Un bumerán de sonido

Famoso por sus legendarios riffs de guitarra, el ahora septuagenario Jimmy Page ha sido denunciado por su vecino Robbie Williams, quien lo acusa de hostigarlo, en represalia por los ruidos molestos que provocan los trabajos de remodelación de la mansión que acaba de comprar el cantante.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-robbie-williams-y-jmmy-pageCuando el rock ingresó en los hogares del mundo y encandiló a los más jóvenes de las familias, los adultos entraron en pánico y reaccionaron descargando su furia contra el nuevo género. Lo fundamental de sus críticas radicaba en quitarles a esos intérpretes cualquier valoración artística, para reducirlos a meros protestones sobrevaluados. Al compararlos con estilos como el jazz, el tango, el folklore o la música clásica, pasaban factura a sus supuestas disonancias vocales y a lo elementales que parecían las estructuras de sus canciones. Todos estos defectos técnicos eran resumidos en palabras como “basura” o “ruido”, utilizadas por los mayores para referirse a la sonoridad rockera.
Lo ruidoso del rocanrol se centraba en el volumen elevado con el que debían escucharse estas composiciones, en las que predominaban la guitarra eléctrica, el bajo y la batería. Además, las voces cantantes no temían desgañitarse en sus inflexiones, que tomaban influencias del blues y forzaban al máximo las gargantas con tal de conmover a la audiencia. Comparados con los estándares de jazz al estilo de Frank Sinatra, los aullidos destemplados de estrellas como Little Richard o James Brown eran percibidos como demoniacos por las personas que habían pasado su vida escuchando piezas mucho más melodiosas.
Frente a una recepción tan agresiva por parte de sus padres, los chicos se hicieron fuertes en sus preferencias y terminaron adoptando como propias las descalificaciones del rock, pero en un sentido irónico. Esto se aprecia en títulos de canciones, como “Twist y gritos”, y en expresiones que se pusieron de moda en esos años, como “estar en el ruido”, que se traducía como “estar a la moda”, sobre todo en referencia a los gustos musicales. La connotación negativa de la palabra “ruido” era revertida hasta transformarla en un símbolo identitario: algo ruidoso pasaba a ser algo deseable.
Este elogio del ruido se exacerbó con el ingreso al circuito de las primeras bandas de hard rock, en la segunda mitad de los años sesenta. La distorsión de las guitarras y el estruendo de los riffs. a un volumen brutal, descartó cualquier intento del oído adulto por amoldarse a los nuevos tiempos. Si hubo un género que dividió las aguas de una vez y para siempre, ese fue el de lo que lo que luego iba a llamarse rock pesado, que era una derivación del blues rock británico que se había desarrollado hasta adquirir vuelo propio.
Entre otras formaciones, una de las que militó en estas lides y que llevó a un punto de no retorno al estilo fue Led Zeppelin, un cuarteto británico que está considerado entre los más influyentes de la historia. Los golpes que el baterista John Bonham descargaba sobre su instrumento, las acrobacias vocales de Rober Plant y las escalas en bajo o teclado de John Paul Jones eran una fuente inagotable de ruidos. Pero lo que caracterizaba al grupo era la digitación de Jimmy Page en su guitarra, tanto en los solos como en esa rítmica desenfrenada que le imprinía a sus composiciones.
Por eso, llama la atención que el ahora septuagenario Jimmy Page haya sido denunciado por su vecino Robbie Williams, quien lo acusa de hostigarlo, en represalia por los ruidos molestos que provocan los trabajos de remodelación de la mansión que acaba de comprar el cantante. El transcurrir del tiempo puede, muchas veces, someternos a un efecto bumerán: a la vejez, el guitarrista de Led Zeppelin parece haber sufrido una merma en el límite de su paciencia y se comporta de la misma manera que lo hacían las personas mayores hace 45 años, cuando un joven posaba la púa de su tocadiscos sobre el tema “Black Dog”.