Los dedos manchados

Que la ex presidenta tenga que pasar los dedos por un rodillo húmedo de tinta oscura tiene, sobre todo, un valor simbólico. Veremos si la Justicia está por encima de todo al momento de juzgar delitos.

Por Gonzalo Neidal
[email protected]

ilustra-cristina-y-los-dedos-de-la-justiciaQue la ex presidenta tenga que pasar los dedos por un rodillo húmedo de tinta oscura tiene, sobre todo, un valor simbólico. Veremos si la Justicia está por encima de todo al momento de juzgar delitos.
Quizá los dedos entintados de quien hasta ayer ejerció el poder con caprichosa y desprolija soberbia representen eso: que las instituciones de la república se instalan definitivamente como un factor decisivo en la construcción del país completo. Pero no habría que hacerse demasiadas ilusiones al respecto, por el momento. Veremos cómo sigue esta historia.
Nunca han sido tan abundantes las pruebas flagrantes de delitos perpetrados desde el poder. Tierras fiscales compradas por funcionarios encumbrados a precios viles y después revendidas a valores siderales para justificar ingresos, hoteles construidos con el manifiesto objetivo de blanquear dinero, con ocupación simulada a manos de contratistas del estado, importaciones descomunales de efedrina (materia prima para la fabricación de droga sintética) sin que llame la atención de las autoridades, decenas de gruesas señales de delitos que la justicia está evaluando.
Pero fueron necesarias algunas imágenes obscenas para que las acusaciones comenzaran a tomar cuerpo y los jueces decidieran a moverse un poco en estas causas, compelidos por los medios de comunicación y la opinión pública.
La imagen decisiva fue quizá la de José López arrojando bolsos con millones de dólares por encima de la tapia de un convento, a altas horas de la madrugada. Fue impactante y deja poco margen para la duda acerca del origen de los fondos que se intentaba albergar en tan sagrado lugar.
Antes habíamos tenido el vídeo que mostraba a varios y reconocibles integrantes de una financiera vinculada al gobierno anterior, contando con fruición miles de billetes de moneda extranjera desparramando la presunción delictual que supone el manejo de dinero en efectivo existiendo la posibilidad de la bancarización, que otorga seguridad y certezas.
La otra imagen que también se sumó fue la de una caja de seguridad embargada por la Justicia y perteneciente a la hija de la ex presidenta, con casi cinco millones de dólares en su interior.
Todo esto es mucho dinero pero existe la sospecha generalizada de que se trata de una parte ínfima de la que se ha despojado a las arcas del estado durante la llamada década ganada.
Hay decenas de cabos sueltos, todos sólidos, que está analizando la justicia y ya hay gente detenida por groseros e indebidos beneficios obtenidos a costa del estado.
Pero todo hace pensar que el desfalco ha sido descomunal. Completamente desproporcionado. Carente del mínimo pudor. Despiadado. Los funcionarios de la más alta jerarquía –aunque no sólo ellos- han embolsado hasta el hartazgo y han lucido, como diría la poeta, “de frutos y mieles, los labios morados”.
En algunos meses o pocos años como máximo, estaremos en condiciones de saber hacia dónde marcha el país. Sabremos la calidad de la Justicia que tenemos y a qué clase de nación podemos aspirar.
Por eso, pintarle los dedos a Cristina Kirchner puede ser una bisagra simbólica importante para nuestro futuro.
Sabremos si en la Argentina se puede gobernar sin controles y robar sin riesgo de castigo.