El paraíso perdido

A mediados de 2017, un parque Disney de Florida habilitará un sector denominado ‘Pandora – The World of Avatar’, en el que se reproducirá el paisaje y los atractivos del fantástico planeta en el que transcurre la superproducción de James Cameron, cuya primera parte se estrenó hace siete años.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-avatar-y-el-time-squareDurante la denominada Fiesta del Cine, que se realizó el domingo 13 de noviembre, muchas salas de todo el país cotizaron su entrada a $35 y esto provocó que se incrementara notablemente el flujo natural de espectadores que asisten a las funciones. Sin embargo, este dato que fue citado como una noticia positiva, esconde una cruel realidad: solo reduciendo el costo de los tickets consigue hoy la industria cinematográfica recuperar los niveles de convocatoria que supo tener en otros tiempos. Y eso sin contar las promociones de 2×1 que suelen utilizar de manera permanente muchos complejos de cines como gancho para atraer al público.
Así como a comienzos de los ochenta el cuco de las salas de proyección eran los videos en VHS, hoy son las plataformas de streaming las que captan la atención de la gente, mediante series que cuentan con un despliegue hollywoodense y que generan adicción a través de sus sucesivas temporadas. A la inercia natural que lleva a muchos a preferir quedarse en la casa antes que salir, se le suma este nuevo atractivo hogareño, lo que redunda en una necesidad de reforzar la promoción del consumo de las películas en su formato tradicional de la pantalla grande.
Alguna vez fue el 3D el gancho, sostenido en los avances tecnológicos actuales que le imprimen a ese viejo truco un impacto mucho más efectivo. Pero como con eso no fue suficiente y la desesperación cunde, las miradas se vuelven hacia tanques de taquilla que puedan enderezar el rumbo y sacar a este gigante del pozo donde se está hundiendo. Es en esa situación que los productores afinan la punta del lápiz y le clavan el visto a aquellas sagas que funcionaron, funcionan y todo indica que seguirán funcionando bien, para aplicarles un proceso de resucitación inmediato.
En ese ejercicio, se toparon con “Avatar”, aquella superproducción de James Cameron que en 2009 pateó el tablero y planteó una nueva manera de hacer cine, echando mano a todo lo que podía sumar incentivos para los espectadores, como atacar los sentidos mediante estímulos visuales y sonoros que no daban tregua al público. La novedad, por estos días, es que la segunda parte de la historia sería estrenada en 2018 y que se preparan varias secuelas que estarían en pantalla en la próxima década. A casi diez años de su primera y deslumbrante incursión, “Avatar” vendría ahora al rescate de un negocio que empieza a hacer agua.
Pero, antes de que se vea el tráiler de la segunda parte, otro acontecimiento vinculado a esta fantasía sacudirá la modorra de los fans. Porque a mediados de 2017, un parque Disney de Florida habilitará un sector denominado ‘Pandora – The World of Avatar’, en el que se reproducirá el paisaje y los atractivos del paradisiaco planeta en el que transcurre el filme. Por supuesto, no faltará, el vuelo sobre el lomo de una de esas aves fantásticas que las criaturas Na’vi utilizan para surcar los aires, tal como lo muestra James Cameron en su obra maestra del cine fantástico.
En su intento por llenar butacas, no sabemos todavía a cuántas estrategias más recurrirá la fábrica de sueños ni que otras sorpresas nos ofrecerá para apartar nuestra vista de Netflix. De todas maneras, no estaría para nada mal treparse a un simulador que nos haga sentir que estamos montados sobre un pájaro gigante, dispuestos a atravesar las nubes y las cortinas de agua de las cataratas, para salvar a ese paraíso perdido de las garras de la explotación minera. Para simples mortales atrapados en las garras de la rutina, una propuesta así tal vez podría resultar más interesante que pasarse el fin de semana encerrado viendo una temporada completa de una serie.