Quién vota a quién

Para conseguir que los jóvenes prefieran como presidenta a Marine Le Pen, el Frente Nacional de Francia ha apelado a la resignficación de un graffiti del artista callejero Banksy, en el que se ve a un revolucionario que en vez de una bomba molotov, está por arrojar un ramo de flores.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-marine-le-penEn las recientes elecciones presidenciales estadounidenses, gran parte de los representantes de la industria de la cultura respaldaron la candidatura de la demócrata Hillary Clinton, lo que no representó un obstáculo insalvable para su contrincante, Donald Trump, quien se alzó con la victoria desde el partido Republicano. Los crudos datos de la realidad señalan que el apoyo masivo de las celebridades del espectáculo no fue suficiente para frenar al millonario. Pero sugieren, además, que no pocos dentro del show bizz votaron por Trump. Y que muchas de las personas que admiran a las figuras que expresaron sus simpatías por Clinton, terminaron prefiriendo a su rival.
Esto delata un nuevo escenario para la política en el país del Norte, que ya se había verificado en la Argentina el año pasado. La mística de la militancia partidaria, que se heredaba a través de generaciones y que se defendía a capa y espada, ha dejado paso a preferencias mucho más fluctuantes, que responden a estímulos que no necesariamente tiene que ver con lo ideológico. Según como les va en los comicios, este fenómeno es considerado positivo por unos y negativo por otros, pero de lo que no caben dudas es que se ha extendido y que genera sorpresas electorales por doquier.
De la misma manera, empiezan a caer verdades de perogrullo que funcionaron durante décadas como esquemas de análisis, pero que a la luz de las noticias más recientes parecen empezar a perder vigencia. Una de ellas es la que afirma que los jóvenes, por lo general, votan a las izquierdas, mientras que los adultos mayores prefieren a las derechas. Por una parte, el envejecimiento poblacional de occidente conspira contra la importancia relativa del voto juvenil. Pero, además, se evidencia que la franja de electores que va hasta los 30 años ya no es coto exclusivo de las propuestas progresistas.
Estas variaciones en la conducta de los votantes comienzan a hacerse patentes en Francia, donde más allá de los acuerdos políticos que le han impedido llegar al poder, en los comicios de los últimos años la primera minoría le ha correspondido al Frente Nacional, una agrupación de ultraderecha fundada hace más de 40 años por Jean-Marie Le Pen. Desde aquellos inicios sostenidos por consignas xenófobas y antisemitas, el partido fue suavizando su mensaje a medida que se convertía en una opción de poder, como suele ser habitual en este tipo de casos.
El próximo 23 de abril se realizará en Francia la primera vuelta electoral, en la que por el Frente Nacional competirá nuevamente como candidata presidencial Marine Le Pen, hija del viejo líder. Con serias aspiraciones de triunfo, Marine intenta disimular los derrapes filonazis de su padre e instalar en la sociedad una imagen remozada de su partido, que le permita llegar a sectores sociales que siempre le fueron remisos, además de los votantes más chauvinistas que siempre lo apoyaron. Con ese objetivo, se inició un proceso de cambios estéticos que incluyeron el diseño de otro símbolo partidario: ahora la rosa azul es el flamante logotipo.
Este detalle dio pie a otro recurso que ha sido, hasta ahora, el más polémico: el Frente Nacional resignfica un graffiti del artista callejero Banksy, en el que se ve a un revolucionario que en vez de una bomba molotov, está por arrojar un ramo de flores. Los asesores de Le Pen reprodujeron esa obra, pero colocaron rosas azules en el ramo. Más allá de los reparos que pueda poner el propio Banksy, cuyo ideario para nada coincide con el del Frente Nacional, esta apropiación de un graffiti famoso indica hasta dónde puede atreverse a llegar el partido en procura del voto juvenil.