El protector

Las facilidades que las nuevas tecnologías ponen a disposición del cine no podían sino derivar en un filme como “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, el spin off de la saga de Harry Potter que se mantiene en cartel y que pone en la pantalla a una fauna desopilante.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-fantastic-beatsLas películas sobre animales conforman un apartado especial dentro del catálogo de películas que se han rodado desde los Lumiere hasta la actualidad. Sobre todo, han recurrido a estos personajes los filmes dirigidos al público infantil, particularmente sensible a este tipo de protagonistas. Y, de hecho, la mayoría de las historias clásicas del cine de animación giran en torno a representantes del reino animal, en un amplísimo abanico que no excluye a los insectos. Si pensamos que el primer personaje famoso surgido de la factoría Disney fue el ratón Mickey, podemos dimensionar cuánto se ha apelado a este tipo de caracteres.
Desde un principio, el artilugio favorito y a la vez imprescindible para los guionistas fue humanizar a estos bichos para que pudiese haber los diálogos y las interacciones que se requieren cuando se elabora un argumento para una producción fílmica. En las cintas de animación esto resultó fácil, pero no lo fue tanto en aquellas películas con seres de carne y hueso. Allí fue necesario adiestrar a perros o gatos (los favoritos en Hollywood) para que hagan lo que el guion les indicaba hacer en el momento en que debían hacerlo. Y eso despertó las primeras voces de alarma entre los proteccionistas.
Con el correr de los años, se hizo mucho más exigente la normativa con respecto a esos animales que eran introducidos en un set cinematográfico y sometidos a un trato poco amable, destinado a elaborar un producto en serie lo más rápido y menos oneroso posible. Al igual que sucedió con otros tipos de espectáculos, como por ejemplo el circo, sobre aquella mano de obra gratuita y obediente que proveía la naturaleza recayó también un marco legal que impidió a las empresas cinematográficas cualquier tipo de abuso. Esto obligó a que los productores hicieran volar la imaginación para pensar cómo lograr su objetivo sin herir a nadie.
En los últimos años, ha habido películas en las que se vieron animales en roles destacados, que utilizaron diversos trucos digitales para mostrarlos con un realismo extremo sin que se infligiese la legislación vigente. El tigre de Bengala en “La vida de Pi” y el oso en “El renacido” no ofrecen ninguna pista de su artificialidad al verlos en pantalla. Y ambos largometrajes resultaron multipremiados y elogiados por la crítica, sin que se escuchase ninguna denuncia por maltrato, ya que se recurrió a la batería de herramientas que proveen las nuevas tecnologías.
Son los mismos artilugios que han posibilitado la recreación de dinosaurios, dragones y monstruos en algunas cintas del género fantástico, en las que no cabía la opción de apelar a ningún ser vivo para representar a ese personaje. Y esas nuevas facilidades no podía sino derivar en un filme como “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, el spin off de la saga de Harry Potter que se mantiene en cartel y que pone en la pantalla a una fauna desopilante, que se gana al público por su simpatía y que, más allá del tamaño y el aspecto del ser en cuestión, inspira ternura antes que temor.
No es un dato menor que el protagonista de la historia sea un protector de estos animales, tarea que lo arrastrará hacia la aventura narrada en el largometraje. En la cruzada que emprenderá para defender a sus criaturas, suma a los espectadores como cómplices y los deslumbra con las travesuras de sus mascotas. Sin embargo, la corrección política de su mensaje y la fascinación que producen los efectos especiales no logran suplir la tensión narrativa que tenían aquellos episodios que giraron en torno a la vida estudiantil de Harry Potter. Pero eso, por supuesto, es harina de otro costal.