Scioli y su aporte a la ciencia económica

Cierto es que los acontecimientos desfavorables o infortunados de nuestra vida privada desvían nuestra atención y nos hacen desatender aún las demandas más elementales de la naturaleza.

Por Gonzalo Neidal
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2016-11-15_scioliEn estos días, el ex gobernador de Buenos Aires y casi presidente de la Nación, Daniel Scioli ha hecho conocer algunas conclusiones acerca del vínculo existente entre la marcha de la economía y la venta de preservativos. Scioli no dio demasiados datos sobre este tema tan decisivo pero deducimos que se limitó a exponer, con la parquedad que le es habitual, las conclusiones de profundos estudios realizados por grupos interdisciplinarios que lo asesoran tanto en materia económica como en preservativos.
Scioli dijo que, debido a la situación de la economía, la gente está desmotivada y, por esa razón, no muestra interés en atender los convites de Eros y que ese es el motivo de la caída en la venta de preservativos.
O sea, leemos que sube el PBI y nos ponemos románticos.
En cambio, nos enteramos de que subieron los tomates y cancelamos la cita con nuestra novia.
La teoría de Scioli puede ser revolucionaria. Hasta ahora y desde Malthus en adelante, siempre hubo gran preocupación entre los economistas por el aumento de la población mundial y la falta de recursos suficientes para sostenerla. Y la preocupación de los expertos se centró en los pobres, cuya tasa de reproducción es más alta que la de los sectores más acomodados. De tal modo que entre el deseo sexual y la situación económica las evidencias no parecen corroborar que exista una relación como la que Scioli imagina. Más bien todo lo contrario.
A favor de la teoría de Scioli puede citarse las épocas de gran optimismo histórico, como por ejemplo el final de la Segunda Guerra Mundial, el famoso baby boom. La alegría por el fin de la contienda hizo que la gente tuviera ganas de abrazarse sin pasar por la farmacia. Pero tampoco en este caso el nivel del deseo parece vinculado al consumo de preservativos.
Cierto es que los acontecimientos desfavorables o infortunados de nuestra vida privada desvían nuestra atención y nos hacen desatender aún las demandas más elementales de la naturaleza. Imaginamos, por ejemplo, que la derrota electoral de hace un año quizá haya provocado en Scioli ese desgano que él describe. Es muy razonable que eso le haya ocurrido y deseamos con sinceridad que pueda reponerse en el curso de los próximos años.
Ahora que lo decimos, se nos ocurre pensar que quizá ese desaliento se haya extendido a muchos de sus votantes y es probable que sea esa situación la que explique la caída en las ventas de preservativos, que tanto preocupa a Scioli.
Cedemos esta idea como una contribución a los asesores de Scioli para que, imbuidos de la imparcialidad propia de los científicos, puedan acercarle al ex vicepresidente una explicación que logre aclararle el tema que lo desvela.