Lavagna dice que él sabe cómo hacerlo

Reapareció Roberto Lavagna. Y lo hizo con críticas a la política económica del gobierno.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2016-11-14_lavagnaReapareció Roberto Lavagna. Y lo hizo con críticas a la política económica del gobierno. Dijo que no coincide con “el modelo elegido por Alfonso Prat Gay”, cuestionó el creciente endeudamiento, criticó el retraso cambiario y dijo que esta política económica le hace acordar a la de los años noventa y a la de los años de la dictadura militar.
Lavagna siempre habla desde la cúspide del Olimpo. Siente que tiene allí reservado un lugar que corresponde a los economistas salvadores de la patria. Ha de sentir también que su palabra amerita ser escuchada en silencio, con devoción e interés pues ha sido él quien ha sacó al país del infierno del 2001. Al menos esa es la visión que él parece tener de su ubicación en la historia reciente.
Claro que encontró un escenario completamente distinto. Primero, hubo un estallido. Y ese hecho concede un crédito formidable a quien llega. En una situación tal, los reclamos menguan pues la crisis se presenta con crudeza y todos se muestran dispuestos a la espera. Pero además Lavagna asumió con todo el trabajo “sucio” ya realizado por su antecesor: Jorge Remes Lenicov. Fue él quien devaluó un 200%. Pero hubo más: ya el precio de nuestras exportaciones comenzaba a repuntar y la deuda externa, que era elevada, no se pagaba. Lavagna se muestra orgulloso del arreglo que se hizo con la deuda. El “arreglo” consistió en fijar una línea y no pagarle a nadie por encima de ella. Claro que quedaron algunos cabos sueltos como los holdouts, problema que debió enfrentar Macri.
Prat Gay no “elige” un modelo. Hace lo que puede en relación con la situación heredada, con el nivel del gasto público recibido y con una economía en receso desde hace ya varios años.
A Lavagna no le gustan las altas tasas de interés. A Prat Gay tampoco. Pero tiene que aceptarlas aun a regañadientes para enfrentar la inflación. Igual sucede con el dólar. Este gobierno ya lo llevó de 9,50 a 15 pesos, consciente de que arrojaba un balde de nafta a la inflación. Lavagna dice que está retrasado. Es probable que así sea. La pregunta es qué se hace con esto, en este momento. Ya no está Remes Lenicov para que nos auxilie. Lavagna tuvo un dólar que, a precio de hoy equivaldría a unos 26 pesos. Eso daba margen para imponer retenciones, proteger el mercado local y estimular fuertemente las exportaciones. Hoy es imposible imponer un salto brusco en el tipo de cambio pues volvería a alimentar la inflación y afectaría aún más el nivel de actividad.
Por otra parte, con el alto nivel de gasto heredado y con el elevado déficit fiscal recibido del gobierno anterior, el gobierno no tuvo otra posibilidad que recurrir al endeudamiento como modo de no emitir y, de ese modo, intentar una reducción en la inflación.
No. La situación no es sencilla. Para nada. Lavagna lo sabe. Y sabe también que no hay soluciones mágicas ni medidas económicas que puedan marcar un camino claro hacia la recuperación. Pero es muy confortable y placentero hablar desde la tribuna, desplegando antiguos y dudosos pergaminos y arrimando un leño al fuego.