Críticas y alternativas en la economía

Lavagna sabe que una vez desatada, la inflación es difícil de parar. Muy difícil. Porque se alimenta a sí misma.

Por Gonzalo Neidal
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2016-11-21_lavagna_massaLos comentarios de Roberto Lavagna sobre la política económica en curso, que ya comentáramos aquí, originaron un interesante y revelador intercambio.
Lavagna tiene un elevado concepto de su rol en la economía argentina. Es probable que él se sienta como una suerte de salvador de la patria por haber ocupado el ministerio entre 2002 y 2005, momento en que fue despedido por Néstor Kirchner. Duhalde estima que su continuidad en el ministerio fue uno de los elementos que robusteció las posibilidades de Néstor Kirchner para acceder a la presidencia. Un mérito más bien módico.
La importancia de su opinión proviene de su alineamiento político: se trata de la primera espada económica de Sergio Massa, una franja de peronismo no kirchnerista. Es la voz cantante del peronismo que procura ser razonable y evitar el populismo. Por supuesto, en el análisis que pueda hacerse de sus declaraciones, hay que dejar de lado que su jefe político, Sergio Massa, tomó distancia del proyecto kirchnerista allá por 2013, es decir, en un tiempo ya avanzado del despliegue de la política económica K.
Cuestiona Lavagna “el modelo elegido” por el actual gobierno. Esto de “elegir” un modelo suena un tanto raro. Podría decirse, por ejemplo, que él “eligió” un modelo con un Remes Lenicovdevaluador, que llevó el tipo de cambio a un equivalente de 26 pesos actuales por cada dólar aunque otros cálculos dicen que el valor del dólar Remes ascendería hoy a 31 pesos.
Macri, en cambio, tuvo mala puntería: “eligió” recibir el país con un dólar a $9.50. Y Prat Gay tuvo que disfrazarse de Remes Lenicov y devaluar él mismo porque el gobierno anterior dejó atrasar el tipo de cambio en forma criminal. Y así llegamos a los 15 pesos.
Lavagna no ignora que esto significó echar un balde de nafta a la inflación, que ya venía complicada. El ex ministro de Kirchner debe recordar que durante los años sesenta, setenta y ochenta los economistas en la Argentina no discutían de ningún otro tema que no fuera la inflación. Combatirla consumía todos nuestros esfuerzos. Se escribían libros y libros sobre este problema. Se fundaban escuelas: los estructuralistas y los monetaristas. Pasaron desde Alsogaray yKriegerVasena hasta Juan Vital Sourrouille. Y no encontramos la solución. Los éxitos eran parciales. Luego, más tarde o más temprano, llegaba el colapso y de nuevo a empezar. El éxito mayor que se logró, el que duró más tiempo, fue durante los años de Cavallo, con la Convertibilidad. Era un mecanismo forzado, con un dólar atornillado por ley. Y tras una década, estalló.
Lavagna sabe que una vez desatada, la inflación es difícil de parar. Muy difícil. Porque se alimenta a sí misma. Los trabajadores reclaman aumentos de salarios, y eso se vuelca a los precios. El tipo de cambio queda retrasado por la inflación y, al actualizarlo, nuevamente incide sobre el nivel de precios. Y así.
El gobierno no “elige” un tipo de cambio subvaluado. Le está impuesto por la situación. Tampoco “elige” tasas elevadas de interés. Sucede que, si las baja, los precios pueden soltarse nuevamente. Es la maldición de la inflación. Cualquier política que busque combatirla con energía, supone una caída en el nivel de actividad y eso genera malestar social. La espada y la pared.
El gobierno no está obrando conforme a las expectativas que se tenía de él. Se presumía un despliegue “neoliberal” que no está ocurriendo. Las tarifas se ajustaron en un año. Era inevitable que ocurriera. El gasto público social, ha aumentado y se ha extendido. También subieron las jubilaciones. El daño mayor no está originado por las medidas del gobierno sino por aquello que todavía el gobierno no ha podido corregir con eficiencia. Principalmente, la inflación.
Pero razonemos sobre las críticas de Lavagna. Una, el dólar atrasado. Los industriales piensan igual. El dólar a 15 pesos les resulta insuficiente. Lo dijo con claridad Cristiano Ratazzi. Él prefiere un valor cercano a los 20 pesos. ¿Qué propone Lavagna? ¿Devaluar? ¿Llamarlo a Remes Lenicov? En ese caso, ¿cuál sería el impacto sobre la inflación y sobre la situación social?
Con el endeudamiento sucede algo similar. Al no poder realizar un ajuste fiscal importante, por razones de estabilidad social, le quedaban dos caminos: la emisión monetaria o el endeudamiento. La emisión hubiera significado un estímulo mayor a la inflación. De tal modo, el gobierno no tenía opción.
La política económica de Macri recibe críticas desde los dos flancos. Los liberales más ortodoxos le cuestionan la debilidad del ajuste implementado. Piden una mayor reducción del gasto público y del déficit fiscal. Del otro lado, el peronismo le pide mayor gasto, devaluación y menor endeudamiento. Unos y otros no tienen en cuenta los problemas sociales que derivarían de sus propuestas.
Y en medio de ellos está el gobierno, administrando una calamidad heredada, tratando de torcer el rumbo sin demasiadas consecuencias para la economía y los que más padecen. Y no siempre logra resultados inmediatos y palpables.