recomponiendo las escuetas reservas que quedaron. Fue indispensable encargarse del Indec y de reconstruir las estadísticas oficiales que arrojaron el doloroso 33% de pobreza, que derivó en determinar uno de los mayores aumentos en partidas presupuestarias para desarrollo social en 2017.
Aparece el tema de la deficitaria y costosísima matriz energética que nos dejaron (uno de los temas que más dejó qué desear de este nuevo oficialismo). Sumamos acá el tema del impuesto a la ganancia, que muy oportunamente, quienes no quisieron modificarlo en 12 años, impusieron la semana pasada a través de un proyecto costosísimo en la Cámara de Diputados. Y, como eje central que atraviesa a toda la economía, el denodado esfuerzo por controlar la inflación a costa de elevadas tasas y enfriamiento del consumo.
Dentro de las medidas que se podrían llamar “de propia visión”, podemos encontrar algunas destinadas a atraer capitales, fomentar el consumo y mejorar algún aspecto de la competitividad de las grandes empleadoras del país, las Pymes. El blanqueo de capitales (necesario para recomponer la gran fuga durante los años anteriores), devolución de IVA a un sector vulnerable de la población, ley de autopartes, reparación histórica a jubilados, pensión universal a jubilados, plan Belgrano y la ley Pyme, que permite reconocer una realidad de hecho de las empresas, que es el financiamiento mediante impuestos y el ahogo fiscal.
En resumen, el gobierno se pasó gran parte del año acomodando líos heredados y buscando consensos, lo que derivó en muchas iniciativas demoradas que recién se hacen realidad o aun están en tratativas. La controvertida Ley de Ganancias que ya mencionamos, la Ley de Emprendedores que cuenta recién con media sanción y, si todo sale bien, la veremos reglamentada quizá a medidos del año que viene, la reforma de las ART que se estaba por tratar en Diputados en sesiones extraordinarias pero que también quedara para el año que viene, multitud de obras públicas anunciadas y, si tenemos suerte, una reforma integral impositiva.
El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, declaró en su paso por Córdoba la semana pasada: “no tenemos miedo de que nos vaya mal en las elecciones porque sabemos que hicimos la tarea bien”. El gobierno tiene expectativas de que más allá de los números que arroja la economía hoy en día, que no son favorables, los flujos sean esperanzadores. Los reactivadores económicos, ya frenada la expectativa inflacionaria, se han puesto en marcha. Se apuesta a que el dinero otorgado a jubilados, los bonos de fin de año, las obras publicas abundantes (sobre todo el provincia de Buenos Aires), el aumento de asignaciones sociales, la mejora del campo, una incipiente reactivación de Brasil, el blanqueo de capitales, la baja de las tasas y un año electoral apuntalen el tan ansiado crecimiento. El consenso sobre la reactivación económica es casi unánime, la pregunta es si el impacto llegará a la economía real a tiempo para las elecciones.
Ya no es herencia, pasó un año y lo que ocurra de ahora en más es a cuenta propia del oficialismo. Hubo un año para acomodar, para tantear la gobernabilidad, para cometer errores no forzados (y algunos forzados). Ahora se empieza a querer ver los resultados de la nueva gestión; quienes capitanean el barco deberán mostrar estar a la altura de las circunstancias y el resto de la sociedad debe saber acompañar a quienes pusieron a gobernar.
*Lic. en Economía.
Asesora del ministerio de Producción de la Nación.
Docente de Finanzas Públicas de la UNC