La mística es lo último que se pierde

A 45 años de los primeros Festivales BA Rock, quien fuera su organizador, Daniel Ripoll, anunció la realización de una quinta edición del encuentro, en 2017. Habrá que ver cómo se adaptará un evento de espíritu hippie a esta actualidad en la que las citas rockeras funcionan como parques temáticos.

Por J.C. Maraddón
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2016-11-17_vip_hippiesLa película “Rock hasta que se ponga el sol” fue programada hasta el hartazgo en los cineclubes de la ciudad de Córdoba en los años finales de la dictadura. La censura se relajaba, los controles se aflojaban y mucho de lo que había sido prohibido empezaba a circular otra vez, como forma de intentar que se parase la bronca. De todas formas, el retorno a la democracia se volvía irreversible, y a medida que los diques de contención mostraban fisuras, se hacía más difícil mantener el silencio que, según se decía, era salud. Las películas, los libros, las canciones, reaparecieron desde sus escondites. Y la hibernación iba a acabarse con la llegada de una primavera cultural.
El rock nacional fue la banda de sonido de esos años, después de que la Guerra de Malvinas motivara la obligación de difundir música argentina en los medios. Las nuevas camadas juveniles se identificaron con ese estilo y lo sacaron del circuito subterráneo para transformarlo en un fenómeno masivo. Cuando esto sucedió, fue natural que se empezaran a rastrear las raíces de ese género y que se señalase quiénes habían sido sus pioneros y fundadores, además de buscarse los (escasos) testimonios que quedaron de aquellos lejanos tiempos.
Fue en esa circunstancia que el filme dirigido por Aníbal Uset adquirió un valor superlativo, porque permitía ver en acción a referentes como Charly García, Pappo, León Gieco o Luis Alberto Spinetta, cuando su carrera estaba en pañales. El registro correspondía a lo sucedido en 1972 en el transcurso de la tercera edición del Festival BA Rock, que en su momento representaba la máxima reunión de intérpretes rockeros en el país. Y, mirado desde los ochenta, permitía vislumbrar cómo habían sido los comienzos de una historia en la que los mismos protagonistas iban a sumar miles de voluntades detrás de sus canciones.
Entre los ídolos musicales que aparecían en “Rock hasta que se ponga el sol”, se colaban las palabras de Daniel Ripoll, el director de la revista “Pelo” que, además, oficiaba de organizador del BA Rock. Como todo movimiento artístico, el rock argentino había requerido de cronistas que dieran a conocer sus hazañas. Y esa publicación había cumplido ese rol en los setenta y continuó haciéndolo diez años después, aunque ya con la presencia de serios competidores. En su carácter de responsable de “Pelo”, Ripoll tenía cómo convocar a la gente a su festival. Y los músicos le respondieron.
A 45 años de esos eventos, y tras una reedición en 1982 que aprovechó el boom del género, el mismo Daniel Ripoll acaba de hacer público un nuevo emprendimiento. Para diciembre, el periodista y productor de espectáculos anuncia la realización de una conferencia de prensa donde brindará detalles acerca del quinto BA Rock, edición 2017, que intentará recuperar la mística de sus antecesores, aunque -además de a los veteranos- les brindará un espacio importante a los nuevos exponentes de esa corriente rockera que alguna vez fue minoritaria y que hoy mueve fortunas alrededor de un negocio que lleva por lo menos 30 años multiplicándose.
La incógnita que deja este anticipo es cómo se adaptará un evento de espíritu romántico y hippie a esta actualidad en la que los festivales de rock funcionan como parques temáticos donde la música es el atractivo más importante, pero no el único. Y aunque las entradas, según Ripoll, tendrán precios populares, el nuevo BA Rock competirá en un mercado donde ya están instaladas marcas como el Cosquín Rock o el Lollapalooza. Quizás, profundizando la irrenunciable esencia vintage de su criatura, Ripoll consiga reposicionar un nombre que forma parte de la historia que escribimos entre todos.